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Este es el mítico bar de Zaragoza que irá a la final del mejor torrezno del mundo

Un histórico local del Casco Viejo de la ciudad gana la cata a ciegas celebrada en el Centro Soriano de Zaragoza, una tanda clasificatoria en la que también ha entrado como finalista la barra de un municipio de La Rioja

Este es el mítico bar de Zaragoza que irá a la final del mejor torrezno del mundo

Torrezno de Soria | Sergio Pérez Pérez

Zaragoza

Hay productos que son gastronomía, pero también identidad. El torrezno, con su característcio corteza ampollada, su grasa dorada y su magro jugoso, es uno de ellos. En Zaragoza, esa liturgia del crujido tiene además acento soriano. No es casualidad. Se calcula que más de 50.000 personas con origen en esta provincia castellana residen en la capital aragonesa, una comunidad que ha tejido durante décadas un vínculo estrecho entre ambos territorios. Ese lazo volvió a ponerse de manifiesto este domingo en el Centro Soriano, donde se celebró la ronda clasificatoria del concurso al Mejor Torrezno del Mundo 2026, coincidiendo además con el 70 aniversario de la entidad.

Tras la cata a ciegas, con un total de 11 establecimientos en liza, el jurado decidió qué dos barras viajarán el próximo 8 de marzo al restaurante Virrey Palafox, en El Burgo de Osma (Soria), para disputar la gran final de este singular concurso gastronómico. La prueba clasificatoria de Zaragoza se celebró en un ambiente festivo, de hermandad y orgullo gastronómico. Todo ello con la presencia de un numeroso público --mayoritariamente con raíces sorianas--, que también pudo degustar este manjar convertido ya en fenómeno nacional.

Un clásico con nueva savia

El ganador de la tanda celebrada en Zaragoza fue El Picadillo, un nombre inequívocamente soriano que forma parte del paisaje sentimental del Casco Viejo. En la esquina de la plaza del Justicia con la calle Manifestación, su barra ha sido durante décadas territorio de parroquianos fieles y devotos del torrezno bien hecho.

Durante 41 años fue el proyecto vital de su fundador, hostelero de origen soriano, que convirtió el local en referencia del tapeo más castizo. Hace un año inició nueva etapa tras su traspaso. Desde entonces lo regentan tres nuevos socios —Guillermo Pérez, Jorge Sampayo y Joaquín Velasco— que han asumido el reto de preservar su esencia. Reparten funciones entre sala, gestión y cocina, combinando tradición y mirada contemporánea. No han tocado lo que funciona (producto, barra y ambiente), pero sí han afinado técnica y propuesta. El veredicto del jurado confirmó que la transición no ha diluido la identidad del bar: la ha reforzado.

El rival riojano, un autodidacta del crujido

La segunda plaza fue para Montserrat 2.0, de Calahorra, que también estará en la final soriana. Desde hace un año lo regenta George Adrián Ionita, ciudadano de origen rumano que ha hecho del torrezno su especialidad más celebrada. Autodidacta --ensayo, error y paciencia, según explicó-- ha perfeccionado el punto de fritura hasta lograr una corteza gruesa y uniforme, con interior tierno y jugoso.

Recibió el pase con visible emoción, casi incrédulo. Como en el bar zaragozano, la alegría se desató entre abrazos y fotografías, conscientes de que el verdadero examen llegará en la cocina del Virrey.

En tercer lugar, fuera ya de la clasificación, quedó La Cumbre Sabor a Galiza, de Benasque, que rozó el podio con un torrezno potente en aroma y presencia.

Un concurso con método y liturgia

El certamen, organizado por la marca de garantía Torrezno de Soria y el restaurante Virrey Palafox, se ha consolidado como una de las citas gastronómicas más singulares de España. Las rondas previas recorren distintas ciudades antes de la gran final en El Burgo de Osma (Soria), donde los aspirantes deben elaborar el torrezno en directo ante el público y someterlo después a cata ciega.

El jurado evalúa parámetros puntuados del 0 al 5, ponderando aspectos como punto de grasa y magro, fritura, persistencia y retrogusto —sin sabores extraños ni rastro de aceites reutilizados—; aroma limpio e intenso; textura con corteza perfectamente crujiente y carne tierna; presencia, tamaño, grosor (mínimo 1,5 centímetros, aunque la tendencia supera los tres), color dorado, ampollas uniformes y proporcionalidad de capas.

En el Torrezno de Soria la textura es dogma. "Si la corteza no cruje, no puede ganar", recuerdan desde la organización. Y en El Picadillo, crujía. Y cómo. Este producto vive además un momento de auge. En el último año se consumieron más de 40 millones en España, con más de 4,5 millones de kilos de panceta elaborados en la provincia. El producto está, además, a punto de lograr la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello que blindará su identidad.

Entre los nombres propios del palmarés destaca el bar Chicago, del barrio de La Almozara, doble ganador en ediciones anteriores y ausente este año.

Ahora el foco se traslada a Soria. Allí, en la cocina del Virrey, El Picadillo intentará que su corteza vuelva a sonar como un aplauso. Porque en este concurso, el éxito no se mide en palabras, sino en crujidos.

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