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Las palabras del presidente Azcón: de la "tierra de acogida" al guiño a Lambán

El Estatuto de Autonomía ha sido protagonista inesperado del discurso de Jorge Azcón, que no ha aludido a la "prioridad nacional" pactada con Vox y ha hablado de Aragón como una "tierra de acogida" que se ha sacudido "los complejos"

Azcón firma la comunicación al rey de su toma de posesión como presidente de Aragón.

Azcón firma la comunicación al rey de su toma de posesión como presidente de Aragón. / JOSEMA MOLINA

Laura Carnicero

Laura Carnicero

Zaragoza

Jorge Azcón ha vuelto a dirigirse a la ciudadanía aragonesa –por cuarta vez en apenas una semana– con la emoción y la seguridad de quien se sabe ya seguro en su nuevo cargo. El presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, ha jurado su nueva responsabilidad ante varios centenares de invitados en el Patio de Santa Isabel del Palacio de la Aljafería. Y lo ha hecho en un tono distinto y con unas palabras distintas que los días anteriores. El Estatuto de Autonomía de Aragón ha tenido un inesperado protagonismo en una alocución pronunciada por un presidente del Partido Popular. Y ha dejado en el aire otras palabras que en la última semana habían cobrado, quizá, demasiado peso.

No ha hablado Jorge Azcón esta vez, en su primera intervención como nuevo presidente del Gobierno de Aragón en la XII legislatura, de la "prioridad nacional" pactada con la extrema derecha para conformar ese acuerdo de gobernabilidad que pretende durar, esta vez sí, cuatro años.

Toma de posesión de Jorge Azcón.

Toma de posesión de Jorge Azcón. / Jaime Galindo

Sin embargo, ha hablado el presidente de Aragón como una "tierra de acogida", eso sí, con matices. "Una tierra de acogida a quienes vengan a compartir ese anhelo de crecimiento desde el respeto a nuestras normas y valores", ha dicho el recién elegido presidente, menos encorsertado que en los últimos días y aprovechando las últimas horas antes de sentar en el Consejo de Gobierno a un tercio de integrantes de Vox.

Ha vislumbrado Azcón un Aragón "más próspero, más social y con más oportunidades", que pueda legar una sanidad, una educación y unos servicios sociales "más robustos". Y ha prometido hacerlo con la "mano tendida" a los agentes sociales y económicos y al resto de partidos políticos. Toda una declaración de intenciones después del terremoto que supuso el texto del acuerdo PP-Vox, que habla de recortar al 50% las subvenciones para las organizaciones sindicales y empresariales. Y también una declaración de buenas intenciones para mantener el diálogo abierto con el resto de partidos políticos, con quienes ya se han producido los primeros choques en las Cortes de Aragón en un mandato de mayoría absoluta holgada con los 40 diputados que suman las dos derechas.

El discurso del presidente tuvo pinceladas del Estatuto de Autonomía. Habló de los artículos 26, 27 y 28, del derecho a una vivienda digna, al pleno empleo y la promesa de fomentar la investigación y la innovación. También del artículo 88, que habla de la relación con el Estado en términos de "lealtad institucional". No se detuvo, quizá por motivos obvios, en el artículo 108. El que habla del acuerdo bilateral económico-financiero con el Estado y que Azcón se ha negado hasta ahora a activar con el Gobierno de Sánchez, a pesar de las críticas a la financiación "privilegiada" para Cataluña.

"Estabilidad" y "ambición" fueron las dos palabras elegidas por el presidente para describir al nuevo Gobierno de coalición. De momento, un deseo, un anhelo que refleja a las claras cuáles fueron precisamente las fallas de esa primera intentona que acabó en ruptura y bloqueo institucional.

Y ha hablado Azcón de que Aragón "hoy es una comunidad autónoma que se ha sacudido los complejos y construye con paso firme su propio futuro". Este era uno de los anhelos de otro presidente, quien le precedió en el cargo. El socialista Javier Lambán a menudo animaba en sus discursos a los aragoneses a despojarse de esos "complejos" para reivindicarse y reivindicar su peso en la historia, en el presente y en el futuro de España. Sea un guiño, o no, al expresidente, no deja de ser un mensaje coincidente con quien le entregó el bastón de mando en 2023. Las palabras elegidas cuentan tanto como las que no se dicen.

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