Pilar Lamata se jubila tras más de 40 años en la Universidad de Zaragoza: "Tiene que entrar gente joven. Hacen falta fuerzas y ganas"
La profesora de la Universidad de Zaragoza se retirará cuando acabe el curso académico y dejará un trabajo "muy bonito" que ha compaginado con la investigación

Pilar Lamata, profesora de la Universidad de Zaragoza que se jubilará este curso, en su despacho. / Jaime Galindo
Los pasillos de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura (EINA) de la Universidad de Zaragoza son terreno conocido para Pilar Lamata Cristóbal (1958). También los de la Facultad de Ciencias. Hace más de cuarenta años que los pisó por primera vez como profesora y ahora encara sus últimos meses al frente de las aulas. Cuando acabe el curso escolar actual (2025-2026) se jubilará y, a sus 68 años, dejará atrás ese trabajo que le resulta «tan bonito». «Me da un poco de vértigo, pero tampoco me asusta lo que viene», expresa.
Lamata terminó sus estudios de Química en 1980. Tres años después leyó su tesis y lo siguiente fue un contrato de maestra de Laboratorio en lo que entonces era el grado Ingeniería Técnica. La profesora continuó su carrera docente y en 2011 obtuvo la cátedra y ahora es profesora del Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Zaragoza. «La mayor parte de mi docencia la imparto en la EINA, y en Ciencias doy máster y dirijo tesis y Trabajos de Fin de Grado», explica.
La docente ha compaginado sus años al frente de las aulas con la investigación porque considera que «para dar buena docencia es bueno investigar». «Cuando transmites a los alumnos conceptos que has aprendido en el laboratorio, se nota. Se nota cuando uno se lo cree, cuando alguien vive un tema y le gusta», señala. Fue ese interés en combinar docencia e investigación el que le llevó a apostar por el departamento de Química Inorgánica.
Cuenta que allí coincidió «con una profesora mayor durante diez años que vivía la docencia, que enseñó el respeto al alumno». «Eso es lo que hemos vivido en nuestro grupo docente, que el alumno es el primero, que todo tiene que estar bien, que un examen no se pone, que se hace entre todos», apunta.

Pilar Lamata, profesora de la Universidad de Zaragoza, en la facultad de Ciencias. / Jaime Galindo
Recuerda con cariño aquella época en la que muchos estudiantes eligieron empezar su vida profesional en la Universidad de Zaragoza. «En esa época entramos muchos a la vez. Teníamos algunos jefes más mayores, no demasiados, y luego éramos muchos jóvenes», explica. En su departamento resultó fácil porque aquella profesora apasionada hizo las cosas fáciles. «Nos dio los apuntes, todo... Yo tuve que trabajar, porque tenía miedo escénico»,señala entre risas.
Aquella masa de jóvenes se redujo con los años, en parte porque «había muchos profesores y no quedaban horas de docencia», apunta. «Durante muchos años ha ido entrando gente por goteo, muy pocos. El año pasado, de un mismo departamento se jubilaron 7 profesores, 2 en la EINA y 5 más en Ciencias», comparte. Lamata indica que pronto se jubilarán todos esos docentes que, como ella, se adentraron en la docencia en los 80 y ahora ya no son tan jóvenes.
Por eso, insiste en la importancia del relevo generacional. «Tiene que entrar gente joven porque hacen falta fuerzas. Es un trabajo que me encanta, pero hay veces que para tirar del carro hacen falta fuerzas y ganas», sostiene, y añade: «Creo que, si entra gente joven, sería bueno que no estuvieran muy cargados de docencia al menos los dos primeros años para que no tengan que dejar la investigación, que es muy buena».
Ella lo hubiera agradecido. «Hubo años en los que no tenía que prepararme casi las clases y, desde hace tres o cuatro, cuando no me he repasado un concepto, ay... Ahora he empezado a preparármelas otra vez para tener más fluidez».
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