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El comedor de Stellantis Figueruelas dispara su actividad: de 300 a 700 comidas diarias en plena transformación de la planta

El aumento de obras, contratas y técnicos internacionales duplica ampliamente los comensales del servicio de restauración de Stellantis en la planta zaragozana

El comedor de Stellantis Figueruelas pasa de 300 a 700 comidas diarias.

El Periódico de Aragón

Zaragoza

El comedor de la fábrica de Stellantis en Figueruelas (Zaragoza) se ha convertido en un termómetro inesperado del momento que vive la planta automovilística. En apenas unos meses, el número de usuarios se ha multiplicado, pasando de las habituales 200-300 comidas diarias a cifras que ya oscilan entre las 600 y 700, según fuentes de la plantilla que han cotejado estas cifras con el personal de servicio de restauración colectiva. Un incremento de entre el 100% y el 130% que refleja con claridad el aumento de actividad dentro del recinto.

El salto no responde tanto a un incremento de la producción como al volumen de personas que trabajan actualmente en la factoría en los diferentes proyectos de mejora y transformación que se están ejecutando. Las obras de adaptación para la llegada de Leapmotor, la instalación de nueva robótica y los trabajos vinculados a la gigafactoría de baterías han disparado la presencia de contratas y equipos técnicos, muchos de ellos desplazados desde otros países. “Esto parece la ONU”, resume un trabajador, que destaca la mezcla constante de acentos en las mesas. Portugueses, polacos, chinos, italianos o franceses, entre otras nacionalidades, conviven ahora en los turnos de comida.

El propio comedor refleja ese cambio. El menú mantiene su estructura habitual -tres primeros o bufé de ensaladas y tres segundos a elegir-, pero el ambiente ha cambiado por completo. “Vamos con el tiempo justo porque está lleno”, explican desde la plantilla, que describe colas más largas y una mayor rotación de comensales para dar servicio a toda la demanda.

Más allá de los números, el dato revela una realidad difícil de ver desde fuera dado el secretismo y la confidencialidad con que la empresa está manejando este proceso de cambio. Figueruelas está en plena ebullición. Y el comedor, lejos de ser un espacio secundario, se ha convertido en uno de los indicadores más claros de la magnitud de la transformación industrial en marcha.

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