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¿Hay unicornios en Aragón?

No existe todavía una startup tecnológica fundada en la comunidad que haya superado la valoración de 1.000 millones de dólares. Es demasiado pronto, aunque sí que son candidatas numerosas empresas impulsadas por emprendedores

Los unicornios tecnológicos de Aragón

Los unicornios tecnológicos de Aragón / EL PERIÓDICO

El Periódico de Aragón

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La Wikipedia define al unicornio como una criatura mitológica, parecida a un caballo blanco, con patas de antílope, ojos y pelo de cabra y un cuerno en la frente. Sin embargo, en el siglo XXI, un unicornio es algo que tiene poco de mitológico y mucho de tecnológico. Es una startup impulsada por emprendedores que alcanza una valoración igual o superior a 1.000 millones de dólares antes de salir a bolsa o ser adquirida. El término nació en Silicon Valley para subrayar lo excepcional que era, en su momento, que una empresa joven lograra semejante valoración.

¿Hay algún unicornio tecnológico en Aragón? Todavía, no. “Es muy pronto”, reflexiona Sergio Martínez, zaragozano de 36 años, ingeniero industrial, piloto de avión frustrado y enganchado desde 2018 al ecosistema tecnológico con su startup Zebra. “Las Zebras son reales, los unicornios no lo son. Y las Zebras combinan negocio con impacto”. Y Sergio persigue con su proyecto el impacto y “dejar algo de nuestra huella en Aragón” Ha vivido en Suecia, Japón, Barcelona y en la actualidad ejerce de emprendedor tecnológico en el edificio Etopía, en el barrio zaragozano de La Almozara.

Qué caracteriza a un unicornio tecnológico. Principalmente, un crecimiento extremadamente rápido, tanto en usuarios como en ingresos. Su modelo de negocio es escalable y basado en software, plataformas digitales e inteligencia artificial. A estas startup se las considera la punta de lanza de la innovación tecnológica en el ecosistema emprendedor. Zebra tiene a 22 personas en plantilla y a seis en prácticas. La mitad son ingenieros y la otra mitad, programadores. ¿Su labor? Implementar soluciones de Inteligencia Artificial en mejora de procesos. “Entramos en una empresa y vemos las cosas que se pueden hacer de otra manera y que supongan un ahorro en costes, en horas…”. 

En Aragón no existe todavía un unicornio “oficial”, es decir, una startup tecnológica fundada en la comunidad que haya superado la valoración de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, sí hay candidatas claras, empresas que están muy cerca por crecimiento, inversión y proyección. El boom tecnológico aragonés es reciente, impulsado por la llegada de hiperescalares como Amazon Web Services, la creación de hubs de IA y centros de datos, la consolidación de Zaragoza como polo logístico digital y, por último, el crecimiento del talento local y la atracción de inversión. Todo esto hace que el primer unicornio aragonés sea cuestión de tiempo.

Zaragoza es la cuarta ciudad de España y, sin embargo, ocupa el duodécimo lugar en el ecosistema del emprendimiento. “Estamos por debajo de lo que debería ser”, lamenta Sergio Martínez. Y añade: “El ejemplo que siempre pongo es Valencia. Es una ciudad un poco mayor que Zaragoza. Hace doce años, no había nada a nivel de emprendimiento de start up. Hubo un movimiento al principio de buscar talento, empresas e inversión. Hay que atraer al emprendedor a un entorno en el que se hable su idioma”. Es decir, se trata de crear el clima favorable para el emprendimiento con la organización de jornadas y encuentros de especialistas de todo el país que descubran la Zaragoza tecnológica. “En Zebra, montamos dos eventos al año. En octubre, juntamos a 800 personas de toda España y en junio a 600 personas del entorno tecnológico. También organizamos encuentros mensuales con el fin de que haya caldo de cultivo. Todo requiere un poso. Luego están las empresas. Se ha de apostar por las de aquí y saber atraer a buenas empresas. Y hay una tercera pata muy importante, la inversión profesionalizada, que no se había trabajado tanto hasta ahora”.

Sergio Martínez aprovecha para reclamar a las Administraciones públicas mayores ayudas económicas a los emprendedores; es decir, reivindica que todo el dinero no se lo queden las grandes multinacionales tecnológicas. “Debe haber una permeabilidad de esas inversiones mastodónticas en las empresas pequeñas del territorio. Debe haber un hub de colaboración entre las grandes y pequeñas empresas”, plantea. 

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