Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Así se siente la Semana Santa en la piel de una cofrade minutos antes de la procesión: "Hay que vivirlo"

Tensión, nervios y mucha emoción es lo que siente Verónica Virgos (23 años), miembro de la Cofradía de la Columna, antes de salir de procesión con su timbal, a pesar de llevar ya una década tocando

Preparación previa a la procesión de Semana Santa de la Cofradía del Señor Atado a la Columna en la Iglesia de Santiago

Miguel Ángel Gracia

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Las procesiones de la Semana Santa de Zaragoza son una de las partes más impresionantes de esta celebración religiosa. El ritmo de los tambores, bombos y del resto de instrumentos avanzan al unísono junto a los pasos impulsados por una misma pasión, creando una imagen impactante llena de solemnidad y devoción que atrae la mirada de los fieles y los visitantes más curiosos.

Desde fuera parece todo más sencillo, como si todos los cofrades hubieran nacido para ello y tuvieran un don, pero, ¿alguna vez se han preguntado cómo se viven esos instantes antes de salir? En ese momento todas las horas, meses e incluso años de ensayos que hay detrás se condensan en unos pocos minutos en los que todo debe salir a la perfección.

Verónica Virgos, miembro de la sección instrumental de la Cofradía de la Columna de Zaragoza, cumple este año una década tocando el timbal. Una larga experiencia, a pesar de tener tan sólo 23 años, que le ha permitido vivir esta festividad en su ciudad desde dentro, sintiendo el latido de la Semana Santa año tras año sin perder nunca la pasión y las ganas, afrontando cada procesión con la ilusión de una niña que toca por primera vez. "Por mucho que intente describir cómo se siente es muy difícil entender lo que es, a no ser que lo vivas de verdad", señala.

Tensión y nervios antes de desfilar

Minutos antes de la procesión, a la hora de colocarse la túnica, el capirote, el timbal u otro tipo de instrumento; comienzan a aparecer los nervios. Una sensación que a pesar de los años de experiencia siempre vuelve, incluso los más veteranos lo viven como si se tratará de su estreno, es algo inevitable. “Hay un poco de tensión en que salga una buena procesión, que no haya ningún incidente con el tiempo, los pasos, los instrumentos... es mucho más que salir a tocar a la calle y ya”.

Esa tensión se va transformando conforme trascurre el tiempo y se acerca la hora de desfilar. En ese momento, se acumulan las emociones creando un sentimiento difícil de explicar. “Es una mezcla entre alegría, por salir a las calles a mostrar nuestras marchas y pasos después de tanto ensayo, y tristeza porque después de terminar hay que esperar un año otra vez para poder volver a vivirlo”, explica Verónica.

Cuando la procesión ya esta avanzada y está llegando casi a su fin, una vez se ha terminado el redoble de los tambores “mientras ves pasar a la Virgen y el Cristo de la cofradía, se siente una emoción indescriptible, se te eriza la piel con el sonido de los instrumentos y terminas prácticamente llorando por una mezcla de cansancio por las horas de procesión y emoción porque haya salido todo bien”.

Esfuerzo, disciplina y mucha pasión

En la Cofradía de la Columna, preparan estos días con mucha dedicación. La sección instrumental comienza a ensayar ya en San Valero, a finales de enero, y sigue durante todos los fines de semana hasta llegar al Domingo de Ramos.

A todo esto hay que añadirle también las reuniones entre cestros y jefes de secciones para que todo vaya bien, los ensayos con la peana y el piquete y las semanas de antes para preparar las imágenes y los pasos que salen en procesión. Una preparación sacrificada y trabajo duro con una fecha en el horizonte que se ve reflejada en el sentimiento que se siente al ver el trabajo bien hecho.

Tracking Pixel Contents