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La veterinaria aragonesa que vuelve a casa para la reintroducción del lince: "No podemos ir a verlos como quien va a un zoo"

El programa de reintroducción del felino en Aragón cuenta con la veterinaria María José Pérez Aspa, una especialista formada en Lacuniacha que ha trabajado en los centros de cría en cautividad de Andalucía

La veterinaria especializada en linces, María José Pérez Aspas, esta semana en Zaragoza.

La veterinaria especializada en linces, María José Pérez Aspas, esta semana en Zaragoza. / Josema Molina

David Chic

David Chic

Zaragoza

Este mes de marzo llegarán a una finca en el sur de Zaragoza, en la cuenca del río Huerva dos ejemplares de lince ibérico provenientes del centro de cría en cautividad del Acebuche, en Doñana. Para garantizar su bienestar el Gobierno de Aragón ha diseñado un programa de reintroducción en el que participa la veterinaria María José Pérez Aspa una aragonesa que inició su carrera al lado de los linces boreales de Lacuniacha y que ha desarrollado el grueso de su vida laboral en los centros de cría de Andalucía.

«El lince es nuestro gran felino especial y gracias al programa de conservación se está consiguiendo que salga del peligro en el que se ha encontrado durante muchos años y que pase de estar en peligro crítico de extinción a la categoría ahora mismo, cuando se considera vulnerable», explica. Por eso celebra el interés con el que se ha recibido el programa de reintroducción en la comunidad. «Es bueno que se conozca y se vea, que sea un habitante más de nuestra tierra pues ya lo fue en el pasado y no supone ningún problema de convivencia ni con las personas ni con sus actividades», asegura.

La veterinaria sabe que la suelta de Linx y Waka en la finca Acampo Armijo de Torrecilla de Valmadrid ha elevado la curiosidad por esta especie, por lo que trata de rebajar las expectativas turísticas que puedan haberse plantado. «Vamos a intentar establecer una población salvaje con lo cual no podemos ir a verlos como quien va a un zoo», expresa. Por lo menos en los primeros años será difícil detectar su presencia. «Hay que pensar siempre en la diferencia entre ir a intentar ver un animal salvaje a un recinto como Lacuniacha o La Maleza a hacerlo en su hábitat natural, pues hay que hacerlo con el máximo respeto», señala.

Pérez Aspa afronta este nuevo reto en Aragón con optimismo tras una larga etapa en Jaén como preparadora de linces. «He estado trabajando allí desde 2007, en el centro de cría de La Olivilla por lo que para mí es un privilegio formar parte del equipo aragonés que velará por la adaptación al medio de los animales que nacen en cautividad, es como pasar al otro lado», celebra.

Su experiencia como criadora la hace conocer bien los ejemplares que van a llegar a Aragón. Antes de ser liberados, los linces como Waka y Winx pasan por un riguroso proceso para asegurar que saben cazar y, sobre todo, que desconfían de los humanos. «Estos animales en los centros de cría pasan por un proceso de entrenamiento con sus madres en el que se fomenta que puedan desarrollar sus conductas naturales, sobre todo los relacionados con la caza y con las conductas exploratorias», asegura.

El trabajo para establecer una nueva población se extiende durante unos cinco años. El último ejemplo exitoso en la península ha sido en el Cerrato palentino, pues se considera que la adaptación de los linces se consolida cuando se establecen unas quince hembras reproductoras, un momento a partir del que se comienza a velar por la diversidad genética de la especie.

La veterinaria destaca que la cuenta del Huerva es un espacio idóneo para la suelta de estos ejemplares debido a la densidad de conejos que viven en la zona, así como por la aceptación social del proyecto.

Además, desde la comunidad científica se busca asentar grandes poblaciones de estos grandes felinos cada vez más al norte de la península debido a la presión del cambio climático. No se descarta, por ejemplo, ampliar la suelta a zonas como las sierras de Albarracín. «Históricamente el área de distribución del lince siempre ha incluido a Aragón, de hecho la última cita constatada de su presencia fue en 1940 en la foz de Biniés , en plena Jacetania, con notificaciones posteriores hasta los años ochenta», recuerda.

La visión del proyecto ibérico es a largo plazo, buscando que la especie alcance un estado de conservación plenamente favorable en las próximas décadas, buscano que el estado de conservación del lince sea favorable en 2040. Además, la veterinaria es consciente de que si una especie ante la que la ciudadanía siente una gran simpatía logra salir del riesgo de extinción se despeja el camino para recuperar otro tipo de biodiversidad con peor fama. «Tenemos que mantener la paciencia y la ilusión, pues esto es bueno para todos», asegura.

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