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Papa Ndao, militante en el Movimiento Antirracista: "A los dueños de los campos les viene bien que llegue gente sin papeles"

El Movimiento Antirracista en Aragón al que pertenece Ndao denuncia en que en el campo aragonés se vive "un racismo estructural" que se aprovecha de las condiciones precarias de los migrantes

El senegalés especialista en extranjería y miembro del Movimiento Antirracista, Papa Ndao.

El senegalés especialista en extranjería y miembro del Movimiento Antirracista, Papa Ndao. / El Periódico de Aragón

David Chic

David Chic

Zaragoza

El senegalés Papa Ndao cuenta en la actualidad con un despacho de abogados especializado en extranjería, pero cuando llegó a Aragón a los 15 años necesitó trabajar en cualquier cosa. Por esa razón conoce bien en mundo de la fruta y desde la militancia en el Movimiento Antirracista están atentos a los abusos y discriminaciones que todavía vive el colectivo migrante en la comunidad durante la campaña de recogida de la fruta. «A los dueños de los campos les viene bien que llegue gente sin papeles, sin el idioma y de la que puedan aprovecharse», resume.

El principal punto de atención de cara a la nueva campaña está en la situación de la vivienda. Denuncia que existen compañeros en Longares, en la recogida de la uva, que están alojados en estructuras ruinosas «encima de un basurero». Por eso pide prestar más atención a la realidad a pie de campo. «La gente que dice que las cosas han mejorado solamente se fija en los trabajadores que están en regla. Sin embargo, una gran cantidad de las personas que trabajan en el campo todavía no tienen sus papeles», reconoce.

Desde el Movimiento Antirracista de la comunidad inciden en esta idea. "No es que se den problemas de racismo, es que existe racismo y punto", afirman. Para ellos se vive "un racismo sistémico y estructural que funciona bien a los duelos de esos campos y que no afecta directamente a la población autóctona porque no están haciendo esos trabajos, puesto que no lo harían por las miserias que pagan y por las condiciones infrahumanas en las que tienen que vivir las personas temporeras", denuncian.

Ante la regularización, un proceso en el que está implicado directamente desde su despacho de abogados, señala que no cambiará sustancialmente las condiciones de vida de los temporeros. «Cambiará la situación legal y les permitirá cotizar, pero las condiciones y el trato siguen igual», lamenta Ndao. Para el colectivo este cambio "es un alivio, pero no es la panacea del problema de la precariedad y el empobrecimiento".

En opinión de Ndao el panorama no ha cambiado mucho al que conoció hace ocho años trabajando en Caspe en la recogida de la nectarina. «En mi caso, cuando yo estaba trabajando en el campo, cobraba 37 euros al día. Y de esos 37 euros tenía que pagar siete euros por la comida y diez euros por la cama todos los días», advierte.

La situación ya la había vivido en Quinto, obligado a jornadas de doce horas. «Los amigos de mi padre que estaban allí me dijeron: si no trabajas, te van a echar», recuerda. Y así sucedió, pues se negó al sistema de explotación al que estaban obligados. «Los trabajadores que están sin papeles no forman parte de lo visible», evidencia.

El racismo que sufren también está a la orden del día, complicando las relaciones por la dificultad del idioma y el grado de analfabetismo de una mayoría de los llegados de África. Por esa razón la migración latinoamericana logra empleos más sociales y ellos se ven abocados al campo. «A las personas negras, yo siempre lo digo, la gente no las quiere ni en sus casas», expresa.

Otro punto de atención está en los propios almacenes de fruta, donde este año una campaña trata de evidenciar el trabajo femenino dentro de la recogida. "Los cuerpos de las mujeres no blancas parecen que pudieran ser usados y llevarlas al ostracismo social y vivencial: tenemos que hacer un trabajo profundo no sólo de reflexión, si no de acción", reclaman desde el Movimiento Antirracista.

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