Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La farmacia más antigua de Aragón está en Teruel: "Siempre ha estado la misma familia y en el mismo sitio"

Mariano Giménez Muñoz repasa la historia de su familia, que es también la de una botica de más de 160 años que ha sobrevivido a dos epidemias de cólera, a una de covid y a la guerra civil

La farmacia Mariano Giménez de Teruel es la más antigua de Aragón.

El Periódico

Zaragoza

Conoce con detalle los entresijos que se esconden tras el mostrador. Forman parte de la historia de su familia. Mariano, de apellidos Giménez Muñoz, es el hijo del actual titular de la farmacia Mariano Giménez de Teruel, que con 163 años de recorrido es la más antigua de Aragón. "Siempre ha estado en la misma familia y siempre ha estado en el mismo sitio", comparte Giménez Muñoz, que encabeza la sexta generación en la botica. Y añade: "Pero cambió de dirección".

En 1863, en la calle del Pozo de Teruel, Mariano Giménez Ramos abría por primera vez las puertas de su farmacia, a la que daría su propio nombre. Así se lo contaría a su hermana en una carta que más de 160 años después todavía se conserva. "En ella le cuenta que tiene un empleado que vive encima de la farmacia", dice Giménez Muñoz. Era el practicante. Y era todo lo que había.

"Era Teruel, 1863. No había luz eléctrica, no había agua corriente, no había automóvil, no había ferrocarril... Todos los medios de transporte eran a caballo, y en aquella época las farmacias no eran como ahora", relata el farmacéutico. La botica estaba abierta las 24 horas del día. Los horarios y las guardias no llegarían hasta después de la Guerra Civil. "Mi padre siempre cuenta que su madre le decía que el día más feliz de su vida fue cuando empezaron a poder cerrar la farmacia", cuenta Giménez Muñoz entre risas.

Hasta entonces, la familia vivía encima de la botica, igual que algunos trabajadores. Además de las condiciones, también era distinta la forma de trabajar. "No existían los medicamentos comerciales", apunta. Ni siquiera las aspirinas. "El 99% se preparaba a mano, y los farmacéuticos eran botánicos", señala. Por eso, la zona destinada a la atención al público era reducida y "todo se preparaba de puertas para dentro". Giménez Muñoz cuenta que "el farmacéutico valía lo que valía su botamen", que es el conjunto de botes y recipientes en los que se guardaban las sustancias medicinales.

El botamen de la farmacia Mariano Giménez de Teruel.

El botamen de la farmacia Mariano Giménez de Teruel. / Farmacia Mariano Giménez

Al tiempo llegó la segunda generación. Giménez Ramos pasó la farmacia a su sobrino, Timoteo Bayo Giménez, con quien esta creció "muchísimo". "Llegó la época del modernismo y en Teruel fue boyante. Llegó a tener hasta 14 empleados, y servía de mayorista a una parte de la provincia de Teruel, al Rincón de Ademuz, que son unos compañeros valencianos, y a una parte de Guadalajara", desgrana.

Pero no todo fue positivo. La farmacia vivió tres momentos "delicados" en los que estuvo al borde del cierre. El primero de ellos fue en 1865, cuando una epidemia de cólera azotó Teruel. Según detalla Giménez Muñoz, murió el 10% de la población. Aquella situación se repitió con mayor intensidad en 1885, cuando la enfermedad volvió a golpear a los turolenses. "Murió el 25% de los habitantes. Eso significa 1 de cada 4", subraya. La farmacia resistió también la epidemia de gripe de 1917 y, en 2020, la de covid.

El tercer momento fue la Guerra Civil. "Teruel enteró se vació. Fue la única provincia de Aragón en la que venció el ejército republicano venció y luego los sublevados volvieron a tomar la ciudad", explica Giménez Muñoz. Entonces la farmacia estaba en manos de su bisabuelo, Mariano Giménez Bayo, quien logró mantenerla abierta hasta que hubo que evacuar la ciudad. Entonces se marchó a Valencia, donde se reencontró con su mujer y sus hijos. Al término del conflicto, y una vez se reanudaron las conexiones entre los territorios, la botica volvió a abrir sus puertas, y todavía conserva un refugio antiaéreo para bombardeos. La farmacia tiene también ahora un museo en la planta baja que recoge recuerdos de su historia.

Durante la Guerra Civil, además de vaciarse, se destrozaron los edificios y calles de Teruel. Tras el conflicto se hizo un plan de restauración con el que se ensancharon algunas avenidas, y ello repercutió en la farmacia Mariano Giménez. La calle de al lado se amplió y se quitó el portal tenía al lado. La botica pasó así a dar a una esquina, lo que ha supuesto que, mantiniéndose siempre en el mismo punto, ha tenido distintas direcciones: de calle El Pozo 4 a calle del Pozo 4 y 6 a, finalmente, calle EL Pozo 4 y Ramón y Cajal 10. Por esto se le conoce como "la farmacia de las cuatro esquinas". "Sin movernos, hemos cambiado de dirección", indica Mariano.

Botes de medicamentos con las distintas direcciones de la farmacia.

Botes de medicamentos con las distintas direcciones de la farmacia. / Farmacia Mariano Giménez

A la par que pasaba el tiempo lo hacían las generaciones. Timoteo, que tampoco tuvo hijos, había pasado la farmacia Mariano Giménez Bayo, quien luego la dejó en manos de Mariano Giménez Puertas, abuelo del narrador. La siguiente generación fue Mariano Giménez Zuriaga, el actual titular. Este cogió las riendas en 1994 y, un año después, reformó el espacio. "Tiró la antigua rebotica, que es donde se preparaban las fórmulas magistrales, y amplió mucho la zona dirigida al cliente", relata el último Mariano, Giménez Muñoz.

Mariano Giménez Muñoz llegó en 2020 y ahora trabaja de la mano de su padre con la aspiración de ser el titular de la farmacia en un futuro. "La clave es adaptarte a los tiempos", considera. En 2021, con él ya trabajando en Teruel, hicieron una segunda reforma con la que se duplicó el espacio y se robotizó el almacén. Volvieron también las fórmulas magistrales.

"Llevo con muchísimo orgullo la historia de mi familia, y colaboro todo lo que puedo para que esto siga funcionando y estar lo más actualizado posible, para que los pacientes sientan que están en la mejor farmacia de España. Haré todo lo posible para que la historia continúe", apunta Giménez Muñoz, y añade: "Me encantaría que mi hijo quisiera en futuro seguir la tradición".

Mariano Giménez Zuriaga, titular de la farmacia, junto a su hijo Mariano Giménez Muñoz.

Mariano Giménez Zuriaga, titular de la farmacia, junto a su hijo Mariano Giménez Muñoz. / Farmacia Mariano Giménez

Pero por ahora es solo un deseo. Giménez Muñoz, enamorado de la farmacia familiar desde pequeño, estudió el grado en Zaragoza y luego se dedicó a la investigación. Cursó un máster en Ortopedia y un doctorado, y adquirió experiencia laboral en la capital aragonesa. Fue en 2020 cuando volvió a su Teruel natal para sumarse a la tradición familiar. "En ningún momento lo hice por obligación", asegura. Fue todo desde la pasión. "Ahora estoy aquí y no creo que me vaya a mover", confiesa entre risas. Disfruta de compartir mostrador con quienes antes fueron compañeras de su padre, aquellas profesionales que le han visto crecer y evolucionar. También ellas forman parte de la historia de su familia.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents