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¿Qué pasa con la línea de tren entre Zaragoza, Teruel y Valencia? Cortada por unas obras casi terminadas, su reapertura se retrasa como mínimo hasta otoño

Un nuevo desprendimiento obliga a prolongar los trabajos hasta al menos otoño y evidencia una cadena de imprevistos que desdibuja los plazos prometidos

Obras de la línea de tren entre Zaragoza y Teruel, hace unos seis meses, a la altura de Ecinacorba.

Obras de la línea de tren entre Zaragoza y Teruel, hace unos seis meses, a la altura de Ecinacorba. / El Periódico de Aragón

Zaragoza

La reapertura de la línea ferroviaria Zaragoza-Teruel-Valencia vuelve a alejarse. Cuando el discurso oficial comenzaba a pivotar sobre la idea de unas obras "prácticamente finalizadas", a falta de algunas actuaciones menores, un nuevo sobresalto ha dilatado nuevamente el calendario de las obras. El último contratiempo ha sido un deslizamiento de tierras provocado por las lluvias de marzo en el tramo entre Caminreal y Cariñena, un imprevisto que ha obligado a activar una nueva actuación de emergencia que, según reconoce Adif, se prolongará previsiblemente hasta, al menos, otoño.

El problema no es menor. Se trata de un desprendimiento de 40 metros en una zona especialmente sensible desde el punto de vista geotécnico, dentro de un tramo de 70 kilómetros que ahora requiere intervención adicional, según informan desde Adif, el gestor ferroviario estatal de esta infraestructura, que lleva cortada casi 15 meses por el plan de mejora integral de la línea que se lleva a cabo.

Este último percance vuelve a poner en evidencia un patrón que se repite desde el inicio de las obras, una sucesión de incidencias que han ido empujando los plazos sin que exista, a día de hoy, una fecha clara y fiable para la vuelta del servicio ferroviario.

Una sucesión de percances y retrasos

Hace apenas seis meses, el horizonte que manejaba Adif situaba la reapertura en el primer cuatrimestre de 2026. Antes, incluso, se había hablado de noviembre de 2025 como límite para las afecciones. Hoy, ese calendario ha quedado superado por los hechos. Y lo ha hecho sin una reformulación explícita de los compromisos. Aunque se confía en finalizar la actuación de urgencia en otoño, desde Adif advierten que así será siempre que no surjan más contratiempos sobrevenidos por motivos meteorológicos y por «las especiales características geotécnicas de la zona».

El proyecto inicial contemplaba cuatro intervenciones en túneles y pasos superiores. A ellas se han sumado al menos dos actuaciones de emergencia por inestabilidad del terreno, además de múltiples ajustes derivados de hallazgos arqueológicos, modificaciones constructivas o demandas de ayuntamientos y vecinos.

Los túneles se han convertido, de hecho, en uno de los principales focos de complicación. Más de la mitad de los 19 en los que se actúa han requerido intervenciones imprevistas, especialmente en puntos como Sarrión, Viver o Navajas. A ello se suman nuevos estudios en siete túneles del entorno de Encinacorba, en el Puerto Alto, donde las condiciones del terreno han obligado a extremar las precauciones.

En paralelo, se han ido incorporando mejoras sobre la marcha, como el refuerzo de pasos, el acondicionamiento de tramos de vía verde o la construcción de nuevos pasos inferiores en municipios como Cariñena, Jérica o Segorbe. Actuaciones razonables y necesaria para mejorar la ejecución de los trabajos, pero que añaden capas de complejidad a un proyecto que ya nació con un elevado grado de exigencia técnica.

La electrificación de la línea

Todo ello contrasta con el avance sostenido de la electrificación, que avanza a mejor ritmo. Ya se han instalado más de 3.350 postes y más de 120 pórticos rígidos, sobre los que ya se han desplegado prácticamente 4.300 ménsulas y 110 kilómetros e catenaria. El principal indicador que permite visualizar un progreso tangible de una infraestructura que acumula más de 600 millones de euros de inversión.

Sin embargo, para los usuarios la percepción es otra. Viajeros habituales, trabajadores o empresas que dependen del transporte ferroviario de mercancías ven una línea cerrada durante más tiempo del previsto y sustituida por soluciones provisionales que, con el paso de los meses, han dejado de parecerlo.

La intervención permitirá el paso de trenes eléctricos más veloces, acortando así los tiempos de viaje. Sin embargo, los plazos se están extendiendo más allá de lo esperado y es probable que el coste final de la obra también se haya incrementado. Adif insiste en que el objetivo es garantizar la seguridad y la fiabilidad futura de la línea. Mientras las obras se acercan a su final sobre el papel, la reapertura sigue sin fecha cierta sobre el calendario. Y eso, en una infraestructura que vertebra el sur de Aragón y conecta con Valencia, pesa tanto como cualquier talud.

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