La opinión de los jóvenes de Aragón sobre el feminismo: "Siento que ya no está de moda"
Lucía, Ángel, Blanca y Pablo son cuatro jóvenes de Zaragoza que este 8M ponen en valor haberse educado en la igualdad de género y lamentan que el movimiento se haya utilizado como «arma política y herramienta de división»

Lucía, Ángel, Blanca y Pablo, en la puerta de la Universidad de Zaragoza. / Laura Trives
Hablan de los círculos sociales como la clave. Porque en unos se desprecia el feminismo y, en otros, menos. Lo que tienen claro es que el término «ya no está de moda». O al menos no como antaño. Ángel Blancas, Lucía Campos, Pablo Segura y Blanca Gómez son cuatro jóvenes de Zaragoza de 23 y 24 años que este 8M, Día Internacional de la Mujer, reflexionan sobre la igualdad de género y coinciden en que se ha avanzado pero también en que los clichés siguen presentes. En lo que discrepan es en si estos predominan entre las generaciones antiguas o las nuevas. Depende, dicen, del entorno.
«Aunque limados por el paso del tiempo, sigue habiendo estereotipos», asegura Ángel, que es historiador y que considera que «no se puede hablar de que haya igualdad social entre hombres y mujeres». «No digo que haya una imposición patriarcal, que es debatible y que yo creo que sigue existiendo, pero hay diferencias en el trato. No hay igualdad efectiva», sostiene.
También así lo defiende Lucía, que sabe que si no se ha sentido presionada por ser mujer ha sido gracias a su círculo. «Influye el entorno en el que te muevas. He trabajado con mujeres gitanas y es increíble la presión que tienen para formar una familia, para no poder hacer lo que quieren», comparte la joven, graduada en Trabajo Social. Menciona los empleos de cuidados, en los que todavía predominan las mujeres y que son para ella un ejemplo de que todavía queda camino por recorrer.
Surge así el debate de las cuotas de paridad. Porque Blanca, que se graduó en Ingeniería Industrial y ahora cursa un máster de Biomédica, se ha formado en un mundo masculinizado. Pero no se ha sentido incómoda. «Me gustaría que el porcentaje de hombres y mujeres en las empresas fuera orgánico, que no hubiera que cumplir con una cifra. Pero entiendo que eso es un trámite que hay que pasar ahora para poder llegar a lo siguiente», apunta.
Los jóvenes coinciden en la idea y señalan que los avances que ahora se reflejan en el mercado laboral son fruto de unos estudios cada vez menos sesgados. Por eso, Ángel añade un matiz: «Nos tendríamos que preguntar ya no si el espacio está sexualizado o no, sino cuál es el trato hacia el género minoritario».

Pablo, Lucía, Blanca y Ángel, en la Universidad de Zaragoza. / Laura Trives
Vuelven a los círculos, a la diferencia entre entornos. Pablo comparte que, en los ámbitos laborales en los que se ha movido, la mayoría de comentarios machistas han salido de los más mayores. Pero Lucía y Blanca recuerdan momentos, sobre todo de fiesta, en los que se han sentido cosificadas por chicos jóvenes.
Ellos lo han visto entre sus amigos, pero lo han «dejado pasar». «Pararlo es llamar a la persona machista, y se crea una situación incómoda», expresa Ángel, que expone que tiene «círculos de amigos que parece que la única forma de relacionarse con una chica es sexualizándola y otros en los que, simplemente, eso no sucede».
«Hace años tenía un grupo enorme de chicos y chicas. Éramos todos súper amigos hasta que nos enteramos de las barbaridades que habían dicho de nosotras. Habían sido los más simpáticos, los más caballerosos», relata Blanca, que desliza que «ahora va todo mucho más a lo callado».
Para ella es peligroso, pero Ángel cree que también puede ser un avance. «Una de las grandes victorias de las últimas décadas es que muchos comentarios se han convertido en un absoluto tabú», manifiesta, y reflexiona: «¿Han desaparecido? No. Solo han dejado de estar permitidos». «Yo lo veo como un paso. Si antes se decían en público, ahora se dicen en privado y, puede que dentro de un tiempo, no se digan», ambiciona Pablo, que confía en que este no sea un deseo «demasiado optimista».
Ángel recuerda que si se ha llegado al tabú es gracias al feminismo, un movimiento que «ha conseguido transformaciones profundas». Por eso, subraya, «hay que estar atento». «El feminismo ha perdido inerciay está calando lo contrario. No está perdiendo fuerza el discurso feminista porque esté fragmentado, sino que está cogiendo fuerza el antifeminista», comenta. Blanca lo ejemplifica: «Si hablas de igualdad, todo el mundo te dice que está a favor. Si hablas de antifeminismo, un alto porcentaje te dice que está en contra. Pero poca gente se manifiesta como feminista porque hay miedo a que se te tache de feminazi».
Los jóvenes entienden que cueste identificarse con un término que a su juicio se ha utilizado como «arma política y herramienta de división». «Se ha manoseado», asevera Pablo, que añade: «Para mí, feminismo significa movida». A Lucía le sugiere «igualdad», pero también opina que «hay personas que lo han llevado a tal extremo que están desvirtuándolo».
«Igual que creo que ha sido un movimiento ganador, una de las grandes derrotas del siglo XXI ha sido que no ha conseguido cuajar en la sociedad que el feminismo es igualdad. Se asocia a partidos políticos y causa rechazo», desarrolla Ángel. Los cuatro ponen ideas sobre la mesa como que «se ha perdido el objetivo de la lucha» o que «uno no sabe a qué se compromete si se declara feminista». «Siento que el feminismo ya no está de moda, que ha vuelto con fuerza el cliché de que las feministas son unas aguafiestas», lamenta Ángel.
Los jóvenes repasan las victorias alcanzadas y citan las que quedan por lograr. Temen que los que vienen por detrás de ellos no se sumen a la lucha. «Creo que todo lo que hemos ganado con nuestras generaciones lo estamos perdiendo con las siguientes», expone Lucía, que en redes sociales se ha encontrado con comentarios como «yo quiero ser una mantenida». Otros como Ángel mantienen la esperanza. «Creo que con 80 años estaremos mejor que ahora», dice. La clave, los círculos sociales
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