Cuenta atrás para la demolición del edificio de Correos de Zaragoza: vuelven las máquinas al Portillo
La semana pasada comenzaron los trabajos para vaciar el inmueble

Pablo Ibáñez
C. G. G.
El edificio de Correos del Portillo de Zaragoza vuelve a tomar protagonismo. Después de que la semana pasada comenzaran los trabajos para vaciar el inmueble, las máquinas han vuelto este viernes a este edificio de la avenida Anselmo Clavé para avanzar con las labores y trabajar en la infraestructura. Según está contemplado en el proyecto de reurbanización de la zona, y como determinó la dirección general de Patrimonio Cultural de la DGA a través de un informe externo, este será derribado con el rechazo de vecinos, que en los últimos meses han protestado y se han manifestado a favor de su conservación.
El bloque del antiguo centro de distribución de Correos se salvó de los primeros golpes de piqueta el 9 de febrero. Entonces, las excavadoras abrieron dos grandes boquetes en su fachada, pero los trabajos de demolición se paralizaron el mismo día debido a las protestas tanto de los vecinos como de asociaciones patrimonialistas, que llegaron a llamar a la Policía Local. También la semana pasada alertaron del regreso de las máquinas al edificio, que cogió por sorpresa a los residentes en el entorno, sobre todo al entender que todavía existe plazo para alegar a la decisión del Ejecutivo autonómico de no proteger la construcción.
Hace una semana, el presidente de la asociación de vecinos Joaquín Costa, Juan Fustero, ya recordó que el edificio de Correos debería estar clausurado mientras se resuelven los plazos administrativos. La decisión de demoler el inmueble ha tenido el rechazo de Apudepa, entidad en defensa del patrimonio, y una parte de vecinos de la zona, que solicitaron su protección oficial e llevaron a cabo protestas para defenderlo.
El Gobierno de Aragón encargó un informe externo a dos expertos, Javier Ibargüen y Ricardo Marco, en el que se concluyó que el edificio de Correos del Portillo "no reúne valores suficientes, atendiendo a los criterios de singularidad, relevancia, integridad y autenticidad para que sea declarado BIC (Bien de Interés Cultural)", por lo que se daba vía libre para su demolición.
En esta línea, desde el Gobierno de Aragón aseguraron que el edificio "no puede adscribirse al movimiento brutalista, dado que no concurren en él rasgos definitorios de esta corriente". "Se observa que se trata más bien de una edificación que se encuadra en la arquitectura funcional de su época, con soluciones constructivas y compositivas habituales en esos años, pero que no alcanzan un grado de excepcionalidad", indicaorn.
El Gobierno de Aragón se sumó así a la posición del Ayuntamiento de Zaragoza y entre sus argumentos también explicó que la catalogación del edificio hubiera impedido su reconversión para adaptarlo a nuevos usos, como pedían los vecinos, que llegaron a solicitar ubicar en este inmueble el conservatorio profesional de música de Zaragoza, que lleva tiempo buscando una nueva ubicación.
La amenaza de derribo de este edificio, que fue diseñado por José Luis González Cruz en los años 70 tomando elementos brutalistas, se debe a que el inmueble no cuenta ni con protección municipal ni autonómica. Sin embargo, está catalogado por la fundación Docomomo Ibérica para proteger la arquitectura contemporánea.
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