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Espierre, el pueblo de Aragón con un singular museo al aire libre que denuncia un expolio: "¿Qué gracia tiene que vengas y te lleves algo?"

Esta pequeña localidad, perteneciente administrativamente a Biescas, cuenta con decenas de losas de piedra pintadas con dibujos de lo más variopinto que sorprenden al visitante en cada uno de sus rincones

Iván Ruiz Jiménez

Iván Ruiz Jiménez

Zaragoza

Comenzó siendo un juego de niños -de niñas en este caso- para llenar las eternas horas muertas del verano, pero se ha convertido en uno de los grandes atractivos involuntarios de Espierre, una localidad del Pirineo de Aragón. Esta pedanía, que depende administrativamente de Biescas, no solo tiene entre sus atractivos los primeros ejemplos del románico aragonés sino también (y, para algunos, sobre todo) un auténtico museo pictórico al aire libre, que se está enfrentando a un inesperado y molesto enemigo: el expolio.

Por partes. A quien haya visitado este pequeño pueblo, que en 2024 tenía 5 personas censadas según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), le habrán sorprendido decenas de losas de piedra pintadas con motivos de lo más variopinto. Desde personajes ilustres a escenas fantásticas, paisajes o imágenes de animales. Una de las autoras es Alba Lampurlanes.

"Mi madre fue la última persona que nació en Espierre y conservamos la casa como herencia familiar", explica a este periódico la oscense, impulsora involuntaria, junto a su hermana Ana, de la muestra que tanto sorprende a los visitantes y que nació de la simple afición infantil. "Somos de una generación en la que no había pantallas y nuestras vacaciones las pasábamos allí explorando y pintando y, precisamente, pintar las piedras es fruto de esa incontinencia que tienes cuando eres pequeño", aduce.

La primera piedra (pintada) fue un periquito -su mascota- en la fachada de su casa, obra de su hermana. "Cuando mi madre lo vio se echó las manos a la cabeza", recuerda Lampurlanes con cariño. Así empezó todo.

Un museo en peligro

Con el paso de los años, las hermanas continuaron plasmando sus inquietudes en losas de piedra, algunas de un tamaño considerable, y no solo ellas, sino otras habitantes de Espierre, cada una a su ritmo, con su estilo y reflejando sus propias inquietudes o su mirada. "Otra vecina, Lola, por ejemplo, se centra en lo cultural y ha pintado a personajes como Frida Kahlo o José Antonio Labordeta; mi hermana y yo nos centramos en la naturaleza y lo que vemos", explica.

Así fueron llenando los rincones de Espierre, dándole al pequeño municipio un toque más cercano y hogareño al tiempo que les servía para "reivindicar" este espacio en la montaña. También hubo algo de ensayo y error, por ejemplo, con las técnicas a utilizar para que este museo al aire libre conservara sus tesoros. Explica Lampurlanes: "Al principio pintábamos con acrílicos, pero con la nieve, el viento y paso del tiempo las piedras se borraban. Nos suponía mucho tiempo y esfuerzo volverlas a pintar para conservarlas y al final hemos encontrado una resina que aplicamos para que se mantengan y, de momento, funciona. Se trata de ver que el tiempo que le dedicas a un piedra se mantenga con las condiciones climatológicas extremas que hay".

Superado el primer contratiempo, llegó otro, este mucho más testarudo que el azote meteorológico: el hombre. La singularidad de estas obras ha llamado la atención de "muchos" visitantes. Lampurlanes menciona un ejemplo, "una familia de Pau (Francia)", a los que les encantó un búho que había pintado ella. "Me insistieron en comprarlo", asegura, "pero no hacemos esto para hacer negocio". La negativa no les debió de convencer del todo porque "un par de años después" pisaron de nuevo Espierre y volvieron a la carga a por aquel búho majestuoso. "Es que no le puedo poner un precio a las piedras; para mí no lo tienen", reflexiona.

Buho pintado en una losa de piedra en Espierre (Huesca)

Búho pintado en una losa de piedra en Espierre / Tomas Galindo

Lampurlanes argumenta a continuación que cada losa que escogen es única y que estás obligado a adaptarte a ella. Cada una con una forma, un relieve, una veta. Y la forma de dibujar lo que tienes en la cabeza es pura intuición. "Las hacemos por amor al pueblo y por que esté bonito. No tenemos ninguna intención más allá de eso", zanja.

Otros, relata, no han ido de cara, sino que directamente han consumado el expolio de este singular museo. "Nos han robado ya unas cuantas piedras y nos ha dolido mucho", lamenta Lampurlanes con cierta perplejidad, enumerando algunos ejemplos: "Nos robaron una losa enorme con un corzo, una ardilla...". Un cambio de paradigma que ha hecho que la desconfianza arraigue y les haya llevado a tomar unas precauciones que antes ni se planteaban. "Este verano pasado pintamos dos losas bastantes grandes, preciosas, y no las sacaremos de casa hasta que no pase el invierno y estemos más gente en el pueblo. Jamás había escondido piedras en casa porque no veía la necesidad, me gusta que todo el mundo las disfrute", cuenta resignada.

Y, tirando de cierta ironía, se pregunta: "¿Qué vas a hacer con una piedra? ¿Te la vas a poner en tu casa?". El único sentido que le ve a las obras que tanto ella como el resto de vecinos de Espierre producen es que den identidad y magia a los rincones de su Espierre. "Me gustaría que la gente se concienciara. ¿Qué gracia tiene que vayas a un pueblo y te lleves algo? Forma parte de su encanto, vamos a dejar que lo disfruten otras personas", cierra.

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