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Opositar a los 60 años desde Zaragoza: "No me acompleja la edad. Me considero válida"

El porcentaje de opositores mayores de 50 años ha pasado del 5% al 18% en solo seis años. Las cifras recogen a aspirantes como M.R., que estudia en Zaragoza y lo compagina con su trabajo

M. R. estudiando en su casa.

M. R. estudiando en su casa. / Servicio Especial

Zaragoza

Su vida ha estado acompañada del estudio. M.R. va camino de cumplir 60 años y se ha presentado en repetidas ocasiones a distintas oposiciones, un proceso que para ella ha sido de aprendizaje y le ha hecho consciente de su gran validez. Desde 2023, se prepara en la Academia Oposiciones Actur de Zaragoza, y como ella lo hacen otros aspirantes de diferentes edades. «El perfil de opositor a la Administración General está en torno a los 45 o 50 años, y es el más común. Lo extraño ahora es ver gente más joven», indica Miguel Arbizu, preparador el centro. Con sus palabras refuerza los datos que se desprenden del Observatorio del Opositor, que elaborado por el portal OpositaTest revela que cada vez más opositores tienen más de 50 años. El porcentaje ha pasado del 5% en 2019 al 18% en 2025.

M. R. vivía en Soria cuando se quedó en el paro. Decidió ponerse a estudiar y se adentró en el mundo de las oposiciones. Aspiraba a una plaza en el ayuntamiento, en el Gobierno autonómico o en el Estado, pero no conseguía llegar a las últimas pruebas. «Solo aprobaba los primeros, y luego siempre me tiraban. Me ponía muy nerviosa con la máquina de escribir, tremendamente nerviosa... Como con el carné de conducir, me temblaba todo el cuerpo», indica.

En 1995 se mudó a Zaragoza. Opositó a la DGA y suspendió porque apareció temario nuevo que no conocía. Al poco tiempo tuvo a su hija, y dejó el estudio a un lado hasta 2009. «Me descolgué. Empecé a trabajar, me casé, tuve a mis hijos...», relata. El primer año lo dedicó a cuidar a la menor y luego empezó a trabajar. «Iba por las mañanas, por motivarme un poco y salir de casa. Otra de mis prioridades era poder trabajar por la mañana y dedicarme a mis hijos por la tarde», apunta. Entonces ejercía en la empresa privada.

Unos años después volvió a «tomarse en serio» el estudio. Desde 2009 y hasta 2011 estuvo en paro, y durante ese tiempo se preparó y presentó a diversas oposiciones al Ayuntamiento de Zaragoza. Pero luego «hubo mucho parón (en el proceso de oposiciones al consistorio)», apunta. Aspiró a un puesto en el Salud y, aunque aprobó todos los exámenes, no pudo acceder porque «no tenía puntos». Compaginaba el estudio con el trabajo.

«En el 2018-2019 se activó otra vez y volví a enlazarme, y desde entonces he seguido», comparte. M. R. explica que 2023 recibió «un palo muy gordo» al no aprobar la oposición al ayuntamiento, en un examen que llegaba después de la pandemia. Cuenta que desde 2020 ha tenido covid cuatro veces, algunas muy duras que le han hecho sentirse «agotada». «No podía casi respirar y no podía centrarme en nada. No hacía más que llorar», expresa sincera. Fue a la psicóloga y le dio las herramientas para poder llevarlo todo: el covid persistente, el estudio, el trabajo. «Es muy jodido tener casi 60 años, estudiar y ver que tu cabeza no da lo que quieres. Mi condición ahora no es del 100%, pero me organizo. El día que puedo estudiar, lo hago, y el que no hago test, o paseo, etc.», desarrolla.

Pero ella sigue sentándose a estudiar en la mesa de su salón porque «toda la vida» le han gustado «los papeles». «Con 18 años trabaja en una papelera de mi pueblo. Me levantaba de 6.00 horas y estaba todo el día. Siempre me había gustado estudiar y no había podido. Entonces me fui a Soria y me empecé a presentar», detalla M.R., que se define como una persona lectora e interesada en el estudio. Además de este interés por el mundo académico, considera que trabajar en la administración, en la que ejerce desde 2018 al ser interina, le da «calidad de vida». «Te permite estar toda la mañana trabajando y luego hacer otras cosas. Cuando tus hijos son pequeños, cuidar de ellos, por ejemplo», defiende.

A la seguridad laboral apunta también Arbizu para explicar las cifras del Observatorio del Opositor, ya que se ha encontrado con estudiantes que tienen un trabajo en la empresa privada y apuestan por opositar para tener garantizada una continuidad.

El sondeo muestra que la mayoría de opositores (el 68%) han pospuesto decisiones importantes en su vida debido a la falta de estabilidad laboral. Entre los seniors, el porcentaje es del 55% y, entre las decisiones que han ralentizado están, sobre todo, la compra de una vivienda, formar una familia y tener hijos o emprender un proyecto personal o profesional.

Arbizu vincula el incremento del porcentaje de opositores sénior a la «dificultad» que enfrentan para conseguir trabajo, sobre todo en puestos en los que se solicitan destrezas digitales, que ahora son la mayoría. «Las empresas suelen preferir gente joven. Los mayores sufren una discriminación y por eso la administración pública resulta atractiva, porque se hace un examen y se mide lo que sabes y lo que dejas de saber. No se tiene en cuenta la edad», explica.

M.R. se siente muy respaldada por la Academia de Oposiciones Actur y sus profesionales, sobre todo el profesor Arbizu y el psicólogo Juanra, con el que ha trabajado mucho para «relativizar las cosas». «Claro que es muy importante aprobar y frustrante suspender, pero ese desgaste que tienes cuando no lo sacas y esos lloros, que están bien para desahogarse, no pueden ser para recrearse», afirma. Son ya muchos exámenes hechos y tiempo estudiado. «No me acompleja la edad. Yo me considero válida. No se me ha dado el momento, hay veces que la cabeza se me va o que las cosas me han salido mal, y habrá gente que dirá que si tengo 60 años y no he aprobado nunca... Pero no me considero tonta», defiende.

Por eso, ahora va a presentarse a la convocatoria al ayuntamiento y también lo hará a la DGA. «Pero ya no más. Si no sale, con 62 años ya estará. No es abandonar y no es tirar la toalla, pero no quiero seguir dándome mal y no tener vida. El año pasado no fui a ver a mi hija a Noruega, donde vive, y me he arrepentido», expone. Porque todo lo compagina con su trabajo en la administración. «Si ahora me dijeran que me quedo aquí hasta que me jubile, lo haría. Estoy a gusto donde estoy y daría lo que fuera por no estar todo el rato estudiando. Mentalmente estoy muy cansada», concluye.

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