Aragón carbura con la inmigración: casi 7.000 permisos de trabajo a extranjeros en un año antes de la regularización
Las autorizaciones a personas migrantes caen levemente pero consolidan el crecimiento registrado tras la pandemia y son en su mayoría para ocupaciones básicas de limpieza, logística u hostelería

Varios trabajadores de origen africano en la pasada campaña de recogida de fruta de hueso en la localidad oscense de Fraga (Bajo Cinca). / MIGUEL ANGEL GRACIA
El proceso extraordinario de regularización de extranjeros puesto en marcha por el Gobierno de España tendrá un enorme impacto en Aragón desde el punto de vista social, laboral y económico. En torno a 17.000 personas en la comunidad –hasta medio millón a nivel nacional– podrán legalizar su estatus administrativo, según las primeras estimaciones, siempre que acrediten un mínimo de cinco meses en el país y carezcan de antecedentes penales. El proceso permitirá aflorar empleo sumergido y afianzar uno de los pilares del crecimiento que ha vivido la comunidad, que ha encontrado en la población migrante un dique frente al declive demográfico –especialmente en el medio rural– y un sostén creciente para su mercado de trabajo.
Al margen de cuál sea el resultado final de la regularización, los datos previos del Ministerio de Trabajo y Economía Social anticipan un cambio de fondo que ya está en marcha. Aragón necesita la mano de obra procedente del exterior de forma estructural, como vienen reclamando con insistencia desde las organizaciones empresariales. Así lo reflejan las cifras de extranjeros que solicitan una autorización para poder trabajar en un bar, una explotación agraria, una empresa de transporte o en la construcción.
En 2025 se contabilizaron casi 7.000 autorizaciones de trabajo a extranjeros en Aragón –en concreto, 6.986–, una cifra ligeramente inferior a la de 2024 (7.296), pero que confirma la consolidación del fenómeno. El número de permisos experimentó un fuerte crecimiento tras el fin de la pandemia, al pasar de 3.059 en 2020 a 3.642 en 2021, 5.626 en 2022 y 7.243 en 2023.
Más allá del volumen, la clave está en su composición. El sistema ya no se apoya tanto en nuevas incorporaciones como en la regularización y continuidad de quienes ya forman parte del tejido productivo. Las autorizaciones de residencia temporal y trabajo por cuenta ajena siguen siendo la principal vía de acceso al empleo, con 3.712 permisos. Sin embargo, el dato más revelador está en el avance de las fórmulas vinculadas al arraigo y otras circunstancias excepcionales, que alcanzan las 2.296 y prácticamente duplican las cifras del año anterior. A ellas se suman 656 permisos bajo el paraguas del llamado permiso único europeo, en un modelo cada vez más diversificado.
El giro se aprecia con nitidez en la evolución de las tipologías. Las autorizaciones iniciales, que en 2024 superaban las 3.900, caen hasta 1.941 en 2025. En paralelo, aumentan las renovaciones y otras fórmulas de estabilización. Estos datos reflejan que Aragón no está tanto atrayendo nuevos trabajadores como consolidando a los que ya están: la regularización, más que la llegada, marca el pulso.
Ese proceso encaja con la evolución del propio mercado laboral. Aragón ha superado el pasado mes de marzo los 106.000 afiliados extranjeros a la Seguridad Social, que ya representan el 16,8% del total de trabajadores. En apenas siete años, han crecido cerca de un 50%. Al mismo tiempo, la población extranjera ha aumentado en más de 35.000 personas desde 2021, hasta superar las 200.000. La comunidad crece, pero lo hace impulsada por la inmigración.
Perfil del trabajador
El perfil del trabajador extranjero responde a ese patrón de inserción estructural. Predominan los hombres (63%) y los tramos de edad centrales, entre los 25 y los 44 años. En cuanto al destino laboral, casi la mitad de las autorizaciones se concentran en el sector servicios, aunque son las ocupaciones elementales –empleo doméstico, limpieza, logística, hostelería o peonaje agrario– las que aglutinan el mayor volumen de permisos, con más de 3.300 en 2025. Muy por detrás se sitúan los trabajadores de los servicios de restauración, comercio y cuidados personales, con cerca de un millar de autorizaciones, así como los perfiles cualificados de la industria y la construcción –artesanos, operarios y trabajadores especializados–, que rondan también el millar.
A cierta distancia aparecen los operadores de instalaciones y maquinaria, con algo más de 400 permisos, y los técnicos y profesionales de apoyo, en cifras más reducidas. Los empleos de mayor cualificación –técnicos, profesionales científicos o perfiles administrativos– tienen un peso todavía limitado dentro del conjunto, lo que refleja que la inserción laboral de la población extranjera se concentra principalmente en los segmentos de menor cualificación y más intensivos en mano de obra. Son, precisamente, los ámbitos donde más dificultades existen para cubrir vacantes con trabajadores locales y donde la dependencia de la inmigración es ya más evidente.
Por provincias, Zaragoza concentra la mayor parte de las autorizaciones de trabajo a extranjeros en 2025, con 4.223 permisos, muy por delante de Huesca (1.706) y Teruel (1.057).
Por origen, América Latina se mantiene como el principal vivero de mano de obra, aunque con reajustes internos. Colombia se consolida como primer país de procedencia al superar el 19% de las autorizaciones, con un total de 1.341 permisos, mientras Nicaragua (890), Perú (399) y Honduras (349) siguen en posiciones destacadas. Marruecos, por su parte, se mantiene como segundo gran pilar con un peso estable en torno al 17% (1.185), especialmente ligado a la agricultura y la construcción. A partir de ahí, el mapa se diversifica con la presencia creciente de nacionalidades africanas, como Senegal (319), y asiáticas, entre ellas Pakistán (216).
Entre estas últimas destaca la evolución de China, cuyas autorizaciones pasan de 107 en 2024 a 159 en 2025. Aunque su peso sigue siendo reducido, el incremento es significativo y apunta a un fenómeno distinto al migratorio tradicional. El auge de las inversiones procedentes del gigante asiático, con proyectos como la gigafactoría de Figueruelas impulsada por CATL en alianza con Stellantis, está generando un efecto arrastre que se traduce en la llegada de perfiles técnicos, logísticos y empresariales asociados a estos desarrollos.
Por continentes, América concentra la mayor parte de los permisos, con 4.055, es decir, casi seis de cada diez, lo que confirma el peso dominante de los flujos latinoamericanos en el mercado laboral autonómico. A distancia se sitúa África, con 2.212 autorizaciones, en torno a un tercio del total. Más atrás aparecen Asia, con 486 permisos, y la Europa extracomunitaria, con 228, en ambos casos con un peso todavía reducido pero creciente en determinados nichos.
El resultado es una transformación silenciosa pero profunda. Aragón no solo incorpora trabajadores extranjeros, sino que empieza a depender de ellos para sostener su actividad económica y su crecimiento demográfico. Las autorizaciones de trabajo, en ese contexto, son el reflejo de un cambio estructural que ya está en marcha.
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