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Esperas frustradas, falta de papeles y mucha ilusión en las colas para la regularización: "Esto se ve dramático, pero todos saldremos adelante"

El caos burocrático al que se enfrentan los inmigrantes en situación irregular en Aragón se compensa con grandes dosis de esperanza para emprender una nueva etapa vital tras años de espera aceptando trabajos en la economía sumergida

Un joven de Marruecos completa su documentación en la cola del Ayuntamiento de Zaragoza, este viernes.

Un joven de Marruecos completa su documentación en la cola del Ayuntamiento de Zaragoza, este viernes. / Pablo Ibáñez

David Chic

David Chic

Zaragoza

"Hace falta mucha paciencia y hay que madrugar". En las colas que esta semana se han formado ante las ventanillas administrativas de Aragón donde se pueden lograr los papeles necesarios para la regularización todas las reflexiones coinciden. "Lo que pedimos es tener un poco más de orden y también de organización porque se mete mucha gente en las filas, sin que la Policía Local diga nada", lamenta la nicaragüense de 30 años Aniel Molina, que como todo el mundo que comparte cola lleva bajo el brazo una carpeta de documentos.

"Mucha gente se ha levantado a las 5 de la mañana para poder lograr su padrón", indica al explicar que lleva dos años en España y que esta es una oportunidad vital para seguir adelante. En este tiempo ha tratado de "sobrevivir" y trabajar en negro. "Aunque sea duro necesito el certificado de vulnerabilidad", explica.

Una situación que se repite en Sidi Abou, un marroquí con cinco años de residencia en España. "Busco arreglar mi situación para garantizar un futuro". En este tiempo está trabajando como peluquero con un permiso de formación. "Estoy sufriendo para conseguir un contrato, por eso necesito optar a esta regularización, es la forma más fácil", detalla, preocupado por las dudas y rumores que se explican en su comunidad. Sin embargo, confía en la posibilidad de culminar con éxito el proceso como se ha prometido y trata de mantener el optimismo a pesar de las colas y la desorganización con las que se ha encontrado. "No puede haber gente sufriendo en los trabajos, las personas que están sin papeles están sufriendo", asegura.

Erica y María Hernández son dos hermanas colombianas. Una lleva dos años en Aragón y se encuentra inmersa en el proceso de asilo. Su hermana, tras un año y medio, no ha logrado trabajo y necesita su certificado de vulnerabilidad para completar el proceso. Han optado por acudir a la Casa de las Culturas de Zaragoza para reclamar ayuda. "Necesitamos trabajar, con este documento nos darán un margen de un año para poder salir adelante", indican.

María y su hermana, este viernes en la Casa de las Culturas.

María y su hermana, este viernes en la Casa de las Culturas. / EL PERIÓDICO

Ven por delante el colapso burocrático al que se enfrentan pero mantienen la esperanza. "Tenemos que intentar hacerlo por nuestra cuenta, pues no tenemos forma de pagar toda la plata que están pidiendo los abogados", señalan estas jóvenes procedentes de Pereira.

"La sensación que tenemos es que hay poco tiempo, por eso todo el mundo se está poniendo nervioso", señalan al indicar que han cambiado de país buscando mejorar su situación económica. En un principio en este tiempo han dependido de la red de colaboración que les ofrecen otros compatriotas y familiares, razón que les hizo decantarse por Zaragoza a la hora de emprender el camino de la migración.

En la Casa de las Culturas en estas primeras jornadas han tratado de ofrecer información a todas las personas que han llegado, que fueron cientos el pasado jueves. Con información en tres idiomas (español, árabe e inglés) han buscado que todos los interesados puedan lograr la cita previa que los próximos meses les permita tramitar sus solicitudes. Un gesto de apoyo que también se ha repetido en juntas de distrito y otras ventanillas municipales a pasar de la orden general de derivar todas las consultas a la plaza del Pilar para generar una sensación mayor de caos.

Largas filas en el ayuntamiento

En la larga fila formada frente a la casa consistorial las molestias y la incomodidad han sido evidentes en las primeras horas. "No tengo papeles, pero aquí vemos mucha gente: es muy complicado cuando nosotros lo único que queremos es tener una vida buena", señala Hasan Merouk, de 22 años, que llegó hace un año y medio con un permiso de trabajo para desempeñar un oficio que perdió a los pocos meses.

Filas en las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza, este viernes.

Filas en las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza, este viernes. / PABLO IBÁÑEZ

Ante esta situación los nervios se multiplican. "Toda la gente deja los trámites para última hora y no se esperaba tanta aglomeración". Así se expresa en la cola del Ayuntamiento de Zaragoza el también nicaragüense Eduardo Rosales que lleva tres años en situación irregular en la comunidad. "Creo que vamos a lograr los papeles, las noticias es que si cumplimos los requisitos podremos entrar en el proceso", celebra. Ante las colas se muestra sorprendido, sobre todo porque necesita dos documentos clave para poder realizar la tramitación por su cuenta. Por un lado el propio padrón municipal y por otro registrar su cambio de domicilio tras haber abandonado el piso compartido en el que ha vivido los últimos meses. "Es una de las peores situaciones posibles, es una situación muy dura", reconoce.

Para Rosales, que tiene un contrato temporal en el sector de la limpieza, el tener una residencia formal y un estatus legal le permitirá emprender una nueva etapa. "Trabajar en negro te obliga a tragar con muchas cosas, ahora ya podremos reclamar vacaciones e indemnizaciones", asegura. "Esto se ve dramático, pero todos saldremos adelante", manifiesta.

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