Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El escuadrón silencioso que vela por la salud de todos los zaragozanos: "El agua de Zaragoza es de muy buena calidad"

El servicio de Salud Pública del ayuntamiento de controla a diario la calidad del agua de consumo así como del aire que respiramos

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Todos damos por hecho que al abrir el grifo sale agua. Y agua buena, apta para el consumo humano. No se trata de un milagro, ni mucho menos, puesto que hay mucha ciencia detrás, pero sí que hay mucho trabajo invisible y la tarea de muchos técnicos y profesionales para que una ciudad entera como Zaragoza, con más de 700.000 habitantes, pueda disponer del líquido elemento en condiciones óptimas. Asegurarse de que eso es así y demostrarlo es tan solo una de las tareas del Servicio de Salud Pública, antes Instituto Municipal de salud Pública.

Los laboratorios y la central de este edificio desde el que se vela por la salud de todos los zaragozanos están en Cogullada, en un edificio muy bonito de aires setenteros que, no obstante, se inauguró en 1984 en presencia del entonces alcalde, Ramón Sainz de Varanda, y del ministro de Sanidad, Ernest Lluch. Conoce bien este lugar Elena Sevilla, la jefa de servicio de Salud Pública de Zaragoza, quien defiende orgullosa el trabajo metódico que hay detrás del milagro no milagroso de que todos podamos beber agua potable y de buena calidad.

«El agua de Zaragoza es de muy buena calidad. Se podría decir que bebemos casi agua de los manantiales del Pirineo. Casi el 90% del agua de Zaragoza procede ya de Yesa», explica Sevilla en uno de los laboratorios del instituto, el de Microbiología. Aquí se «siembran» las muestras de agua en temperaturas para descartar contaminación biológica. Si algún bichito se desarrolla, malo. Pero eso no pasa. Los controles son máximos. «De verdad, no tiene ningún sentido comprar agua embotellada. Además, el agua de Zaragoza ni siquiera es ya tan dura como era antes. Y que tenga alguna sal no es malo», defiende. Ese agua llega hasta la capital aragonesa canalizada y por tramos incluso por tuberías, por lo que las posibilidades de que se contamine son mínimas. Ya en la ciudad, por supuesto, hay que valorar también el trabajo que hacen los trabajadores de la planta potabilizadora, unas instalaciones que trabajan a destajo los 365 días del año.

Son muchos los parámetros que se miden cada día para comprobar que el agua que bebemos en Zaragoza es de buena calidad. Y muchos son alrededor de un centenar. Cada mañana salen desde el edificio funcionarios del servicio para tomar muestras del agua de boca en diez puntos de la ciudad y eso es lo que, diariamente, todos los días del año, se analiza. El control se hace casi en directo. «La rapidez en esto es importantísima», explica Sevilla. Se miden niveles de pesticidas, plásticos, metales y microbios en los dos laboratorios que hay: el de Física y Química y el de Microbiología. Y siempre hay que estar alerta porque mientras aumenta la exigencia regulatoria, surgen también nuevos peligros. «La forma más peligrosa de contaminación son las heces o las aguas residuales y las lluvias torrenciales que provoca el cambio climático arrastran en muchas ocasiones deshechos a los ríos que pueden acabar en nuestros grifos», explican. Evitarlo es su tarea.

Pero controlar la calidad del agua de boca es tan solo una de las misiones de este servicio. En el edificio trabajan 39 personas y hay que sumar las 13 que están en Protección Animal, que también están integrados en Salud Pública.

En los laboratorios, no obstante, no solo se mide la calidad del agua de consumo. También se controla cómo llega el agua a las depuradoras de la ciudad y se miden distintos parámetros de la que se vierte de vuelta a los ríos; se controla la salubridad de las piscinas y también se examina el agua de las fuentes ornamentales, que en verano pueden ser caldo de cultivo de legionella, por lo que hay que tener mucho cuidado. También se analizan muestras provenientes de las estaciones de medición de la calidad del aire en estos mismos laboratorios.

Otra de las tareas que realiza el instituto es el control de plagas, una tarea que realiza una empresa externa bajo la supervisión y el dictado del servicio de Salud Pública. En este sentido, Sevilla insiste en la importancia de que no haya comida en las calles ni basura en exceso para evitar la proliferación de ratas y roedores.

Desde este servicio también se realizan las inspecciones sanitarias y de seguridad de los alimentos necesarias para conceder las licencias de funcionamiento de bares y restaurantes. Y se controla el buen estado de la comida que se ofrece en puestos ambulantes, una tarea que a golpe de foodtrucks y festivales de hamburguesas ha ganado mucha importancia en los últimos años.

El germen del servicio de Salud Pública está en el año 1884 con la creación del primer laboratorio municipal. Pasan las décadas y la labor de este organismo va transformándose hasta que en los años 80 se crea el Instituto de Salud Pública, una entidad que sin que el resto de zaragozanos lo sepan, vela por la salud de todos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents