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El aeropuerto de Teruel va a ‘petar de éxito’: más suelo, más empresas y una expansión que no se detiene

El director de la terminal, Alejandro Ibrahim, defiende el modelo del aeródromo turolense como un polo industrial en expansión, con capacidad para atraer inversión y cubrir toda la vida útil de las aeronaves

Alejandro Ibrahim, director del aeropuerto de Teruel, en una entrevista junto a Ricardo Barceló, director de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Alejandro Ibrahim, director del aeropuerto de Teruel, en una entrevista junto a Ricardo Barceló, director de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN / Jaime Galindo

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Zaragoza

El aeropuerto de Teruel ya no es un experimento. Tampoco una rareza perdida en el mapa. Es, en palabras de su director gerente, Alejandro Ibrahim, una infraestructura en plena aceleración que “va a petar de éxito”. Lo que nació hace poco más de una década como una apuesta singular, casi a contracorriente, se ha convertido hoy en uno de los polos industriales más dinámicos del sector aeronáutico europeo, capaz de atraer inversión, empresas y actividad en un territorio relegado históricamente a un segundo plano.

Así lo explicó en una conversación con el director de El Periódico de Aragón, Ricardo Barceló, durante el foro celebrado en la capital turolense, un encuentro organizado por este diario y su grupo editor, Prensa Ibérica, en el que se analizó el presente y, sobre todo, el horizonte de crecimiento de una infraestructura que ya ha superado la fase de promesa para entrar en la de expansión.

Las cifras ayudan a entender el momento que vive. El aeropuerto cuenta con 5,5 millones de metros cuadrados —con otro millón en desarrollo— y capacidad para albergar hasta 400 aeronaves, incluidas 250 de doble pasillo, es decir, cerca de un tercio de la flota mundial de este tipo. A ello se suman 18 hangares y naves ya operativas, nuevas plataformas recién estrenadas y proyectos en cartera como el hangar para dirigibles, una instalación única en Europa con una inversión prevista de 40 millones de euros.

Desde su creación en 2006, el aeropuerto ha movilizado más de 170 millones de euros de inversión público-privada y ha ido construyendo un ecosistema que ya genera alrededor de 1.000 empleos directos y otros 2.000 indirectos. Pero, más allá de las cifras, Ibrahim quiso explicar las claves del modelo.

“Hay cinco vectores fundamentales”, resumió. El primero, la especialización, basada en la apuesta desde el inicio por la industria aeronáutica frente al tráfico de pasajeros. El segundo, el espacio, entendido como una ventaja competitiva en un entorno con margen real de crecimiento. El tercero, la climatología, que favorece la operativa. El cuarto, la colaboración público-privada. Y, por último, la capacidad de adaptación a las necesidades de las empresas. “Nosotros no imponemos un modelo de negocio; lo crean las empresas y nosotros nos adaptamos”, subrayó.

Ese enfoque ha permitido atraer a una quincena de compañías instaladas de forma permanente, pero también a un tejido mucho más amplio de empresas auxiliares. “No son solo las que están aquí, sino las que trabajan con ellas. Estamos hablando de cientos de empresas vinculadas a la actividad del aeropuerto”, explicó.

Talento, el siguiente salto

Uno de los grandes retos es el talento. En este punto, Ibrahim celebró la implantación en Teruel del grado de Ingeniería Aeroespacial, una novedad en Aragón que considera “un antes y un después” para el aeropuerto. “El talento escasea en toda Europa, especialmente en el sector aeronáutico y espacial. Que se formen aquí 50 alumnos al año va a reforzar claramente el ecosistema”, señaló.

Frente al impacto de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, el director del aeropuerto se mostró optimista. “Nos hará más eficientes, pero no va a destruir empleo; nos permitirá hacer otras cosas”, afirmó.

Un sector cíclico y con demanda

El aeropuerto opera en un sector marcado por los ciclos económicos y geopolíticos. Ibrahim repasó crisis recientes —la financiera, la pandemia, la guerra de Ucrania o las tensiones en Oriente Medio— para subrayar que la actividad se adapta, pero no desaparece. “Siempre hay necesidad: volar por turismo o por negocio, reciclar aviones, mantener flotas…”, explicó.

En este sentido, destacó el enorme potencial de trabajo que ha de cara al futuro. Hasta 15.000 aeronaves deberán ser recicladas en los próximos 15 años, a lo que se suma el incremento en la fabricación de nuevos aviones. “Ya a día de hoy tenemos una carga de trabajo ingente”, afirmó.

Un aeropuerto de ciclo completo

La visión a medio plazo pasa por convertir Teruel en un centro capaz de cubrir todo el ciclo de vida de una aeronave. “Desde que se construye hasta que se recicla: operar, mantener, pintar, desmantelar… todo puede pasar aquí”, explicó Ibrahim, que también apuntó a nuevas líneas como los dirigibles o las plataformas espaciales.

El aeropuerto que comenzó en 2012 con el desmantelamiento de aviones se proyecta ahora como un nodo industrial integral. “Se trata de ampliar ese abanico. Más aviones, más innovación, más hangares”, resumió. Un ritmo de crecimiento que obliga ya a pensar en la siguiente ampliación.

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