Ser 'intolerante' al wifi y los teléfonos móviles en plena era digital desde Aragón: "Vivir con nosotros es complicado"
Joaquín Sanz, extécnico de Endesa, fue el primer trabajador español en lograr la incapacidad por accidente de trabajo tras ser diagnosticado de hipersensibilidad electromagnética

Joaquín Sanz, primer español en obtener la incapacidad permanente a raíz de la electrosensibilidad. / Servicio Especial

Joaquín Sanz atiende la llamada de este diario desde un pequeño pueblo turolense. Lo hace con unos auriculares de aire y a tres metros del teléfono móvil, de cuyas ondas electromagnéticas lleva intentando aislarse más de 15 años. A sus 66 años, acaba de jubilarse, aunque llevaba sin trabajar desde 2019, cuando consiguió, tras casi una década de lucha, que un juez le diese la incapacidad permanente. En ese caso, por accidente de trabajo. ¿El motivo? La hipersensibilidad electromagnética (EHS), la "patología" que sufre desde hace años, no está reconocida como enfermedad en España ni por la Organización Mundial de la Salud (que reconoce los síntomas como reales pero asegura que no existe una base científica para relacionarla con la exposición electromagnética), lo que dificulta tanto el diagnóstico como su reconocimiento sociolaboral.
"Yo jamás dudaría de quien es intolerante a la lactosa. Lo que pasa es que a esa persona le detectan lo que le pasa y le dan una solución, y deja de tomar lactosa y ya está. En mi caso, en plena era digital, me es imposible aislarme completamente de los campos electromagnéticos y, además, tardaron años en saber qué es lo que me pasaba", recuerda Sanz, que vive en una casa adaptada, donde la conexión digital se encuentra aislada en una habitación blindada y pintada con grafito. "Vivir con nosotros es complicado, porque que venga una visita y tenga que apagar el móvil no es sencillo de explicar ni entender", admite.
Sanz comenzó a notar una serie de síntomas allá por 2009. Inconexos a primera vista, tras más de 20 años trabajando como técnico superior de Sistemas y Telecomunicaciones en Endesa, el turolense comenzó a notar picores que le derivaban a un dermatólogo que no daba con la causa; dolor óseo que le llevaban a varios especialistas que tampoco encontraban el origen; acúfenos que tampoco solucionaban los otorrinos, taquicardias que no respondían a problemas cardíacos... Así, hasta que le derivaron a varios psiquiatras, que determinaron que tampoco existía ningún tipo de enfermedad mental.
Tras varios años con esta suma de síntomas, que anticipaban algún tipo de relación, Sanz acabó en el Hospital Clínic de Barcelona, donde está la Unidad de Síndromes de Sensibilización Central, especializado sobre todo en cuatro campos: la fatiga crónica, la fibromialgia, la sensibilidad química múltiple y la electrosensibilidad. Las tres primeras, reconocidas como patologías orgánicas. La cuarta, la que sufre Joaquín Sanz, no. Y es que hoy por hoy no existe una prueba diagnóstica que permita detectar la electrosensibilidad, por lo que debe hacerse a través de la sintomatología presentada, descarte de potologías añadidas y cuadro médico.

Entrada al Hospital Clínic de Barcelona, donde se encuentra la Unidad de Síndromes de Sensibilización Central. / César Cid
"Ahí fue donde, por fin, dieron con el diagnóstico. Fue un alivio, pero luego tocaba encajarlo en mi entorno social y laboral", expresa, para subrayar seguidamente: "Tener el apoyo de tu familia, como lo he tenido, tiene una importancia superlativa, porque que no te comprendan ni los tuyos es una putada. Conozco casos de parejas que han terminado separándose".
Cambio de vida
Tras obtener el resultado médico, habló con la empresa para intentar estar en sitios con una menor exposición. Su vida laboral le había llevado a Madrid, primero, coincidiendo con el Efecto 2000; y a Zaragoza, después. "Estaba en sitios con 2.500 ordenadores", recuerda Sanz, que pasó los siguientes años de su vida a caballo entre el teletrabajo y las bajas de mayor o menor duración, hasta que puso su situación en manos de un abogado, Pedro José Jiménez Usán.
En 2019, tras muchas idas y venidas, Sanz se convirtió en el primer trabajador de España en lograr una sentencia ratificada por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) con la EHS relacionada con un accidente de trabajo. Un precedente histórico que acaba de cumplir siete años. Pero al turolense la vida ya le había cambiado para siempre. "Tenía una casa en Samper de Calanda y pedí permiso, cuando estaba de baja, a la Administración con competencia en Salud para irme ahí. Me dijeron que no había problema mientras fuese a Zaragoza a ir firmando los papeles", rememora.
De esta forma, Sanz vendió su piso en la capital aragonesa y, años después, encontró un lugar aún más alejado de la radiación, con apenas 45 habitantes y no demasiado lejos de la localidad turolense. "Fueron años muy duros y de muchísimo desgaste, físico y emocional. Porque no es fácil explicar a un médico qué es la electrosensibilidad, cuando es algo que jamás había estudiado en su carrera de Medicina, y que cuando te alejas de un entorno laboral lleno de campos electromagnéticos, te empiezas a encontrar mejor; y cuando regresas a de nuevo a ese entorno todos esos síntomas regresan". "No es fácil despertarte y no tener ni siquiera energía para irte a ningún sitio, o tener que ir a urgencias a mitad de jornada laboral, ya que otro de los síntomas más comunes es la niebla mental y la imposibilidad de recordar las cosas", prosigue el trabajador.
En busca del reconocimiento
A raíz de su caso, que tuvo repercusión a nivel nacional, el turolense comenzó a moverse para avanzar en el reconocimiento de la EHS como enfermedad a través de la Asociación de Electro y Químico Sensibles (EQSDS) de la que formó parte de su directiva. Tanto a nivel autonómico, donde incluso llegó a debatirse y aprobarse una PNL en la comisión autonómica de Sanidad que proponía medidas como, por ejemplo, incorporar el internet en las aulas cableado y no por wifi -y que no se ha desarrollado-; como a nivel nacional, con una petición, hace ahora dos años, al Ministerio de Sanidad para que, además de reconocer la electrosensibilidad como una patología orgánica, se delimitasen las zonas blancas donde pueden vivir mejor, que tampoco ha ido a más.
"Nosotros somos parias, pero es que quien tiene fibromialgia también, porque tiene que ir a Barcelona, que es donde está la unidad donde diagnosticaron mi caso. En Aragón no hay nada, aunque tengo que reconocer que me encontré con verdaderos profesionales en todo este recorrido, pero es que en Madrid tampoco", lamenta Sanz, que recuerda que, con un problema como el suyo, "no puedes currar porque literalmente no te levantas". "Estuve más de 40 años trabajando y, antes de que me pasase esto, durante 38 años no conocí lo que era una baja laboral", asegura el extécnico de Endesa, que llama a tomar medidas "proactivas" para prevenir que otros pasen por su situación y, si les toca vivirlo, al menos que puedan ponerle remedio sabiendo a lo que se enfrentan.
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