Así se plantea el verano para los aragoneses: las vacaciones no se tocan
Los aragoneses pueden ajustar su presupuesto y los días, pero no renuncian a las vacaciones. Las agencias aseguran que seguirán viajando aunque tengan que reducir la duración de las estancias

Una madre pasea por la ciudad con su hijo mirando un plano. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Con el verano a la vuelta de la esquina, los aragoneses organizan sus vacaciones, y lo hacen manteniendo una costumbre que apenas entiende de crisis: viajar. Su intención es viajar y llenar playas, aeropuertos y destinos turísticos. Las agencias de viajes en Aragón afrontan la campaña con una mezcla de prudencia y optimismo. Aunque la demanda se mantiene activa, factores internacionales y el contexto económico modulan las decisiones de unos viajeros que ajustan duración y presupuesto.
Los aragoneses se tendrán que rascar más el bolsillo debido a la inestabilidad internacional y al aumento de los costes. La tensión geopolítica en Oriente Medio y la incertidumbre económica están provocando además que muchos turistas europeos miren más hacia destinos nacionales como Islas Baleares o Canarias. Ante una demanda elevada, los precios se encarecen.
El aumento de los costes no condiciona las vacaciones, aunque sí puede afectar a la duración. La tónica general es acortar los días de estancia, no quedarse en casa. Calcular un precio medio para viajar este verano a las islas no es sencillo, ya que las diferencias entre fechas, vuelos y hoteles son enormes y existen ofertas muy puntuales.
Una búsqueda rápida en comparadores muestra vuelos desde Zaragoza a Baleares entre julio y agosto desde unos 60 euros por persona hasta los 300, dependiendo de la semana. En alojamiento, seis noches para dos personas puede costar desde 450 euros hasta superar los 8.000 en hoteles de lujo. En Menorca todavía se encuentran opciones desde unos 500 euros por pareja, aunque los precios también se disparan en agosto.
En Canarias ocurre algo parecido. Hay habitaciones desde unos 150 euros semanales en alojamientos básicos y en fechas concretas, mientras que algunos hoteles premium rozan o superan los 6.000 euros por semana en plena temporada alta.
Sergio Machín, responsable de Viajes Zaragoza, reconoce que ha notado un pequeño parón en las reservas: «La cosa iba bien hasta que empezó la tensión en Oriente Medio. La gente estaba mirando más viajes y haciendo reservas anticipadas, pero hace un mes y medio, aproximadamente, hubo un parón. Ahora parece que, como la situación está algo más tranquila, vuelve a reactivarse poco a poco», matiza.
Machín reconoce que la incertidumbre internacional siempre acaba repercutiendo en las agencias de viajes: «Llevo muchos años trabajando en este sector y estas cosas afectan a la venta».
El impacto se nota especialmente en los destinos relacionados con Oriente Medio. Turquía, Jordania, Emiratos Árabes, Dubái o Catar han perdido fuerza entre los viajeros aragoneses. «Muchos de esos aeropuertos además sirven como escala hacia Asia y la gente ahora evita esas rutas», explica.
En cambio, el turismo nacional sigue manteniendo un ritmo sólido. Canarias, Islas Baleares y los destinos de playa vuelven a situarse entre las opciones favoritas de los aragoneses. «Las islas y la costa son lo que más se está demandando. El turismo de interior se mueve algo menos», apunta.
Las agencias también perciben que los viajeros intentan ajustar gastos sin renunciar al verano. «Quizá en vez de ir diez días se vayan ocho, o en vez de quince hagan diez, pero la gente seguirá viajando», resume Machín.
El responsable de Viajes Zaragoza sí destaca el buen funcionamiento de los vuelos chárter que salen desde la capital aragonesa. «Cuando se han programado viajes desde Zaragoza prácticamente se han llenado todos», asegura.

Varias personas esperan para subirse al tren en la estación Delicias de Zaragoza. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Precisamente, la conectividad aérea es una de las preocupaciones del sector. Machín considera negativo el anuncio de nuevos recortes de rutas por parte de Ryanair. «Cuanta más oferta haya, mejor. No es lo mismo salir desde Zaragoza que tener que desplazarte a Madrid o Barcelona».
El contexto geopolítico también puede provocar un efecto indirecto beneficioso para el turismo español. Machín cree que muchos viajeros europeos que antes elegían destinos del Mediterráneo oriental o de Oriente Medio acabarán optando este verano por países como España o Italia: «Eso hará que haya más demanda. Si los hoteles se llenan más, podrían subir los precios».
Desde Noe Travel también perciben una ralentización en las reservas internacionales. «Ahora mismo la cosa está un poco parada. La gente está mirando más destinos de la península, Islas Baleares o Canarias. El extranjero está más frenado», explican desde la agencia. A su juicio, este verano el turismo nacional puede imponerse claramente al internacional: «De momento sí parece que va a ser así».
Eso sí, la fuerte demanda está teniendo consecuencias directas en los precios, especialmente en destinos insulares. «Canarias e Islas Baleares han subido bastante respecto a otros años», señalan, aunque prefieren ser prudentes mientras esperan nuevas campañas y descuentos de los turoperadores.
Optimismo
Javier Ariza, representante de la Asociación de Agencias de Viajes de Aragón, reconoce que las previsiones de cara al verano son positivas, aunque el contexto global ha introducido cierta incertidumbre. «La previsión inicial era muy buena, porque el año pasado fue bueno. Somos relativamente optimistas», apunta.
Ariza, responsable también de Viajes Zanzíbar, advierte de que los conflictos internacionales influyen en la percepción del viajero. No tanto por una imposibilidad real de viajar, sino por la sensación de inseguridad que se genera. «Temas como el conflicto en Irán y la situación del estrecho de Ormuz hacen que la gente se frene un poco. No es un año malo, pero sí algo más parado de lo esperado», explica.
En este sentido, rechaza mensajes que, a su juicio, distorsionan la realidad del sector, especialmente en lo referente a la conectividad internacional. «Se están diciendo cosas que se acercan a la verdad, pero no son del todo ciertas. Por ejemplo, que no se puede viajar a Asia. Eso no es cierto. Se puede viajar perfectamente», afirma con rotundidad.
Además, detalla opciones de conexión: «Se puede volar a Asia desde múltiples puntos europeos. Desde Madrid hay vuelos directos a Tokio o conexiones a Pekín o Shanghái. Decir que no se puede viajar genera una percepción equivocada».
Ariza insiste en que el comportamiento del consumidor está más vinculado a la economía doméstica que a la falta de destinos disponibles. «Los precios no tienden a bajar. A veces se generaliza demasiado. No todos los viajes son iguales ni a los mismos destinos», añade.
En la práctica, el sector detecta una diversificación de la demanda, con especial interés en destinos de media y larga distancia, aunque siempre condicionados por el presupuesto: «Hay mucha gente que si pensaba ir a Egipto, ahora tiene más dudas, aunque se puede viajar perfectamente. Y estamos trabajando destinos como Islandia, cruceros o Canadá, Chile y Argentina», argumenta.
Respecto a los hábitos de viaje, Ariza confirma que los aragoneses no han renunciado a sus vacaciones, pero sí han ajustado la forma de viajar. «Se puede acortar la estancia o bajar categoría de hotel. Eso ha ocurrido siempre», termina.
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