Pedro Compais, el primer trasplantado de médula en Aragón: "Le debo la vida a mi hermano"
Treinta años después de la intervención en el hospital Miguel Servet, el zaragozano echa la vista atrás y recuerda cómo un dolor en el glúteo derivó en un problema sanguíneo. Agradece a los profesionales su implicación y que todo haya ido "muy bien" desde entonces

Pedro Compais, primer trasplantado de médula en el Miguel Servet, con el jefe de Hematología de entonces, Manuel Giralt. / Pablo Ibáñez
No lo sabía, pero fue pionero. Pedro Compais (1959) fue el primer paciente trasplantado de médula en el hospital Miguel Servet de Zaragoza. Desde aquel viernes de junio han pasado treinta años y solo tiene palabras de agradecimiento para su hermano y donante. "Dijo que sí que lo iba a hacer desde el primer momento. De hecho, le debo la vida. Si no hubiera sido por él, no estaría vivo, está claro. Me lo dijeron los médicos más adelante", expresa, y parafrasea las palabras que le dijo un profesional pasados el tiempo: "No hace falta que juegues a la lotería, que ya te ha tocado". La compatibilidad era de más del 90%.
"Yo estaba trabajando y un viernes que tenía fiesta fui al médico de cabecera porque me hacía mal el pompis", explica Pedro este martes en el que el Miguel Servet celebra el XXX aniversario de su primer trasplante de médula. El médico de cabecera le derivó a las urgencias del hospital y allí le hicieron una extracción de sangre. "Un médico me dijo que tenía una fístula (conexión anormal entre dos órganos, vasos sanguíneos o tejidos) en el pompis", relata. Él la achacó a las horas que pasaba sentado.
El doctor le recetó una medicación y le informó de que, si esta no le surtía efecto, le tendrían que operar. "Me dijo que esperara a que salieran los resultados de los análisis de sangre", detalla. Dos médicas le explicaron que tenía un problema en la sangre. "Dije, me voy y vengo el lunes. Y me dijeron, te vas pero directamente a la habitación", añade. Entonces, Pedro tenía 37 años.

Pedro Compais en el XXX aniversario del primer trasplante de médula en el hospital Miguel Servet / Pablo Ibáñez
Al día siguiente comenzó el tratamiento y su estancia "como residente" en el Miguel Servet, dice entre risas. Pedro pasó 21 días en la cámara de aislamiento y otros cinco en planta, y luego recibió el alta. "La verdad es que estás un poco... No sé cómo decirlo. Que no sabes realmente lo que pasa", expresa al rememorar aquellos días. Cuenta que él trató de restarle importancia. "Dije, pues nada, que me curen, que salga todo bien y que funcione todo bien, y ya está", detalla.
Y así fue. Pedro pone en valor y agradece en profundidad el trabajo que llevaron a cabo todos los profesionales del Miguel Servet, y recuerda con especial cariño a algunos como el doctor Rubio, que se implicó para que él estuviera lo mejor posible. Hasta pasados los días, Pedro no supo que era el primer trasplantado de médula de este hospital. "De hecho, los doctores estaban con la duda entre si hacérmelo aquí (Servet) o en el hospital de Valdecilla, en Santander. Decidieron hacérmelo aquí y gracias a Dios, y gracias a ellos, salió todo bien", señala.
Por eso, Pedro agradece a los profesionales sanitarios la dedicación, al hospital su atención, a Dios el cuidado y a su hermano que le salvara la vida. Para todos ellos, solo agradecimiento. "En un primer momento te quedas como en shock y no sabes cómo reaccionar. Y dices, bueno, tengo esto, vamos a luchar, vamos a salir adelante", recuerda. Es este mensaje de fuerza el que les traslada a quienes, igual que él hace treinta años, tengan que pasar ahora por un trasplante. "Yo les diría que tengan mucha fe en los médicos, en los doctores. Que no cabe duda de que se pasan momentos malos, pero que hay que tener fuerza de voluntad, no hundirse y pensar en positivo. Y que se sale, que se sale", afirma, y añade: "Aquí está la prueba".
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