“Esto parece la ONU”: la revolución silenciosa de Stellantis Figueruelas entre obras, robots y la llegada de Leapmotor
La planta zaragozana vive una transformación sin precedentes con la adaptación de la línea 2 a la marca china, la construcción de la gigafactoría de baterías de CATL y una intensa modernización interna que no pasa desapercibida

Varios trabajadores de una de las líneas de producción de la planta de Stellantis en Figueruelas (Zaragoza). / Laura Trives
La gran transformación de la fábrica de Stellantis en Figueruelas no se ha anunciado con grandes titulares ni comunicados oficiales, pero es visible en cada rincón de la planta automovilística situada en la Ribera Alta del Ebro. Basta con recorrer sus naves para comprobarlo. Obras para el rediseño de la línea 2 de producción, nuevos robots en instalación, espacios desmontados y reconstruidos en cuestión de días y una presencia creciente de técnicos y operarios extranjeros pertenecientes a un sinfín de contratas implicadas en los distintos trabajos y proyectos que se desarrollan de forma simultánea. “Esto parece la ONU”, resume un trabajador veterano para describir el momento actual, una frase que repiten varias de las fuentes consultadas por este diario.
La irrupción de la marca china Leapmotor está en el centro de ese cambio. El fabricante asiático, aliado de Stellantis y en plena expansión en Europa, convertirá la planta aragonesa en su base de producción para el mercado del viejo continente. El arranque está previsto para octubre, con la fabricación en serie del SUV eléctrico B10, el primero de los hasta cuatro modelos que la compañía prevé ensamblar en Figueruelas en los próximos años. De cumplirse las previsiones del sector, estos vehículos podrían llegar a representar en torno al 50% de la producción total de la fábrica, con unas 200.000 unidades anuales según las estimaciones iniciales.
Remodelación de la línea 2
Para asumir ese volumen, Stellantis está adaptando a marchas forzadas su estructura productiva. La línea 2 se encuentra en plena remodelación desde principios de marzo para ajustarse a los nuevos estándares técnicos de los vehículos de Leapmotor, con el objetivo de ganar flexibilidad y poder ensamblar distintos modelos y plataformas. Como consecuencia, la producción del Opel Corsa, el Peugeot 208 y el Lancia Ypsilon se ha concentrado en la línea 1, que también ha sido remodelada en los últimos meses para incorporar el sistema STLA Small, la nueva arquitectura del grupo para avanzar en la electrificación.
En paralelo, en áreas como carrocerías se están instalando nuevos sistemas robotizados y se están reconfigurando procesos que llevaban años sin cambios de calado, según explican diversas fuentes de la plantilla.
Pero el desembarco de Leapmotor no es el único frente abierto. Al mismo tiempo, avanzan los trabajos ligados a la futura gigafactoría de baterías impulsada por CSE (Contemporary Star Energy), la sociedad conjunta (joint venture) formada por CATL y Stellantis para ejecutar este proyecto, cuya inversión asciende a 4.100 millones de euros. Mientras en el exterior del complejo ya se trabaja en la cimentación de la planta, dentro de las instalaciones de Figueruelas se están adaptando espacios que también darán soporte a esta nueva actividad.
La coexistencia de ambos proyectos, vinculados a inversores procedentes del gigante asiático, está generando una situación inédita en la historia de la factoría, que se puso en marcha hace ya 44 años. El resultado es una planta en ebullición. “Tan pronto se desmonta algo, al día siguiente entran los que montan lo nuevo”, explican fuentes de contratas que participan en las obras. En ese proceso intervienen trabajadores de múltiples nacionalidades, lo que ha cambiado incluso la fisonomía humana del centro de trabajo. Portugueses, polacos, chinos, italianos o franceses son algunas de las procedencias más habituales, según las fuentes consultadas.
Ese aumento de actividad se deja notar en detalles cotidianos. El comedor de la fábrica, uno de los mejores termómetros del pulso interno, ha duplicado e incluso triplicado su volumen habitual: de unas 200 o 300 comidas diarias ha pasado a moverse en cifras cercanas a las 600 o 700, según fuentes de la plantilla. La sensación general es de más movimiento, personal e intensidad en el día a día.
Todo ello convive, sin embargo, con un notable hermetismo. Desde la compañía se limitan a señalar que "todo sigue su camino según lo planificado". "No hay nada que comunicar", reiteran a preguntas de este diario sobre los distintos proyectos que hay en desarrollo. Los trabajadores reconocen que la información oficial es limitada y que buena parte de lo que saben lo reconstruyen a partir de indicios. Los sindicatos aseguran también que carecen de información oficial sobre muchos de los proyectos en marcha. Aun así, el diagnóstico es compartido: “Se está viviendo muchísimo cambio”.
Modelos que sobrevuelan la planta
Ese cambio también introduce complejidad. La convivencia entre producción y obras obliga a extremar las medidas de seguridad y a trabajar en un entorno más exigente de lo habitual, con múltiples contratas operando al mismo tiempo y adaptaciones constantes en las instalaciones.
A este escenario se suman otros proyectos que circulan por la planta en forma de hipótesis o informaciones no confirmadas, pero que alimentan la sensación de que Figueruelas está en el centro de múltiples decisiones industriales. Diversos medios internacionales han apuntado a la posibilidad de que el Opel Corsa incorpore tecnología desarrollada junto a Leapmotor en futuras evoluciones del modelo.
También ha trascendido en los últimos días el interés del fabricante chino Chongqing Changan Automobile por implantarse en España, con Zaragoza entre las localizaciones analizadas. Y, en paralelo, suena con fuerza en el sector la opción de que el DS 3 pueda trasladar su producción a Figueruelas cuando deje de fabricarse en Francia, en el contexto de los ajustes industriales del grupo. Ninguno de estos movimientos ha sido confirmado oficialmente, pero todos ellos coinciden en situar a la planta aragonesa en el radar de decisiones estratégicas de gran calado.
El contexto global refuerza la importancia de lo que está ocurriendo. Stellantis se encuentra en pleno rediseño estratégico bajo el liderazgo de Antonio Filosa, con una apuesta por la flexibilidad y la producción multienergía. En ese escenario, Figueruelas se comporta como una suerte de oasis industrial -al menos por ahora-, ajeno a los ajustes y dudas que atraviesas otras plantas del continente. En definitiva, una de las piezas clave del nuevo mapa productivo del grupo en Europa.
Nueva estrategia del grupo
Las miradas sobre el futuro de la compañía están puestas en el próximo 21 de mayo, cuando Stellantis celebrará un Investor Day crucial en Michigan (EEUU) que marcará el inicio de la “era Antonio Filosa”. En esta cita estratégica, el nuevo CEO presentará una hoja de ruta centrada en la flexibilidad operativa y la rentabilidad, alejándose de la rigidez de planes anteriores para priorizar una oferta multienergía que combine motores eléctricos, híbridos y de combustión. Filosa busca recuperar la confianza de los mercados y redefinir el futuro de las 14 marcas del grupo en un entorno global de máxima incertidumbre.
Si los planes se consolidan, la planta zaragozana podría recuperar sus niveles máximos de producción, entre 450.000 y 500.000 vehículos al año, cifras que no alcanza desde antes de la pandemia. Pero más allá de los números, lo que está en juego es el papel futuro de la fábrica en la nueva automoción. De momento, esa transformación se produce de forma silenciosa. Se construye entre obras, robots y operarios de medio mundo. Y para quienes la viven desde dentro, no pasa desapercibida.
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