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Los agricultores aragoneses se plantan ante la nueva crisis energética y la especulación con el gasóleo: "Nos están asfixiando"

Un centenar de profesionales del campo se concentran, convocados por UAGA, Asaja, UPA y Araga, a las puertas de Exolum en Mozalbarba, la empresa encargada del transporte y el almacenamiento de hidrocarburos, para denunciar el impacto de la guerra en Oriente Próximo en sus costes de producción y exigir medidas urgentes contra la especulación

Protesta de los agricultores por la subida del precio del carburante

RUBÉN RUIZ

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Zaragoza

La guerra en Oriente Próximo, desatada tras la intervención impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a Israel, ha abierto una crisis energética de alcance global que ya golpea con fuerza al campo aragonés. La escalada del precio del petróleo y la inestabilidad en rutas clave como el estrecho de Ormuz han encarecido de forma abrupta los carburantes y los fertilizantes, dos pilares básicos de la actividad agraria. En un sector altamente dependiente de la energía y con márgenes cada vez más estrechos, el impacto está siendo inmediato y, según advierten las organizaciones agrarias, puede tener consecuencias estructurales si no se actúa con rapidez.

Con este telón de fondo, un centenar de agricultores y ganaderos se han concentrado este viernes por la mañana en el barrio rural zaragozano de Monzalbarba, a las puertas de las instalaciones de Exolum (antigua CLH), desde donde se distribuyen los carburantes en Aragón. La movilización, convocada por UAGA, Asaja, UPA y Araga, ha servido para visibilizar un malestar creciente ante lo que consideran una tormenta perfecte, con costes disparados, mercados tensionados y una sensación de desprotección ante un conflicto geopolítico ajeno, pero con efectos directos sobre sus explotaciones.

El primero en tomar la palabra en la protesta ha sido el secretario general de UAGA, José María Alcubierre, quien ha advertido de que el sector se encuentra en una “situación límite” agravada en las últimas semanas por el estallido del conflicto. El gasóleo agrícola ha pasado de 85-90 céntimos a 1,50 euros por litro, en tres semanas, según ha detallado, mientras que los fertilizantes nitrogenados también se han encarecido en plena campaña.

A ello se suma el parón de exportaciones, como el de la alfalfa hacia países árabes, debido a las dificultades logísticas en la zona. Alcubierre ha denunciado además un “abuso generalizado” de las empresas de hidrocarburos, con subidas inmediatas tras el inicio de los bombardeos pese a tratarse de producto ya almacenado, y ha reclamado la intervención de los organismos reguladores. “Somos un sector imprescindible y nos están dejando a los pies de los caballos”, ha lamentado, insistiendo en la necesidad de políticas estructurales que protejan el modelo de explotación familiar.

Un sobrecoste de 9.000 euros

En la misma línea, el secretario general de Asaja Aragón, Ramón Solanilla, ha cifrado en unos 9.000 euros el sobrecoste medio por explotación derivado del encarecimiento de insumos en apenas una semana. “Es una situación vergonzante”, ha afirmado, alertando de que muchas explotaciones, especialmente en el cereal, podrían cerrar el ejercicio en números rojos.

Solanías ha considerado insuficientes las medidas que se barajan, como la rebaja del IVA, y ha reclamado la supresión de impuestos sobre carburantes y ayudas directas para los sectores más afectados. También ha advertido del impacto en la alfalfa, cuyas exportaciones hacia Oriente Próximo se han visto prácticamente paralizadas.

Desde UPA, su secretario general en Aragón, José Manuel Roche, ha coincidido en señalar el componente especulativo de la escalada de precios. Aunque ha valorado las ayudas que previsiblemente aprobará el Gobierno de España, ha advertido de que serán insuficientes si no se actúa sobre los operadores del mercado.

“No puede ser que estuviéramos pagando el gasóleo a 0,92 euros antes de la guerra y en dos días esté a más de 1,60”, ha denunciado. Roche ha alertado también de prácticas como la paralización de suministros o la venta de combustible no afectado aún por el conflicto a precios inflados, y ha reclamado medidas contundentes de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. “No podemos ser los paganos de un conflicto geopolítico ajeno a nuestros intereses”, ha subrayado, exigiendo además ayudas sostenidas durante todo el tiempo que dure la crisis.

Guerras y especulaciones

Por su parte, el presidente de Araga, Federico Lorente, ha puesto el foco en el carácter estructural del problema y en la vulnerabilidad del sector ante crisis internacionales. Ha denunciado que los agricultores están asumiendo “injustamente” los costes de una guerra en la que no tienen responsabilidad, y ha acusado a las multinacionales de aprovechar el contexto para incrementar márgenes.

“El gasóleo que estaba en las instalaciones ya ha subido de precio horas después del conflicto”, ha criticado. Lorente ha reclamado, además de medidas urgentes, una estrategia a largo plazo que incluya reservas energéticas suficientes para amortiguar futuras crisis. “No podemos seguir dependiendo de guerras y especulaciones”, ha advertido, alertando de que el cierre de explotaciones y la falta de relevo generacional amenazan la supervivencia del medio rural.

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