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Sonia, de "The Holiday" a visitar el mundo: "Llevo más de 70 intercambios y tengo varios ya cerrados para los próximos meses"

Descubrió el intercambio de casas en 2022 y, desde entonces, ha convertido esta fórmula en su principal manera de viajar

Sonia y sus dos hijas, durante uno de sus intercambios en Costa Ballena (Cádiz).

Sonia y sus dos hijas, durante uno de sus intercambios en Costa Ballena (Cádiz). / Servicio Especial

Zaragoza

Sonia Luis descubrió el intercambio de casas en 2022 y, desde entonces, ha convertido esta fórmula en su principal manera de viajar. En menos de cuatro años ha realizado más de 70 intercambios, tanto en España como en el extranjero, y asegura que la experiencia va mucho más allá del ahorro económico, es un modo de entender el descanso y el ocio.

«Yo ya conocía la idea, como mucha gente, por la película 'The Holiday', pero nunca me había lanzado. Siempre me ha gustado viajar y ese verano me animé a investigar por mi cuenta y probar», explica.

El funcionamiento, cuenta, es sencillo pero basado en la confianza. «Puedes hacer un intercambio recíproco, en el que tú vas a mi casa y yo a la tuya, o uno por puntos. Cada vivienda tiene una valoración según su ubicación, tamaño o características. Si alguien se aloja en tu casa, tú recibes puntos que luego puedes usar para viajar a otros destinos».

A diferencia de otras plataformas turísticas, aquí no hay transacción económica entre particulares. «No es como en otras plataformas de reservas. Esto funciona porque las familias comparten su casa con cuidado, pensando en que quien llegue se sienta como en la suya. Y tú haces exactamente lo mismo cuando viajas».

Sonia ha realizado más de 70 intercambios en menos de cuatro años Desde su primer viaje, que fue a Ámsterdam, en septiembre de 2022, con su hija para celebrar su mayoría de edad, no ha parado. «Entre gente que ha venido a mi casa y los viajes que he hecho yo, llevo más de 70 intercambios y tengo varios ya cerrados para los próximos meses».

En su caso, intercambia una segunda residencia en el Pirineo aragonés, lo que le da más flexibilidad. «No es lo mismo que tu vivienda habitual. Al ser una segunda residencia, puedo ofrecerla aunque yo no me vaya, y eso facilita hacer más intercambios».

Su experiencia incluye tanto escapadas nacionales como grandes viajes. «He cruzado dos veces el Atlántico. Hemos estado en Nueva York, Washington y estas últimas Navidades en Florida, en Miami y Cabo Cañaveral».

Más allá de los destinos, Sonia destaca el componente humano de la experiencia: «Los viajes que más te marcan no son por el lugar, sino por la gente. Estuvimos en Asturias en casa de una familia que nos dejó sidra, productos de su huerto… nos sentimos como en casa. De ahí salió incluso una amistad».

Otro de los intercambios más especiales fue en Nueva York. «Nos alojamos en casa de una pareja de unos 70 años en Manhattan. Vivimos como auténticas neoyorquinas. Eso no te lo da un hotel ni un apartamento turístico».

La relación, además, se mantiene en el tiempo: «Seguimos en contacto con ellos. De hecho, al año siguiente me encontré a la anfitriona por casualidad en Reikiavik, en Islandia. Fue un momento increíble».

Respeto, solo al principio

Como en todo lo desconocido, reconoce que al principio hay dudas. «Claro que da respeto. Estás dejando tu casa a alguien que no conoces. Mi mayor miedo era pensar: ‘llego a Ámsterdam y no hay casa’. Pero en cuanto haces el primer intercambio, se te quita».

La clave, insiste, es la reciprocidad: «La persona que entra en tu casa también deja la suya. Eso genera una empatía automática. Tú cuidas su casa como si fuera tuya porque sabes que están haciendo lo mismo con la tuya».

Además, la plataforma ofrece respaldo en caso de problemas. «Si algo falla, tienes soporte y alternativas. Eso también da tranquilidad», expone.

Una de las grandes ventajas, explica, es poder alargar las estancias: «En un hotel igual te permites cinco días. Aquí puedes irte siete, ocho o más y viajar con calma».

Imagen de un viaje de Sonia a Nueva York junto a sus hijas Adriana y Ainhoa.

Imagen de un viaje de Sonia a Nueva York junto a sus hijas Adriana y Ainhoa. / Servicio Especial

También destaca la comodidad, especialmente para familias. «En una casa tienes de todo: desde juguetes si viajas con niños hasta bicicletas, tablas de surf o trineos. Son detalles que marcan la diferencia», indica.

Sonia insiste en que el atractivo principal no es el económico, aunque reconoce que el ahorro es evidente: «No se trata solo de ahorrar dinero, que se ahorra mucho. Es una forma distinta de viajar, de entender el ocio y de compartir».

Hoy, calcula que entre el 80% y el 90% de sus vacaciones las organiza así. «Si viajo en familia, es lo primero que miro. Luego, si surge un viaje con amigos, hago algo más tradicional. Pero esto ya forma parte de mi manera de viajar».

Y, poco a poco, ha ido convenciendo a su entorno. «Varias amigas ya se han apuntado y otras se lo están pensando. Al final ven los viajes que haces y les entra el gusanillo», termina.

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