Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Silvia Floria, la madre que ganó al Salud por las secuelas que sufrió su hijo al nacer: "No hay mala fe, ni siquiera rabia hacia el médico"

Las complicaciones provocaron Parálisis Braquial Obstétrica o brazo de trapo al menor, al que han tenido que operar en varias ocasiones

Silvia Floria, indemnizada por la Justicia por las secuelas que sufrió su hijo al nacer.

Silvia Floria, indemnizada por la Justicia por las secuelas que sufrió su hijo al nacer. / Pablo Ibáñez

Zaragoza

Silvia Floria se quedó embarazada por primera vez en 2018. Describe los nueve meses de gestación como "muy buenos", y asegura que todos los exámenes médicos salieron correctos. De lo que no tiene tan buen recuerdo es del parto. Según cuenta, se lo tuvieron que acelerar porque estaba estacionado, lo que le provocó unas contracciones muy fuertes. Silvia pidió una epidural pero el dolor no cesaba. "Me la quitaron y me la volvieron a pinchar porque vieron que estaba mal puesta", explica. Al bebé se le atascó la cabeza en la pelvis y, como la situación le impidió empujar de forma adecuada, la profesional del hospital Miguel Servet de Zaragoza que la atendía optó por hacer la maniobra de Kristeller, que según indica la madre está poco recomendada en España y prohibida en parte de Europa. Su hijo nació con Parálisis Braquial Obstétrica, que también se conoce como brazo de trapo. Hace apenas unos meses, Silvia cobró la indemnización después de que el TSJA (Tribunal Superior de Justicia de Aragón) estimara su demanda, según la resolución judicial a la que ha tenido acceso este diario y que reconoce las secuelas que sufrió el menor.

"Yo había roto aguas y el parto estaba un poco estacionado", expone Silvia. Apenas tenía contracciones y los médicos optaron por acelerarlo. Cuando dilató lo suficiente, le administraron la epidural, pero seguía sintiendo dolor "cada poco". "Tanto así que sentía que me hacía pipí. Las enfermeras me decían que eso no era posible", comparte, y añade: "Después de meterme muchos bolos decidieron llamar al anestesista". Fue entonces cuando vieron que no le habían administrado la inyección de forma adecuada.

Silvia cuenta que, además, se produjo una distocia de hombros, que según explica se da cuando "el hombro choca con el hueso y el bebé no puede salir". "Lo que pasa es que, cuando tienes tanta epidural, no puedes empujar bien y es muy difícil que la madre haga una maniobra. La tienen que hacer los médicos", sostiene. Y, desliza, son muy pocos los que tienen formación para afrontar esta emergencia obstétrica.

"El niño se atasca y hay muchas opciones para sacarlo, pero hay muy poco rato porque si no se ahoga, lo que conlleva una parálisis cerebral, la muerte o lo que sea", expone. La cabeza de su bebé se había girado y, comparte, "ese conjunto de cosas hizo que la ginecóloga no supiera enfrentar el parto como se debía". Tras probar varias técnicas, optó por hacer la maniobra de Kristeller. "Es, básicamente, que te saltan sobre la barriga y te aprietan para que salga el bebé, con el problema que puede llevar tanto para ti como para el bebé", resume Silvia, que afirma que en algunos casos esta se considera "violencia obstétrica".

Silvia sostiene que los profesionales que logran sacar adelante el parto sin que provoque lesiones en el bebé suelen "romper la clavícula" del niño porque los huesos son muy finos y enseguida se recuperan. "Como no supieron hacerlo, la manera fue tirar, y al estirar se rompieron los nervios que unen la médula espinal con el brazo", detalla. Ello provocó una parálisis del brazo derecho en su hijo, la citada Parálisis Braquial Obstétrica también conocida como brazo de trapo.

"En un principio tuve un poco de rechazo al bebé. Solo unas pocas horas, pero había sido un parto duro, de 27 horas. No lo recuerdo horrible, pero tampoco bien", expresa. Pero esa sensación pasó y conectó con su hijo. Y la madre enseguida notó que "algo pasaba". Le informaron de una parálisis del brazo y le explicaron que era una secuela "habitual" que se podía curar en 15 días y que solo un porcentaje muy pequeño no se recupera de ella.

El hijo de Silvia Floria, con la esacayola.

El hijo de Silvia Floria, con la esacayola. / Servicio Especial

Fue el caso de su hijo. Silvia investigó mucho y actuó rápido. Le indicaron que la podían derivar a un especialista de Barcelona, el experto en Parálisis Braquial Obstétrica Francisco Soldado. El profesional les informó de que el menor no se recuperaría. "A los tres meses de vida le operaron. Empezó a tener bastante más movilidad, dentro de una limitación importante, pero le pedía hacer vida normal", detalla. Recuerda la imagen de su hijo con casi todo el cuerpo escayolado, con solo un brazo libre pero conectado a un gotero. "Es bastante impresionante", expresa.

"Pero todo salió bien. No nos podemos quejar", comparte. Silvia conoció a otras madres que le dieron a conocer que existía la posibilidad de demandar. Y se puso manos a la obra. A los tres o cuatro meses de dar a luz comenzó los trámites administrativos y, asegura, "hubo silencio en todos los sentidos". "Nunca se nos contestó a nada", sostiene. El caso acabó en los tribunales y, mientras continuaba de visitas médicas con su hijo, al que tuvieron que operar al menos dos veces, avanzaba el proceso judicial.

Pero Silvia continuó con su "largo" proceso judicial. Cuenta que la administración recurrió la denuncia pero que, al final, y después de mucho pelear, la sentencia fue favorable. "Tardaron un montón de años", asegura, y sostiene que recibió la indemnización hace apenas tres o cuatro meses.

Ella tenía claro que quería denunciar pero no con el objetivo de perjudicar al profesional. "Cualquier madre que demanda por estas cosas solo busca tener capacidad económica para cubrir los gastos de sus hijos. No hay nadie que tenga mala fe, ni siquiera rabia hacia el médico. Esa demanda no va en sí contra el médico, sino en beneficio de poder cubrir esas cosas que tu hijo va a necesitar en el futuro", subraya. Recuerda los viajes a Barcelona y las operaciones, que si no las cubre la Seguridad Social se acercan a los 15.000 o 20.000 euros. A ello se suman los costes de las férulas, las consultas, etc.

"Tienes que tener un colchón económico que te permita cubrir esas necesidades", insiste. Comparte que lo único que solicitaría con relación a los médicos es una mayor formación en este aspecto. "Igual que nosotros no tenemos mala fe en la demanda, los profesionales no entran en un paritorio para fastidiar un niño", asegura.

Fueron estas circunstancias , entre otras, las que llevaron a Silvia a poner en marcha, junto al médico Francisco Soldado, la asociación infantil Brazos de Trapo, que comenzó en Zaragoza en 2019 y que ahora está presente en varias ciudades del país para ofrecer consultas solidarias a las familias que tienen una situación similar. Hay visitas médicas sin coste y el especialista realiza cirugías a bajo costo.

El hijo de Silvia Floria, con la férula posterior a la operación.

El hijo de Silvia Floria, con la férula posterior a la operación. / Servicio Especial

"Es una situación un poco complicada. En principio, tú esperas un niño sano, todo está bien y es un poco complicado de asumir", expresa la madre. Por eso, con la asociación busca asesorar a las familias en este complicado proceso. "Una de las cosas que más escucho es: mi hijo venía bien y me lo han jodido. Es lo que más nos cuesta a las mamás asimilar, o que te hablen de discapacidad... Tengan un mayor o menor grado, lo son, y nos cuesta asumirlo", expresa. Recuerda los primeros meses como "muy duros". "Constantemente tienes que estar mirando a ver si dobla o no el brazo, si lo mueve o no, si hace un movimiento nuevo... Los primeros meses son muy duros", detalla.

Pero, señala, estas rutinas acaban por integrarse en su día a día, como también las visitas al fisioterapeuta o a otros especialistas durante los primeros meses. Sobre todo, cuando el tiempo corre en contra y los tiempos son "ajustados".

En 2021, Silvia volvió a ser madre. El proceso fue complicado, los nervios "horribles" y tuvo que tomar "antidepresivos". Fue clasificada como paciente de alto riesgo por las dificultades del anterior parto, y aunque tuvo que sortear baches -"Hice un plan de parto bastante estricto. Mi marido tenía que estar constantemente conmigo y con la posibilidad de grabar todo", dice-, finalmente dio con una matrona que, celebra, fue "una maravilla". "La bebé prácticamente se me cayó por el pasillo, casi no llegué al paritorio", señala.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents