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La guerra en Oriente Medio pasa factura al papel y ya le cuesta hasta 30 millones al mes a Saica

El encarecimiento de la energía, la escalada de los costes logísticos y la tensión en las materias primas golpean a uno de los puntales de la industria aragonesa

Vista aerea del poligono El Espartal en El Burgo de Ebro, donde se ubica Saica.

Vista aerea del poligono El Espartal en El Burgo de Ebro, donde se ubica Saica. / Saica

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Zaragoza

La guerra en Oriente Medio ha abierto un nuevo frente económico para la industria aragonesa. Lejos del ruido geopolítico, el conflicto bélico está dejando ya una factura concreta en uno de sus sectores más estratégicos: el papel y el cartón. El encarecimiento del gas y la electricidad, la escalada de los costes logísticos y las tensiones en la cadena de suministro están elevando de forma simultánea la presión sobre las empresas en un momento en el que la competitividad ya estaba condicionada por los altos costes estructurales. El impacto, según las estimaciones del sector, ronda entre los 20 y los 30 millones de euros mensuales para grandes compañías como la zaragozana Saica.

La cifra refleja la dimensión de una crisis que vuelve a poner a prueba la resistencia de esta industria especializada. El golpe se deja sentir con especial intensidad en Aragón, donde el papel constituye uno de los principales motores industriales. La comunidad concentra en torno al 34% de la producción nacional, con ocho centros productivos y cerca de 1.900 empleos directos, además de un peso exportador muy relevante. Grandes grupos como Saica, DS Smith, Lecta, Navigator o Tronchetti han configurado un ecosistema industrial que sitúa a la comunidad como uno de los grandes polos papeleros del sur de Europa.

En ese mapa destaca Saica, el mayor fabricante de papel y cartón de España, que actúa como termómetro del sector. La compañía constata ya un impacto «muy relevante» derivado de la inestabilidad geopolítica, que se canaliza por tres vías. «Las tensiones en Oriente Medio nos afectan principalmente por el incremento de los costes energéticos, el encarecimiento de la logística y un efecto indirecto sobre la demanda», explican fuentes del grupo que preside Susana Alejandro.

La energía vuelve a situarse en el centro del problema. Desde Aspapel, la patronal española del papel y el cartón, recuerdan que supone en torno al 30% de los costes operativos de una fábrica, lo que convierte cualquier repunte en un golpe directo a la cuenta de resultados. «El encarecimiento del gas está teniendo un impacto muy relevante en la competitividad de la industria papelera española», advierte Manuel Domínguez, director general de la asociación empresarial. En un contexto global, añade, «el diferencial de costes energéticos frente a otros países puede influir incluso en la localización de inversiones».

Ese diagnóstico coincide con el de Saica, que alerta de la volatilidad de los precios del gas y la electricidad en un contexto marcado por el conflicto. «Para una compañía intensiva en energía, cualquier repunte sostenido tiene un impacto muy significativo, que se suma al ya vivido durante la crisis de 2022–2023», subrayan desde la mayor multinacional de capital aragonés.

Impacto en el transporte

El segundo frente es el logístico. Las tensiones en rutas clave como el entorno del estrecho de Ormuz o el mar Rojo están alterando los flujos comerciales y encareciendo el transporte. «Los fletes internacionales han experimentado subidas muy significativas, de entre el 25% y el 150% según el destino», detallan desde Aspapel. A ello se suma el incremento del transporte por carretera, impulsado por el precio del combustible.

Saica confirma ese impacto en su operativa diaria. «Los episodios de bloqueo o desviación de rutas están encareciendo los fletes y alargando determinados tráficos marítimos, lo que afecta tanto a la estructura de costes como al servicio a nuestros clientes», señalan.

La presión se extiende además a las materias primas. El sector empieza a notar problemas de disponibilidad y aumentos de precios en suministros clave. «La escasez de materias primas directas, e incluso de las que dependen nuestros propios proveedores, está complicando la disponibilidad y generando incrementos de precios», apuntan desde la compañía aragonesa, que advierte de «graves consecuencias en la cadena de suministro».

El impacto alcanza también al lado de la demanda. La industria papelera, estrechamente vinculada al consumo, percibe ya el efecto de la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. «Nuestra actividad está directamente relacionada con el consumo, y la inflación derivada de los altos precios de la energía y los tipos de interés termina trasladándose a nuestros mercados», explican.

En términos económicos, el golpe empieza a cuantificarse. Desde Aspapel estiman que el impacto energético derivado del alza del gas se sitúa entre 20 y 30 millones al mes para la grandes grupos industriales, una cifra a la que hay que sumar el encarecimiento logístico y otros costes asociados. «El impacto final será sensiblemente superior», sostiene Domínguez. Saica coincide en ese diagnóstico. «Esa estimación refleja el orden de magnitud del problema que afronta la industria papelera», afirman desde el grupo.

Nueva caldera de biomasa

Ante este escenario, las empresas están reforzando sus estrategias de resiliencia. «Estamos intensificando el esfuerzo para mantener la actividad en todos los eslabones de la cadena de valor y no paralizar las operaciones», explican desde Saica. Entre las medidas, destacan el impulso de la cogeneración de alta eficiencia, la valorización de residuos en clave de economía circular y la apuesta por alternativas energéticas como la biomasa, con proyectos en marcha como la nueva caldera en El Burgo de Ebro, que prevé ponerse en marcha antes de que acabe el año.

A medio plazo, el sector reclama una respuesta más ambiciosa. «Necesitamos avanzar hacia soluciones estructurales que garanticen la competitividad», sostienen desde Aspapel, al tiempo que piden reforzar los mecanismos de compensación para la industria electrointensiva y medidas específicas para mitigar el impacto del gas. El objetivo es evitar que una crisis coyuntural termine erosionando la base de una industria que es un puntal para Aragón.

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