Marta, una aragonesa que se ha sumado al fenómeno de los retiros: "Te da pausa, paz y la oportunidad de reencontrarte"
Las personas que se han decidido a participar en estas actividades reconocen que dedicar unas horas a la reflexión se ha convertido en una herramienta muy demandada

Varias personas en una sesión de meditación, en una imagen de archivo. / MARCELO SAYAO / EFE
Marta es una de las muchas personas en Aragón que se han sumado al fenómeno de los retiros. Dedicar unas horas a la reflexión se ha convertido en una herramienta muy demandada, sobre todo en un momento en el que las prisas son constantes y los agobios condicionan el día a día. Los retiros, tradicionalmente ligados al ámbito religioso, están en auge. Incluyen propuestas que trascienden de lo religioso. El bienestar emocional o el simple descanso mental que aportan son argumentos más que suficientes para vivir esta experiencia, para muchos, reveladora.
Existe una amplia variedad de modalidades de retiro que se ofertan en la actualidad. Tanto religiosos como laicos, existen actividades para parejas con o sin niños, para adolescentes, para mayores, para hombres o para mujeres, enfocados a empresarios, para quien ha perdido a un ser querido, para ejecutivos que necesitan desconectar, etc.
En su caso, Marta reconoce que ha participado en tres retiros y no duda en confirmar ese auge que se está viviendo en los últimos tiempos. «En este mundo en el que vamos todos un poco locos, un retiro te da pausa, paz, la oportunidad de mirarte a ti misma y de reencontrarte», explica.
El primero lo hizo en diciembre de 2024, en un momento especialmente delicado de su vida y después de algún capítulo que pretendía olvidar. «Venía de un año de búsqueda personal. Te das cuenta de que hay cosas en tu vida que ya no te aportan, que estás en un proceso de cambio y crecimiento», relata.
Fue una conversación con la profesional que la acompañaba en esta etapa la que la llevó a experimentar la experiencia. «Me hablaron de un retiro y me animé a probar», cuenta.
Desde entonces, su visión es clara. Le benefició en todos los aspectos, desde los más pequeños hasta los que pueden marcar para siempre: «Hay un antes y un después en mi vida», relata.

Una sesión de yoga, en una imagen de archivo. / EUROPA PRESS
Asegura que el primer retiro en el que participó fue el más impactante porque «no sabía muy bien a lo que iba y fue muy removedor». Desde entonces ha repetido en otras dos ocasiones. Su testimonio refleja una de las claves del fenómeno: la dificultad para parar. «La vorágine diaria te arrastra. Es querer hacer, hacer, hacer. Si no te cuidas y paras un momento puede que ya no haya marcha atrás. Hay que saber frenar a tiempo», resume.
Por eso, cuando acude, lo hace con una idea clara: detenerse. «Voy a desconectar y a reconectar conmigo misma. Lo importante es parar», afirma Marta. En su caso, no se trata de retiros religiosos, sino de experiencias de crecimiento personal con yoga, naturaleza, alimentación consciente o dinámicas de grupo como constelaciones familiares. «Te ayudan a mirar las cosas desde otra perspectiva», señala. Para Marta, la razón del auge es evidente: «Cada vez hay más gente con necesidad de parar. No es algo aislado».
"Todo suma y ayuda a estar un poco mejor"
Raquel también se decidió a realizar un retiro, en este caso organizado por su parroquia. Necesitaba desconectar. Una compañera suya le había recomendado apuntarse a uno con su pareja. En su caso, no lo hizo por nada en concreto. Solo quería probar: «La verdad es que me impactó. No era consciente de que lo necesitábamos. Lo hicimos por desconectar después de una racha regular en el trabajo de mi marido. Mi hija pequeña está preparando la comunión y en la misa del domingo los mencionaron. Nos pareció una buena idea para parar y recargar las pilas», relata.
En este retiro encontró calma. Tampoco diría que fue un antes y un después, pero sí una ayuda: «En las sesiones nos llevamos herramientas para gestionar el día a día en épocas de mayor estrés. La verdad es que todo suma y ayuda a estar un poco mejor».
Lo que más le sorprendió fue la tranquilidad: «Estamos tan acostumbrados al ruido constante que cuando paras de verdad es cuando empiezas a escucharte. No es solo lo que haces allí, es lo que te llevas después. Sales con otra forma de tomarte las cosas, con más calma», manifiesta. «En el día a día no encuentras ese momento. Siempre hay algo que hacer, alguien que atender. Allí, por unas horas, eres tú, tu pareja, la compañía y nada más», termina.
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