Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Resurge el gran bombeo hidroeléctrico entre Mequinenza y Alcañiz: el proyecto olvidado del Ebro que puede cambiar el futuro del Bajo Aragón

Se reactiva el impulso de la central reversible Mar de Aragón, de unos 300 megavatios (MW), vuelve a la palestra ante la necesidad de mayor almacenamiento energético y tras el revés del nudo Mudéjar, con el aliciente añadido de aliviar el déficit hídrico del Guadalope

Mapa explicativo de las infraestructuras del proyecto de central hidroeléctrica reversible planteado entre Mequinenza y Alcañiz.

Mapa explicativo de las infraestructuras del proyecto de central hidroeléctrica reversible planteado entre Mequinenza y Alcañiz. / El Periódico de Aragón

Zaragoza

El mapa energético aragonés vuelve a mirar al agua. En plena carrera por dotar al sistema eléctrico de capacidad de almacenamiento que permita integrar el aluvión renovable, el viejo proyecto de central hidroeléctrica reversible entre el embalse de Mequinenza y el entorno de Alcañiz -bautizado como Mar de Aragón- ha vuelto a situarse en el radar. Los defensores y antiguos promotores de la iniciativa, entre ellos los regantes del Guadalope, ven a una “ventana de oportunidad” para reactivar una infraestructura que combina generación, almacenamiento y un componente social ligado al regadío.

Las centrales reversibles funcionan como grandes baterías. Aprovechan los excedentes de energía -especialmente en horas solares, cuando los precios se desploman- para bombear agua a una cota superior y turbinarla después en momentos de alta demanda. Un mecanismo clave en un sistema cada vez más dependiente de fuentes intermitentes.

En este contexto, el eje del Ebro es un espacio estratégico. El embalse de Mequinenza, el mayor de la cuenca, concentra una disponibilidad de agua singular. El caudal medio que circula hacia el delta supera ampliamente las exigencias ambientales, lo que abre margen para plantear usos adicionales vinculados al almacenamiento energético con proyectos como el del Mar de Aragón.

El origen del proyecto

No es una idea nueva. En realidad, forma parte de un hilo que se remonta a 2016, cuando ya se atisbaba el cierre de la térmica de carbón de Andorra y el vacío industrial y económico que produciría el fin de la industria minero-eléctrica ligada a este mineral. Aquel mismo año, el Plan Hidrológico del Ebro -aprobado por Real Decreto 1/2016- incorporó la medida B3, un planteamiento ambicioso que proponía el almacenamiento energético a gran escala como palanca para reconvertir el territorio y, al mismo tiempo, transformar el modelo agrario del Bajo Aragón turolense.

El planteamiento de fondo sigue vigente, ya que se trata de aprovechar el agua del Ebro no solo como recurso hidráulico, sino como vector de desarrollo. El proyecto del Mar de Aragón lo consigue con una central reversible de unos 300 megavatios -318 MW en su diseño original- que funcionaría como una gran batería natural. En las horas de exceso de producción renovable, el sistema bombearía agua desde Mequinenza hasta una balsa superior en el entorno de Alcañiz; en los picos de demanda, la turbinaría para devolverla al sistema eléctrico.

El sistema de elevación hidráulica conectaría el embalse de Mequinenza desde Chiprana con la zona del desierto de Calanda. Mediante una conducción forzada de 10 kilómetros, el agua alcanzará un depósito de carga situado en una cota superior. Desde allí, el recurso se distribuirá hacia una balsa de nueva creación ubicada entre Samper y Alcañiz, diseñada para garantizar el suministro agrícola y blindar los regadíos frente a la escasez hídrica estructural de la zona.

Pero su singularidad va más allá de la energía. La infraestructura permitiría elevar hasta 45 hectómetros cúbicos anuales en años de sequía para reforzar abastecimientos, atender demanda industrial y sostener unas 20.000 hectáreas de regadío en la cuenca del Guadalope, históricamente deficitaria.

Ahí reside una de las claves del proyecto, convertir el almacenamiento energético en una herramienta de equilibrio territorial. El olivo y el almendro, mayoritariamente de secano, podrían ganar competitividad con acceso a agua a precios asumibles, en una comarca donde la falta de recursos hídricos condiciona el futuro agrario.

Del impulso inicial al frenazo

El proyecto llegó a avanzar con rapidez entre 2018 y 2019, impulsado por la colaboración entre la empresa Global Energy Services (GES) y la Junta Central de Usuarios del Guadalope. En apenas año y medio se acumuló una batería de hitos como la solicitud de concesión de aguas, la cesión de terrenos en Alcañiz para el depósito superior, la obtención de punto de acceso y conexión a la red eléctrica, la ingeniería básica, el informe geotécnico e, incluso, el inicio de la tramitación ambiental.

Sin embargo, el proyecto encalló. La falta de acuerdo con Endesa, concesionaria hidroeléctrica de ese tramo del Ebro, bloqueó el acceso al agua. La consecuencia fue la paralización administrativa y la pérdida del punto de conexión a la red, un golpe que dejó la iniciativa en vía muerta.

El giro regulatorio

El escenario ha cambiado de forma sustancial en los últimos años. Primero, con la reforma introducida en 2023, que modificó la Ley de Aguas para priorizar el almacenamiento energético frente al uso hidroeléctrico convencional. Y más recientemente, con el nuevo real decreto-ley aprobado en marzo de 2026, que refuerza ese enfoque.

La norma reconoce estas infraestructuras como de utilidad pública, lo que abre la puerta a expropiaciones, y amplía a 12 años el plazo para su desarrollo. Dos medidas clave que eliminan barreras históricas para este tipo de proyectos. Además, el Gobierno trabaja en simplificar la tramitación administrativa y coordinar permisos energéticos e hídricos, uno de los grandes cuellos de botella hasta ahora. A la luz de estos cambios, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha reactivado la tramitación de la concesión de aguas del proyecto, actualmente en fase de competencia de proyectos.

"Desatar" el nudo Mudéjar

La reactivación del proyecto también se explica por el contexto territorial. El recorte del macroproyecto renovable de Endesa asociado al nudo Mudéjar tras los obstáculos ambientales que han limitado su desarrollo ha dejado un vacío tanto en capacidad energética como en las expectativas socioeconómicas de la prometida transición justa de Andorra y su entorno.

En ese escenario, el bombeo reversible aparece como una alternativa capaz de aportar actividad, inversión y una transición más tangible. “Es un proyecto socialmente aceptado, que aporta estabilidad al sistema eléctrico y ayuda a resolver problemas estructurales de la zona”, señalan los promotores del proyecto. El contraste con otras iniciativas refuerza esa percepción. La elevación de aguas del Ebro a Andorra, tras más de una década de parálisis y 25 millones invertidos, sigue siendo una infraestructura fantasma, símbolo de una transición inconclusa.

El movimiento no se produce en el vacío. En el tramo catalán del Ebro avanzan proyectos de bombeo de gran escala vinculados al futuro cierre nuclear, el principal de ellos entre La Fatarella y Flix (Tarragona), con una inversión prevista de 1.000 millones de euros y una potencia inicial de 1.335 MW. Aunque no son excluyentes con el planteado en Aragón, sí compiten en el mismo espacio por el almacenamiento energético. De ahí que exista un cierto “factor tiempo” para que Aragón no quede relegado en esta carrera. “Si no se mueve ahora, puede quedar fuera de juego”, advierten los defensores de una iniciativa que también es vista con buenos ojos por el Gobierno de Aragón, ahora en funciones, partidario de reactivarla por considerar que es estratégica para el territorio.

Pese al renovado interés, el proyecto del Mar de Aragón sigue en una fase preliminar. La clave pasa por recuperar el punto de conexión a la red y articular un encaje administrativo que permita reactivar su tramitación, un proceso en el que el Ministerio para la Transición Ecológica tiene la última palabra. Sobre la mesa empiezan a perfilarse propuestas más amplias para tratar de vincular esta iniciativa a la reformulación del nudo Mudéjar.

Mientras tanto, el proyecto vuelve a circular en despachos, conversaciones y reuniones vecinales como la celebrada hace unos días en Alcañiz. En un sistema eléctrico en transformación y en un territorio que busca alternativas tras el cierre de sus grandes activos industriales, el agua vuelve a perfilarse como una palanca de futuro. En el fondo, la idea es la misma que en 2016: utilizar el Ebro como palanca para desatar el nudo que dejó el carbón.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents