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El sector minero crece en Aragón en los últimos años pese al cierre del carbón

El auge de la producción de minerales industriales y áridos permite que el número de empleos suba un 17% en seis años y estabiliza los rendimientos económicos, con previsiones al alza en el corto plazo

Una maquina excavadora en la mina de arcilla que Vesco Clays Spain ha puesto en marcha en Berge.

Una maquina excavadora en la mina de arcilla que Vesco Clays Spain ha puesto en marcha en Berge. / EL PERIÓDICO

Alberto Arilla

Alberto Arilla

ZARAGOZA

El cierre de las últimas minas de carbón en Aragón en 2019, situadas en las localidades turolenses Ariño, Estercuel y Foz-Calanda, cambió para siempre el paradigma del sector. Fue consecuencia de cese de la central térmica de Andorra, donde se quemaba el mineral para producir electricidad y que cerró sus puertas definitivamente en 2020, tres años antes de una demolición total que fue simbólica no solo en la comunidad sino en todo el país.

En cambio, seis años después, la minería aragonesa muestra una tendencia de crecimiento tanto en su producción económica como en sus empleos directos, gracias especialmente al auge de su vertiente industrial y, en los últimos tiempos, por la revitalización del sector de la construcción. Concretamente, de los 2.000 mineros que se contabilizaban en la comunidad el pasado 2019, ahora la foto fija que arrojan los datos oficiales de la Dirección General de Energía y Minas del Gobierno de Aragón contabilizan 2.344 empleos directos, un 17% más.

Salario medio

Una serie de trabajos que, por sus condiciones, tienen una remuneración bruta anual que de media supera en un 70% al salario aragonés, 39.000 euros frente a 22.700, según los datos elaborados por la Universidad de Zaragoza y ratificados por la Agrupación de Empresas Mineras de Aragón (AEMA). En estos momentos, la comunidad cuenta con 257 explotaciones mineras activas, en su mayoría en Teruel, donde hay 105, con 93 en la provincia de Zaragoza y otras 59 en Huesca, con una superficie total de 3.387 hectáreas, un 53% de ellas en fase de restauración. De todas ellas, solo una corresponde al carbón y sigue activa, aunque dentro de ese proceso de restauración que finalizará de forma inminente.

Con todo, hay un derivado natural del carbón, la leonardita, que sigue siendo explotado en Aragón por empresas como Samca. Además, salvo dos excepciones (la mina de sal gema en Remolinos y la de óxidos de hierro en Tierga), todas son a cielo abierto. En el aire está el controvertido proyecto de la Mina Muga, entre Undués de Lerda y Sangüesa, que sería la tercera explotación subterránea, aunque en el limbo tras estar señalada por la investigación del caso Koldo.

Sin embargo, los minerales industriales están a la cabeza de la producción extractiva. Solo en 2025 fueron ocho millones de toneladas, el 50% del total. El otro 50% casi lo concentran por completo los áridos (7,4 millones de toneladas), con una producción más residual de rocas ornamentales, unas 290.000 toneladas. En suma, el valor de la producción en 2025 del sector extractivo aragonés se cifró en unos 200 millones de euros, un 2% de la industria aragonesa y un 0,5% del VAB (valor añadido bruto) de la economía de la comunidad.

Las perspectivas del sector para los próximos años, viendo las dinámicas actuales, permiten ser «moderadamente optimistas». Así lo asegura Íñigo Barrenechea, presidente de AEMA, quien marca como principal reto «que se entienda que la actividad minera es básica para que podamos seguir disfrutando de la calidad de vida que tenemos». «En la base de casi todos los productos que usamos cada día hay minería, desde los que son para uso cotidiano hasta los equipamientos colectivos, los sanitarios o los bienes de equipos y movilidad», añade.

Plan de carreteras

En este último punto, precisamente, está una de las coyunturas que permiten moldear hacia arriba ese optimismo del que habla Barrenechea. Y es que, además de las previsiones de estabilización de la minería industrial, que como ya se ha citado representó el 50% de la extracción en 2025, se une un previsible incremento del sector de los áridos debido, directamente, al desarrollo del Plan Extraordinario de Carreteras que está ejecutando en estos momentos la DGA, para renovar hasta 1.700 kilómetros de la red de carreteras aragonesa que absorben el 60% del tráfico total de la comunidad.

Barrenechea también señala otros retos, como la financiación, los costes energéticos, la limitación de accesos a las ayudas públicas y, sobre todo, los plazos «escandalosamente lentos de tramitación de los proyectos», recordando que la media europea es de casi 16 años desde que se plantean hasta que se empieza a producir mineral.

«El sector hace fuertes inversiones en sostenibilidad y modernización, y así debe ser, pero debemos ir todos de la mano. Competimos con países que no usan nuestras reglas, y necesitamos ser conscientes de que lo que no produzcamos aquí tendremos que buscarlo fuera, lo que nos hace dependientes y vulnerables», suscribe el presidente de AEMA.

Las arcillas

En cuanto a la desaparición del carbón, recurso energético de referencia, la minería industrial ha sido la que ha tomado el relevo, con oportunidades como la demanda creciente de arcilla, una materia prima fundamental para la cerámica y cuya extracción es clave a nivel sociolaboral en comarcas como Andorra–Sierra de Arcos, las Cuencas Mineras, el Maestrazgo o el Bajo_Aragón.

Según AEMA, solo en este subsector se crean 300 puestos de trabajo, 260 de ellos directos, que aportan una masa salarial conjunta de más de cinco millones de euros anuales. Asimismo, la arcilla destina 35 millones de euros por año a «un gran parque de proveedores locales», desde empresas de maquinaria hasta las de alimentación, pasando por la seguridad, la limpieza, el I+D, los carburantes y lubricantes o las obras públicas. Desde la asociación minera resaltan, además, que en el último lustro se han destinado más de 40 millones a centros productivos de arcilla solo en la provincia de Teruel, dejando una «importante» contribución fiscal en el territorio.

Sin embargo, el auge de la arcilla, disparada desde la guerra de Ucrania, también tiene cierto grado de contestación social en algunos municipios turolenses, tanto por las afecciones de su transporte en las carreteras como por el escaso valor añadido que, aseguran, deja en el territorio, salvo contadas excepciones como Faveker-Gres, ya que el volumen principal de la industria se concentra en Castellón.

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