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Aragón, pendiente del acuerdo entre PP y Vox: Yo decido, tú pactas

PP y Vox exprimen sus eternas conversaciones por la gobernabilidad de Aragón sin mirar al reloj y con el calendario con el único día marcado del 3 de mayo

Alejandro Nolasco, concentrado, tras su compañero de Vox Carlos Hernández Quero.

Alejandro Nolasco, concentrado, tras su compañero de Vox Carlos Hernández Quero. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

Zaragoza

Las conversaciones entre PP y Vox por alcanzar la gobernabilidad de Aragón viven en el limbo de suceder y no, con muchas en secreto y hasta ahora solo una pública. Un encuentro con declaraciones del que se pudo afilar poco y conocer menos del qué, el cómo, el cuándo o el porqué Jorge Azcón y los enviados de Santiago Abascal a Zaragoza tendrán pacto. «No hay titular», ironizaba algún líder de la ultraderecha en esa comparecencia del pasado martes.

Pero algo sí había. Vox consiguió meter en las informaciones que se había hablado de inmigración y seguridad, dos caballos de batalla de la permanente campaña electoral en la que vive la ultraderecha. También la rebaja fiscal, con la que ha martirizado al PP en la segunda mitad de esa legislatura de final abrupto que tuvo su colofón el pasado 8F. Y por el camino, la vivienda, el drama social y el problema político al que nadie encuentra solución, pero en el que todos los partidos buscan filón y en Vox tiene el nombre de Carlos Hernández Quero.

El mencionado Hernández Quero y el archiconocido José María Figaredo fueron los escoltas de un Alejandro Nolasco que se sienta en la mesa negociadora para poner ADN aragonés en Vox, pero que se sabe ejecutor de los mandatos de Madrid. Por encima de ellos Montserrat Lluis, la mujer que controla los postulados autonómicos del equipo de Santiago Abascal y la única que se escapó de las cámaras y los discursos. Hábil en la negociación y en el escape.

Jorge Azcón, ‘pillado’ entre los pasillos del hotel de Zaragoza en el que se reunieron PP y Vox.

Jorge Azcón, ‘pillado’ entre los pasillos del hotel de Zaragoza en el que se reunieron PP y Vox. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Vox colocó asuntos importantes antes de hablar de «otros temas claves» en esas otras reuniones que vendrán en días venideros. Abascal habla de «pronto», líderes del PP no saben si resolver antes Extremadura y Aragón y en Andalucía ya se calienta para correr hacia las urnas. Un totum revolutum político que entretiene a periodistas, atosiga a la sociedad y sirve para testar la relación entre dos partidos que, discutan más o menos, van a llegar a acuerdos. Es cuestión de tiempo.

No hay tanta prisa en un PP que esta semana también se siente ciertamente ganador de la conversación. Desde la gestión en ese Gobierno en funciones que se atreve a concertar el Bachillerato: punto para los de Jorge Azcón para cuando la medida se ponga en marcha en septiembre, cuando ya Vox forme parte del Ejecutivo autonómico. Sea de quien sea la cartera de Educación, la guinda de la concertación –que gusta a las dos formaciones– estará teñida de azul popular. Vox criticó «la excusa» de la falta de Presupuestos para no tomar la medida antes, pero en unas semanas comulgará con el plan y facilitará desde dentro del Pignatelli que sea una realidad al comienzo del próximo curso educativo.

Los actores principales

También en medioambiente sumó el PP. El Consejo de Gobierno añadió una decena de trabajadores al Inaga, ese organismo que vigila Vox por la crisis del caso Forestalia y por el empecinamiento de la ultraderecha en temas medioambientales. Otro departamento que gusta a la ultraderecha, que mira los datos y sabe que en el campo aragonés tuvo un caladero importante de votos hace dos meses. No hay reparto de sillones ni de consejerías, juran y perjuran a los dos lados del puente aéreo de la negociación por el Gobierno de Aragón.

La primera fase la asumió en primerísima persona Azcón, en contacto permanente con Bambú, sede nacional de Vox, desde horas después de que el resultado electoral le obligase a pactar. Resueltas las principales diferencias, empezaron a entrar actores (Figaredo, Hernández Quero, Mar Vaquero, Octavio López) para ir completando un acuerdo programático que según dijo Nolasco ante los medios de comunicación tiene «cientos» de puntos que se tienen que acordar. Ninguno es, por ahora, quién hará cada cosa y cuántos asientos del futuro Consejo de Gobierno serán de Vox.

No hay nombres, pero empieza a haber números. La fase final –¿cuánto durará?– de las conversaciones entre los dos partidos cuenta con la participación de Roberto Bermúdez de Castro, todavía consejero de Hacienda. El popular más beligerante con Vox y con el que el enfrentamiento rozó lo personal, veto exigido incluido para la próxima DGA, es quien sabe cuánto impacta cada una de las medidas o cuánto presupuesto manejan cada una de las actuales consejerías o los departamentos que se formen en el nuevo Pignatelli. La calculadora, desde hace unos días, también está en la mesa.

Ninguno de los dos partidos vaticina, por ahora, una resolución rápida de la conversación y la prudencia llama a que la única fecha sobre el calendario sea la del 3 de mayo. Fuentes de la negociación ven «difícil» que el 23 de abril, Día de Aragón, la comunidad haya recuperado la normalidad institucional y cuente con un Gobierno con nombres y apellidos. Avanzan, «satisfacción», «buenas sensaciones» y «nuevas reuniones» que no tienen fecha. Pasos para adelante, sin freno aunque con «zancadillas». Destino: Pignatelli. Fecha: a convenir.

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