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The Wave 2026 | La razón de Jordi Wild para no irse a Andorra: "Soy fan de lo público, pero eso no me ata a quedarme en España”

El creador de contenido se somete a una entrevista de más de una hora en Zaragoza, donde habla de influencia, política, dinero, miedo a la censura y una vida que, pese a todo, define como “muy feliz”

El creador de contenidos Jordi Wild durante la entrevista que le ha hecho este jueves el coronal Pedro Baños en el congreso tecnológico The Wave de Zaragoza.

El creador de contenidos Jordi Wild durante la entrevista que le ha hecho este jueves el coronal Pedro Baños en el congreso tecnológico The Wave de Zaragoza. / Laura Trives

Zaragoza

La escena tenía algo de inversión de papeles. El entrevistador habitual, el creador de contenido Jordi Wild, se sentaba esta vez al otro lado de la mesa. Frente a él, el coronel Pedro Baños, acostumbrado a diseccionar el poder global, abría una conversación que terminó siendo algo más que una entrevista. Fue una radiografía en directo de una de las voces digitales más influyentes del mundo hispanohablante con más de 11 millones de seguidores en sus canales. Más de una hora de charla sin guion, con humor, provocación y confesiones personales.

Así se desplegó un diálogo con el que se puso el broche de oro al congreso tecnológico The Wave 2026 celebrado durante los tres últimos días en el Palacio de Congresos de Zaragoza. La mediática entrevista, que levantó una enorme expectación entre el público, transitó desde la geopolítica hasta la intimidad, desde la influencia en redes hasta la muerte, desde la fama hasta la fragilidad. De ellos fueron testigo las 1.500 personas que llenaron el auditorio hasta la bandera y varios miles más que siguieron la sesión en las pantallas instaladas en la explanada exterior.

A pesar de sus decenas de millones de seguidores, Jorge Carrillo de Albornoz Torres -su nombre real- evitó cualquier tentación de grandilocuencia. “No me levanto pensando la influencia que puedo tener”, explicó. Al contrario. Reconoció que pensar constantemente en ello sería paralizante. “Si lo hiciera, me limitaría todo el rato”.

Esa tensión entre impacto y libertad recorrió toda su intervención. Porque sí, admite cierta autocensura -“quien diga que no, miente”-, pero rechaza convertirse en un producto condicionado por su audiencia.

Uno de los momentos centrales llegó al abordar su papel como referente para millones de jóvenes. “Yo no soy responsable de mi público, yo me dedico a entretener”, lanzó sin rodeos. Eso sí, reconoce la influencia y la necesidad de evitar mensajes dañinos, pero se niega a convertir cada intervención en un ejercicio de cálculo moral. “No quiero limitarme todas mis interacciones”, insistió.

La razón de no irse de España

El debate sobre dónde viven y dónde tributan los grandes creadores digitales fue otro de los temas abordados, una controversia que suele simplificarse en eslóganes. El titán de la comunicación digital prefirió esquivar esa lógica. Ni patriotismo impostado ni justificaciones a la defensiva, sino una idea clara, repetida y matizada a lo largo de la entrevista.

“Soy un fan de lo público”, afirmó. Y lo argumentó desde su propia biografía. “Vengo de una familia muy normal, yo he sido de educación, sanidad o biblioteca públicas... lo he utilizado todo”, recordó. Pero añadió el matiz y defendió que ese vínculo no es una cadena. “Eso no me ata de por vida. La vida no es una cárcel y los países no son cárceles”, apuntó.

Lejos del tono combativo que suele rodear este debate, Jordi Wild optó por una defensa pragmática de España por ofrecer, dijo, un equilibrio difícil de encontrar fuera en cuanto a clima, cultura, seguridad, gastronomía o servicios públicos. "Me gusta mucho. No tendrá el 10 quizás en una sola cosa, pero tiene el 9 en casi todo", resumió. "Yo no me he ido por un tema de felicidad, pero no por un tema de patriotismo", precisó.

Igual que generaciones anteriores emigraron por trabajo, argumentó, hoy otros lo hacen por motivos económicos o personales. “Cada uno tiene que vivir donde le plazca”, defendió, ampliando el foco más allá del caso concreto de los creadores digitales.

La reflexión no es inocente. En los últimos años, el traslado de youtubers a países con menor presión fiscal –como Andorra– ha convertido a este colectivo en símbolo de un debate más amplio. Jordi Wild rehúye ese papel. No solo porque él ha decidido quedarse, sino porque cuestiona el señalamiento selectivo. “No son solo los youtubers”, recordó, citando deportistas o profesionales digitales que han tomado decisiones similares. Su posición, en el fondo, busca desplazar el eje del juicio moral hacia la libertad individual y entender la movilidad como una elección legítima, no como una traición.

Influencia, política y distancia

Más allá de lo fiscal, la conversación derivó hacia otros terrenos donde también reivindica independencia. En política, su postura es clara: distancia total. "No me interesa la política, no quiero entrar en política, no quiero que se me asocie porque no va conmigo. No me motiva", afirmó. Y lanzó una advertencia clara: si algún político intentara instrumentalizarlo, "lo haría público".

El creador dibujó un ecosistema mediático tradicional condicionado por intereses económicos y políticos, frente a un internet que es una cosa diferente». En este sentido, expresó su temor a posibles regulaciones de la Unión Europea sobre la creación de contenidos. "La famosa tijera", dijo, con la que "al final quieren politizar los mensajes como se hace en todo, pero nosotros no somos grupo editorial". "Este chiringuito ha funcionado así siempre, pero nosotros somos una bestia diferente y anárquica. Eso es lo bonito y lo peligroso, tienen miedo de nosotros", zanjó.

Los amigos y el precio de la fama

Si hubo un momento de ruptura emocional, fue al hablar de los límites del dinero. “Yo daría todo lo que he ganado por cinco años más”, confesó en referencia a la muerte de su padre. Una frase que contrasta con la imagen de éxito económico que también abordó durante la entrevista.

Lejos del cliché de la vida rodeada de contactos, Jordi Wild describió una realidad más áspera: la dificultad para confiar. “No he perdido muchos amigos, pero me cuesta ganarlos”, explicó. La fama, según su relato, introduce una sospecha constante sobre el interés. “Notas que para mucha gente eres algo de lo que pueden sacar provecho”, dijo, en una de las descripciones más crudas de la conversación.

"El mundo no pinta bien"

En el terreno profesional, defendió una de las claves de su éxito es saber escuchar. “Cuando haces entrevistas tienes que dejar el ego fuera”, explicó sobre su podcast The Wild Project, que define más como conversación que como formato clásico. Y, mirando al futuro, reveló uno de sus proyectos más ambiciosos es una novela de terror ambientada en el siglo XII, en la que lleva meses trabajando de forma "obsesiva", confesó. La obra verá la luz, si nada se tuerce, a finales de año.

El cierre llegó con un tono inesperadamente sombrío. “El mundo no pinta muy bien”, advirtió. Pero no se quedó ahí. A pesar ese diagnóstico, cree que «hay esperanza». "Tenemos la posibilidad de cambiar el mundo y hacerlo mejor", sentenció. Y propuso una receta para lograrlo a base de «pensamiento crítico», ambición, esfuerzo y rodearse «de gente que os quiera bien".

La entrevista dejó una imagen menos polarizada de lo habitual. Jordi Wild no encaja del todo en ninguno de los relatos dominantes. Ni el del creador desarraigado que huye por impuestos, ni el del defensor militante del sistema.

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