Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

David Briceño, seminarista y cofrade en Zaragoza: "A los jóvenes nos llama mostrar sin miedo nuestra fe a los demás"

El joven zaragozano comparte cómo vive la Semana Santa, de la que es partícipe desde pequeño y en la que percibe que cada vez hay más participación juvenil

Cofrades de La Dolorosa durante la procesión del Encuentro del Miércoles Santo, la semana pasada.

Cofrades de La Dolorosa durante la procesión del Encuentro del Miércoles Santo, la semana pasada. / Josema Molina

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Zaragoza despide la Semana Santa y deja atrás la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Pero hay en jóvenes como David Briceño (2002), que desde hace tres está en el seminario y desde que tiene 12 es cofrade en La Dolorosa (Hermandad de San Joaquín y de la Virgen de los Dolores) que la fe reside, que continúa durante los días de Pascua y también durante el resto del año.

"Creo que ese es el reto con los jóvenes. Que la Semana Santa no se quede en cinco días intensos, sino que el encuentro con Cristo les lleve a transformar su vida para vivir con él y acompañarlo todos los días. Porque si una semana nos apasiona vivir con Cristo, toda la vida todavía más", apunta. El zaragozano percibe que hay "más presencia joven" tanto dentro de las cofradías como siguiéndolas, algo que vincula a "lo social" -"A los jóvenes les mueve el estar en la calle con amigos viendo las procesiones", señala- y también a que se realizan preguntas de trascendencia y buscan "un sentido a la vida".

Es también lo que le sucedió a él. David comparte que hace unos cinco años comenzó a participar en las actividades de la parroquia de Santa Engracia de Zaragoza y en grupos católicos de jóvenes como Hakuna o Effetá, ahora en auge, y ello le llevó a tener un encuentro con Dios. Fue entonces cuando se planteó la vocación, que según explica es "preguntar al Señor qué quiere de ti". "El Señor tiene pensado algo para cada uno", expresa.

"Empecé a leer, a interesarme, a vivir mucho la fe y puse a Dios en el centro de mi vida", indica el joven. David cuenta que le preguntó al Señor "qué tenía pensado" para él y qué le iba a producir una "sonrisa plena", y con esa cuestión fue "enamorándose" del Señor, acudiendo cada día a orar, "cuidando la misa diaria, rezando el rosario", acercándose a la Virgen y a otros sacerdotes. "Llegué a la conclusión de que quería para mi esa vocación sacerdotal, entregarle mi vida en el sacerdocio por amor a él y por amor a los hombres", comparte. David terminó la carrera de Derecho para después entrar en el seminario, una decisión que tomo poco a poco y que se va reafirmando en el camino.

El joven relata que su vocación sacerdotal es una entrega a Dios por amor "para la salvación de las almas". "Cuando conoces el amor de Dios, que no hay amor más grande que ese, te enamoras de él igual que te puedes enamorar de una chica y le entregas tu vida", expone. Reconoce que "toda entrega tiene su renuncia", pero asegura que en su caso personal es mayor "la ganancia". "Cristo dio su vida por amor y el sacerdote tiene que dar su vida por amor porque es imagen de Cristo", cuenta.

Por eso, desde que se encontró con el Señor vive la Semana Santa de una forma "nueva" y "renovada" cada año. "Al final, cuando a todo le das un sentido sobrenatural, te abruma y te asombra todavía más", opina. David comparte que, ahora, durante los días de celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo busca también tener momentos de oración, silencio y ofrecimiento. "Es una riqueza no quedarte meramente en tocar el tambor o salir a la calle por salir, sino ir al sentido, a la raíz", opina.

Esa entrega es también para él una llamada a los jóvenes a participar en la Semana Santa de la ciudad. "(Esos días) convertimos Zaragoza en una manifestación pública de la fe, en una catequesis pública, un evangelio, y en cada paso, en cada cofradía, se puede contemplar y ver esa trascendencia", relata para compartir que el objetivo es no quedarse solo en la imagen sino "mirar lo que ha hecho Dios" por los demás. "Eso no puede dejar indiferente a nadie", opina.

Por eso, considera que la Semana Santa y sus procesiones facilitan la vivencia de la fe a los jóvenes. "Al joven le llama mostrar sin miedo su fe a los demás, y el cofrade hace pública su fe en la calle. Eso al joven le atrae", afirma, y asocia el "auge de lo espiritual" en los jóvenes, también, a que ahora hay "una connotación más positiva" de elo. "Los jóvenes se acercan a ello de una manera un poco más nueva y les sorprende y les gusta porque, al final, de lo que habla de la Semana Santa es del misterio más grande de amor que ha habido en la tierra, que es la entrega de Dios en la Cruz por amor a los hombres". "Los jóvenes buscan amar y ser amados, y si lo encuentran en Cristo, pues qué mejor manera", dice.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents