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CLÚSTER DE ECONOMÍA CIRCULAR DE ARAGÓN

Jesús Alijarde (Circlear): «Si vas solo irás rápido, pero si vas acompañado, llegarás lejos»

El presidente del clúster destaca que esta iniciativa nace de la necesidad de aglutinar las inquietudes y visiones de futuro

Jesús Alijarde, presidente del Clúster de Economía Circular de Aragón.

Jesús Alijarde, presidente del Clúster de Economía Circular de Aragón. / SERVICIO ESPECIAL

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El Periódico de Aragón

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El Clúster de Economía Circular de Aragón nació hace apenas dos meses. ¿Qué necesidad viene a cubrir y con qué objetivos?

El clúster surge de la necesidad de las propias empresas de aglutinar sus inquietudes, problemas, alternativas y visiones de futuro. De esa preocupación individual nace la voluntad de crear una asociación en la que las entidades a las que les afectan los principios de la economía circular —y que están preocupadas por su aplicación real— rompan un poco el esquema de trabajar por separado y encuentren una solución colectiva. Así, todas contribuyen a construir una mejor economía y una sociedad basada en los principios de la economía circular.

¿Qué tipo de entidades lo integran hoy?

Fundamentalmente son empresas privadas, sobre todo pymes, y alguna gran empresa. También hay varios centros tecnológicos, como CIRCE y el ITA. Nos gustaría, además, que se sumaran más administraciones, especialmente ayuntamientos, que son quienes más tienen que decir en el desafío de los residuos sólidos urbanos.

En términos prácticos, ¿qué ventajas tiene para una empresa sumarse al clúster frente a abordar la circularidad solos?

Hay un proverbio que dice que «si vas solo irás rápido, pero si vas acompañado, llegarás lejos». Y se trata de eso: superar las barreras que existen en la sociedad, la economía y también en el plano tecnológico. El beneficio para una empresa es colaborar con otras distintas, que aportan puntos de vista complementarios.

Aunque es un proyecto joven, ¿han puesto ya en marcha alguna iniciativa o proyecto piloto?

El clúster cuenta con apenas dos meses de vida y todavía no hemos podido formalizar ningún proyecto, pero tenemos muy claras nuestras tres líneas de actuación.

La primera es la didáctica: formación y divulgación. Queremos organizar mesas informativas, charlas y ponencias para comunicar temas de economía circular que están de plena actualidad. Por ejemplo: la separación de residuos en origen, el contenedor orgánico, el biogás, los envases y embalajes o el sistema de depósito, devolución y retorno.

En segundo término, nos gustaría poner en marcha proyectos de cooperación, donde varias empresas de un mismo sector se alíen para resolver un reto común.

Y la tercera pata consiste en ayudar a las empresas a aplicar la nueva normativa medioambiental.

¿Qué metas se han marcado a medio y largo plazo?

A nivel personal, me gustaría que de aquí a dos años todos los agentes de la sociedad —incluyendo empresas, entidades y ciudadanía— entiendan que los principios de la economía circular son una necesidad, más que una obligación.

Necesitamos mejorar la economía, nuestro desempeño ambiental y la reducción de residuos. Con todo ello conseguiremos potenciar la competitividad de nuestra comunidad frente a otras regiones o países.

CIRCE, Aitiip y el ITA forman parte del clúster. ¿Qué papel espera que jueguen estos institutos? ¿Se plantean proyectos piloto que puedan escalar y aplicarse en empresas reales?

Sin lugar a dudas. Tanto el ITA como CIRCE como Aitiip, que son los tres socios tecnológicos, tienen un papel esencial en la economía circular, y su presencia es estratégica.

Al final, uno de los grandes elementos de los clústeres es la innovación: resolver desafíos empresariales a través de soluciones innovadoras, y esa innovación llega con el apoyo de los institutos tecnológicos.

El objetivo es superar las barreras que existen en la sociedad, la economía y en el plano tecnológico

Jesús Alijarde

— Presidente del Clúster de Economía Circular de Aragón (Circlear)

Aragón tiene una larga tradición de clústeres y Circlear es ya el número 19. ¿Van a replicar modelos que han funcionado en otros sectores para estructurar la actividad?

Sí, sin lugar a dudas. Hemos elegido la figura de Asociación Sin Ánimo de Lucro siguiendo los principios del modelo clúster porque en Aragón se ha demostrado que funciona.

Vamos a trasladar al clúster de economía circular aquellas prácticas que mejor funcionan en términos de gobernanza y de eficacia en la gestión: grupos o comisiones de trabajo, jornadas de participación y también acciones conjuntas con otros clústeres de Aragón.

La circularidad requiere inversión y, a veces, cambios de procesos. ¿Cómo piensan financiar proyectos?

El clúster se nutre, como cualquier otra asociación, de las cuotas de los socios. Eso nos permite trabajar a largo plazo sin depender exclusivamente de convocatorias.

También aspiramos a contar con fondos públicos y a presentarnos a proyectos de carácter internacional, como Horizonte Europa o programas de cooperación interterritorial.

Por supuesto, no olvidamos las convocatorias nacionales ni las oportunidades en Aragón, que podrían canalizarse mediante colaboraciones con el Gobierno de Aragón.

Nuestra aspiración es clara: que dentro de dos o tres años se entienda que la inversión en economía circular tiene un retorno positivo y aporta más valor a las empresas.

En su experiencia, ¿cuáles son hoy los principales frenos para que las empresas adopten la economía circular?

El primero es el desconocimiento y la falta de formación. Cuando se habla de economía circular, a mucha gente le viene a la cabeza la gestión de residuos, pero es mucho más. El desafío está en comprenderla y en que las pequeñas empresas sepan cómo incorporarla en su día a día. Eso queremos abordarlo con formación y divulgación.

El segundo freno es la inversión. El retorno de la economía circular tiene que ver con la confianza del consumidor o la fidelización de clientes y, a veces, las empresas no perciben tan claro el beneficio como cuando invierten en nuevas máquinas o instalaciones.

El tercero es la percepción del precio: seguimos valorando el precio como elemento fundamental en una compra. Cuando adquirimos un bien o un servicio, lo primero que preguntamos es cuánto vale. Pero debemos fijarnos también en el impacto que hay detrás y en los beneficios que puede aportar la circularidad.

La formación es un factor clave, pero la oferta educativa específica sobre economía circular todavía es limitada. ¿Qué carencias detectan y cómo podría impulsarse?

El reto de la formación es constante y afecta a todos los sectores. La economía y la sociedad han evolucionado muy rápido y, en ocasiones, los contenidos educativos ya no se ajustan al perfil profesional que se demanda. Por eso es necesario apostar por la educación y por la formación de los perfiles que las empresas requieren.

Nos gustaría abordarlo desde la escuela, con cambios en los currículos para que este modelo productivo se aprenda en las aulas desde edades tempranas.

También creemos que podrían impulsarse cursos formativos de la mano del INAEM para mejorar las capacidades tanto de personas desempleadas como ocupadas.

Y, en la vía universitaria, está en nuestro horizonte la creación de másteres o estudios propios, con formación más específica: por ejemplo, con expertos en economía circular aplicada al mundo del plástico o de los aparatos electrónicos, entre otros ámbitos.

Mirando al futuro, ¿cómo imagina el tejido empresarial aragonés dentro de cinco o diez años? ¿La economía circular será un estándar transversal o seguirá concentrándose en sectores concretos?

Veo el futuro tejido empresarial aragonés muy bien: la situación económica de la región es buena y nos espera un horizonte prometedor. Ahora bien, si conseguimos en estos cuatro o cinco años incorporar los principios de economía circular en todas las cadenas de valor de la economía aragonesa, iremos especialmente bien, porque seremos mucho más competitivos frente a otras comunidades autónomas y regiones de Europa.

Soy muy optimista, dentro de cinco años estaremos mucho mejor que ahora, no solo a nivel económico, sino también en desarrollo social y calidad de vida.

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