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La banca vuelve a ajustar su red en Aragón: pierde nueve oficinas en el último año

El ajuste iniciado tras la crisis financiera de 2008 se modera pero no cesa, un proceso de ajuste que ha dejado a la comunidad con 896 sucursales tras el cierre de 970 a lo largo de los últimos 17 años

Un local vacío antes ocupado por una oficina bancaria en una calle de Zaragoza, que ha sido el epicentro del ajuste del sector en Aragón.

Un local vacío antes ocupado por una oficina bancaria en una calle de Zaragoza, que ha sido el epicentro del ajuste del sector en Aragón. / Jaime Galindo

Zaragoza

La red bancaria aragonesa vuelve a encogerse. Tras el espejismo de estabilización que se vislumbró en 2023, los dos últimos años ha confirmado que el ajuste no ha concluido. En 2025 han desaparecido nueve oficinas en la comunidad, a falta de contabilizar el último trimestre. Es una cifra modesta en comparación con las grandes oleadas de cierres de la pasada década, pero significativa porque rompe cualquier expectativa de recuperación.

El sector encadena 17 años consecutivos de ajustes. El proceso comenzó en 2009, tras el estallido de la crisis financiera un año antes, y desde entonces no ha habido ejercicio sin saldo negativo. Lo que empezó como una reconversión forzada por el pinchazo inmobiliario y la debacle de las cajas de ahorro se ha transformado en un cambio estructural del modelo de negocio.

La comunidad cuenta actualmente con 826 sedes de entidades de depósito, según los datos correspondientes a septiembre de 2025, los más recientes publicados por el Banco de España, que actualiza la estadística con carácter trimestral. Son 970 establecimientos menos desde el máximo de 1.796 registrado en el año de la Expo de Zaragoza.

El último dato confirma que el proceso continúa. Entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025 han desaparecido nueve oficinas en Aragón, un repunte respecto a los dos ejercicios anteriores y una señal de que el ajuste no está completamente cerrado.

Los años más duros quedaron atrás, pero conviene recordar la magnitud del terremoto. En 2012 cerraron 107 oficinas en la comunidad; en 2013, 175; en 2014, 85; y en 2015, 103. Aquella etapa supuso el desmantelamiento acelerado de buena parte de la red heredada del boom crediticio.

Los cierres de 2025

Otro ejercicio especialmente severo fue 2021, con 95 cierres, en plena oleada de fusiones bancarias tras la pandemia. A partir de entonces el ritmo se suavizó, con 22 oficinas menos en 2022 y apenas una en 2023. Parecía que la red había tocado fondo. Sin embargo, en 2024 volvieron a cerrarse cuatro sucursales y en 2025 la cifra ha ascendido a nueve a falta de contabilizar el último trimestre.

La caída registrada en 2025 obedece principalmente al cierre de nueve oficinas de Caja Rural de Aragón, la única gran entidad aragonesa que había ampliado su red en la última década. Banco Santander cerró también dos sucursales en el último ejercicio, aunque abrió una nueva. Y destaca la llegada de Eurocaja Rural, que ha inaugurado su primera oficina en la comunidad, en Zaragoza, concretamente en la avenida Cesáreo Alierta, número 24, dentro de su plan nacional de expansión con el que busca combatir la exclusión financiera y aprovechar los espacios que deja la banca tradicional.

Si se amplía el foco a la última década (2015–2025), el mapa financiero aragonés se ha redibujado por completo. Las fusiones y absorciones han sido determinantes. El Santander absorbió Banco Popular, lo que conllevó la desaparición de 28 oficinas que esta entidad tenía en Aragón en 2015. Caixabank integró Bankia, que contaba con 12 sucursales en la comunidad. BBVA culminó la absorción de Catalunya Banc. Unicaja integró Liberbank. A ello se suman otras desapariciones como Banco de Madrid o Banco de Castilla-La Mancha.

El resultado es una concentración sin precedentes. Santander ha reducido su red en Aragón más del 65% desde 2015 (de 109 a 38 oficinas); BBVA cerca del 43% (de 88 a 50); Sabadell en torno al 38%; y Caixabank un 25% (de 86 a 64). Ibercaja, líder del mercado regional, ha pasado de 474 oficinas en 2015 a 329 en 2025, un descenso del 30%. La entidad aragonesa, no obstante, no ha cerrado ninguna sucursal desde 2023.

Mejor que la media

En paralelo, las cooperativas han resistido mejor. La Caja Rural de Aragón ha crecido ligeramente en la década (de 178 a 186 sedes) aunque ahora haya recortado nueve oficinas y la Caja Rural de Teruel ha mantenido prácticamente intacta (de 75 a 70). Cajamar ha ampliado su red desde una base reducida.

Pese al prolongado ajuste, Aragón es la quinta comunidad autónoma donde menos se ha reducido la red bancaria en términos proporcionales desde el máximo previo a la crisis. El recorte acumulado ronda el 54%, frente al 63% de media nacional.

La explicación es demográfica. La comunidad, con una población dispersa y envejecida, mantiene una ratio de oficinas por habitante superior al promedio español. De hecho, según un reciente informe del Banco de España, Aragón es la tercera comunidad con mayor número de oficinas por habitante. Junto a Extremadura, La Rioja, Navarra y Castilla y León son las únicas regiones que superan las 50 oficinas por cada 100.000 habitantes.

De esta manera, Aragón ha perdido más de la mitad de su red, pero sigue estando mejor dotada que la mayoría de territorios. Esto es posible gracias a la que la comunidad conserva tres entidades propias, Ibercaja y las Cajas Rurales de Aragón y de Teruel.

El ajuste iniciado en 2009 respondió a la necesidad urgente de sanear balances y reducir costes tras la crisis financiera. Hoy la lógica es distinta. Las oficinas no se cierran por emergencia, sino por estrategia: digitalización, menor afluencia presencial, centralización de servicios y concentración del negocio en puntos rentables.

La banca ya no habla de reconversión, sino de optimización. Pero los números son tozudos y tras 17 años seguidos de cierres dibujan un cambio estructural profundo. La red física ya no es el eje del negocio. Y aunque Aragón mantiene una densidad relativamente elevada, el mapa financiero que había antes de 2008 pertenece definitivamente al pasado.

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