Análisis
Las redes sociales alimentan el "voto antisistema" de los jóvenes en Aragón: "Todavía existe una brecha de género"
Las elecciones del 8F no han escapado a las nuevas y ya consolidadas dinámicas comunicativas, en un espectro que, por formas y capacidad, están aprovechando los movimientos ultras en el mundo

Una joven deposita su voto en un colegio electoral de Zaragoza, el pasado 8F. / Josema Molina

Las encuestas preelectorales marcaron una campaña que, una semana después de que los aragoneses y aragonesas llenasen las urnas con sus preferencias, parecen haberse confirmado. Unas tendencias que deberán ratificarse con los sondeos poselectorales pero que permiten dibujar una idea sobre los diferentes nichos que han optado por una u otra opción política. Máxime tras una campaña electoral, la del 8F, que ha reconfirmado las dinámicas que vienen registrándose desde hace más de una década y que cada vez cobran más fuerza entre los más jóvenes. No se trata en ningún caso, como insisten los sociólogos y politólogos, de un grupo homogéneo. Pero el incremento de la confianza en el “voto antisistema” sí sigue unos patrones muy definidos en los que las redes sociales juegan un papel clave.
Según el CIS, la principal preocupación de los jóvenes aragoneses es la vivienda, la misma que la de la población en su conjunto aunque en un porcentaje menor (16,7% frente al 22,1%). Pero hay indicadores significativos en otras temáticas. Por ejemplo, los jóvenes ponían la inmigración en segundo lugar, con un 11,1%, pese a que en general tiene un peso bastante menor (del 6,1%). La sanidad, la segunda mayor preocupación de los aragoneses, no ocupaba el mismo puesto atendiendo solo a las respuestas de los que tienen entre 18 y 24 años, muchos de ellos electores noveles.
En los citados sondeos previos al 8F, las amplias muestras revelaban una fotografía muy similar: en torno a un 30% de los chicos de entre 18 y 24 años anticipaban su preferencia por Vox. Aunque sociólogos como David Pac insisten en la idea de que no es un grupo ni mucho menos homogéneo. “Igual que hay un 30% que, al menos en intención de voto, se iba con Vox, sigue habiendo un 70% que no está en eso”, incide.
Un 70% que no tiene por qué estar ligado a los bloques tradicionales, que en cualquier caso no están sabiendo llegar con la misma intensidad a este nido de población. “Ha habido parte del voto de izquierdas que ha ido a CHA, porque tiene un candidato (Jorge Pueyo) que comunicativamente es muy bueno, pero hay otra parte de esos electores que no aparecen por ningún sitio. Podemos ha desaparecido, el PSOE ha bajado... y es gente que está en la abstención”, indica por su parte la politóloga Carmen Lumbierres.

El candidato de Vox, Alejandro Nolasco, en la noche electoral en Zaragoza. / LAURA TRIVES
Aunque ambos coinciden en algunos diagnósticos. “Todavía existe una brecha de género entre el voto joven masculino y femenino, aunque esta última vez el sufragio de las mujeres se comienza a dejar notar más”, analiza Pac, en la línea de Lumbierres: “Sigue habiendo diferencias, pero Vox está siguiendo la estela de lo que hizo antes Le Pen y ahora Bardella en Francia, alentando esa islamización que aseguran que va a acabar con sus derechos europeos occidentales”.
Cámaras de eco y filtros burbuja
En cualquier caso, la manera de informarse también marca una distancia entre ambos géneros que explica, al menos en parte, las diferencias a la hora de votar. “La dieta mediática es fundamental en este análisis. En los últimos estudios hemos visto como los chicos prefieren los nuevos diarios digitales y a los youtubers, mientras que las chicas se informan más a través de Instagram y TikTok”, desgrana Pac, que se detiene en dos conceptos de la sociología: las cámaras de eco y los filtros burbuja.
El primer caso, que no es nuevo pero que se ha magnificado con las redes sociales y el entorno digital, consiste en que cualquier persona, en este caso los más jóvenes, en un contexto de democratización de la información que ha derivado en el auge de la desinformación, tan solo ven lo que quieren ver, para reforzar sus posiciones. Una cámara de eco que se ve más engrosada si cabe con los filtros burbujas, un fenómeno de cariz más tecnológico que social y que subsiste gracias a los algoritmos de las distintas plataformas. Unas fórmulas diseñadas para ofrecer casi en exclusividad las ideas que, según las búsquedas o el tiempo de visualización, más interesan a cada usuario. Y en este punto, tanto a nivel comunicativo como económico, la extrema derecha tiene ganado el terreno con muchísima ventaja.

Un joven vota en un colegio electoral de Zaragoza, el pasado 8 de febrero. / JOSEMA MOLINA
“Desde la crisis de 2008 ha habido un cambio generacional en los valores. Ahora los jóvenes prefieren el individualismo y se ha conseguido que la protesta y la organización colectiva incluso esté mal vista. Hoy en día se organizan mejor los pensionistas que los jóvenes que no pueden acceder a la vivienda”, opina Lumbierres, quien relaciona esto último con la teoría neoliberal. “Vox no deja de ser ultraliberal en lo económico y solo es intervencionista en los valores religiosos, sexuales... Es su principal diferencia con el franquismo”, añade. Un análisis al que se suma otro factor, la “exacerbación del malestar”. “Nos bombardean con lo que no funciona y nadie se detiene a analizar o hablar sobre lo que sí. El populismo está en la política, pero es que nos ha invadido en todo, con una banalización que va desde la familia ideal hasta los suplementos en los gimnasios”, señala la politóloga.
Brecha generacional
Un cóctel que ha ahondado en una brecha generacional donde las redes sociales lo copan casi todo. “Si eres joven, es difícil que no te llegue lo que transmiten movimientos como el de Vox, porque son los que mejor comunican y los que más dinero tienen para hacerlo. Es algo que se está viviendo en todo el mundo, no es mérito suyo, sobre todo desde la pandemia”, prosigue Lumbierres. Una “impugnación del sistema democrático”, como define por su parte David Pac, que ha logrado “diluir las diferencias socioeconómicas”. “El voto ya no está tan ideologizado ni va ligado a una rendición de cuentas. Es mucho más emocional”, concluye en este sentido.
“Se ha formado un caldo de cultivo muy propicio, también desde algunos programas muy concretos. Están sabiendo capitalizar un voto que corresponde más a la indignación, que está menos ideologizado del que en su día estuvo el de Podemos, que también era antisistema. Tras el 15M había dos salidas, más participación, que luego se incumplió, o menos democracia, que es en la que ahora estamos”, asevera la politóloga aragonesa.
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