La profesora Carmina García se despide de las aulas de Aragón: "Lo que recibes cuando conectas con un alumno... eso es para siempre"
El pasado septiembre, más de 30 años después de que comenzara a ejercer, impartió su última clase y dejó atrás una etapa en la que considera que ha sido "muy afortunada". Este martes estuvo presente en el acto de homenaje del Servicio Provincial de Educación de Zaragoza a los docenes jubilados

Imagen de archivo de una profesora impartiendo una clase. / FSIE.COM / ZAR_DELEGACIONES
Ha sido una trayectoria laboral larga, diversa y afortunada. Era 1989 cuando Carmina García (1965) comenzó el proceso de oposiciones para ser profesora. Se presentó en Madrid y también en Valencia, pero ella quería como destino su Aragón natal. Y lo logró. Con 24 años, se estrenó como docente de Lengua y Literatura en las aulas del IES Pirámide de Huesca, y aunque aquel no fue su destino definitivo, sí marcó el comienzo de una vida dedicada a la enseñanza.
Tras jubilarse el pasado septiembre de 2025, Carmina echa la vista atrás y reflexiona: "El profesor nace y se hace. Todo se basa en una relación muy personal. Tienes que enganchar a la persona que tienes delante, y eso es un trabajo que tiene que construirse cada uno. Eso no se estudia en los libros, se aprende con la experiencia. Y recibes mucho, y sufres mucho".
Carmina es una de las docentes que este martes estuvo presente en el acto de homenaje rendido por el Servicio Provincial de Educación de Zaragoza a los 201 profesores y maestros que se jubilaron entre septiembre y diciembre de 2025. Sus primeros años de ejercicio profesional los pasó en las aulas de la provincia de Huesca, primero en la capital y después en Graus, que fue su destino definitivo. "A mí se me caía la lágrima al volante", recuerda. Ese mismo año, 1992, se había casado y su pareja vivía en otra comunidad.
"Fui muy afortunada porque conseguí una comisión de servicios en Cataluña", explica. Allí pudo compaginar su vida personal y profesional. Ejerció como docente de Castellano en la Escuela de Hostelería y Turismo de Cambrils, impartió clases de español a extranjeros y fue profesora en un "curso puente" para alumnos que habían hecho Magisterio y pasaban a estudiar Márquetin. Y volvió a cambiar de destino.
Con los nervios en el cuerpo llegó a Palma de Mallorca, donde su vida laboral dio un giro y, durante unos años, dejó la docencia. Trabajó en la Administración y en la Delegación del Gobierno, donde desempeñó un cargo que le "fascinó". Sus funciones consistían en revisar que en los centros de la comunidad se cumpliera la normativa marco del Gobierno central y en homologar los títulos de alumnos que habían estudiado en el extranjero. "Ahí pude ver muchas cosas, muchas injusticias", desliza.
En 2011, Carmina volvió a Zaragoza y retomó la docencia. Lo hizo, además, en el mismo instituto en el que se formó: el Pablo Gargallo. Y allí ejerció hasta el pasado septiembre de 2025, cuando se jubiló. "Fui muy afortunada de poder incorporar en esta última etapa docente todo lo que había vivido", subraya. Con convicción afirma que "la mirada de un profesor experimentado no tiene precio", porque las aulas cambian y también lo hacen los alumnos. "Sufres mucho, es muy duro. Pero lo que recibes cuando se produce un encanto y una conexión personal con un alumno o alumna… eso es la mejor paga extra. Eso es para siempre", expresa.
Más protección
Durante su tiempo en las aulas, Carmina ha percibido cambios en los alumnos. Ahora, dice, "tienen más acceso a muchas cosas a través de Internet pero, sin embargo, necesitan mucha más protección". A ello añade que "les cuesta más concentrarse porque tienen muchos estímulos externos", y siente que se ha restado validez a la memoria, al trabajo y al esfuerzo de poder hacer las cosas. "Ahora se rigen más por la inmediatez", expone. Lo considera un reflejo de la sociedad actual y comparte la opinión de que "no todo lo nuevo es peor".
Del mismo modo que han cambiado los alumnos, también lo han hecho los docentes. Según comparte, los nuevos profesores incorporan muchas novedades tecnológicas en las aulas, saben de cuestiones informáticas, de programas, de gamificación y de juegos. "Y yo voy con mis cuadernos y notas. Soy de las que cree mucho en el boli y en el papel", relata.
Pero unos y otros trabajan por un mismo objetivo: que el estudiante aprenda. "A mí lo que más me gustaba era el aula, los alumnos. Todos esos trabajos burocráticos de papeleos me ponían de los nervios, y las correcciones de los exámenes al final ya me daban mala gana… Pero de las aulas se recibe mucho. Un profesor es profesor porque tiene alumnos, y los alumnos son alumnos porque tienen profesores", indica.
Por eso, cuando llegaron los meses finales del curso pasado y la jubilación llamó a su puerta, Carmina sintió que "saltaba al vacío". "Te preguntas: ¿y ahora cómo voy a ser yo misma? Yo no sabía si hacía bien", comparte. Ahora recuerda con cariño aquella despedida "súper bonita" que le hicieron los estudiantes y que fue "como de película". "Me despidieron mis alumnos, no lo voy a olvidar. Me hicieron un pasillo un viernes a última hora, cuando normalmente toca el timbre y está todo el mundo corriendo y te deja con la palabra en la boca", comparte. La profesora insiste: "He sido muy afortunada".
Desde que está jubilada, el tiempo para Carmina se mide "de otra manera". "Creo que no soy muy consciente aún. Me noto de vacaciones", confiesa. Todo el tiempo que tiene lo emplea, e incluso necesitaría más. Hace actividades, disfruta de su entorno y se cuida. "Me noto más tranquila, relajada. Ganas en salud. Es un privilegio poder jubilarte con 60 años", afirma. A sus espaldas queda una trayectoria laboral larga, diversa y afortunada.
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