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Javier Osácar, el joven geólogo de Zaragoza premiado por su Trabajo Fin de Grado: "Extrajimos conclusiones que se conocieron por primera vez"

El joven recibió el premio José Ramírez del Pozo de la Sociedad Geológica de España por su estudio sobre icnitas del Eoceno superior en Bailo

Javier Osácar Tena, en una visita a Bailo para su TFG.

Javier Osácar Tena, en una visita a Bailo para su TFG. / Servicio Especial

Zaragoza

Para Javier Osácar Tena (Zaragoza, 2002), fue toda una sorpresa recibir el premio José Ramírez del Pozo de la Sociedad Geológica de España (SGe) al mejor Trabajo Fin de Grado (TFG) 2025. Su investigación, explica, consistió en el «estudio de icnitas (huellas fósiles) de varios mamíferos de hace cerca de 35 millones de años, en el Eoceno superior, en Bailo, un pueblo de la cuenca de Jaca». Casi un año después, expresa: «No me lo esperaba, nunca me habían dado nada así». Es el resultado del que fue para él un trabajo «muy constante».

«Había otro tema de TFG que me interesaba más, pero elegí este por los profesores», comparte Javier. Comenzó así a estudiar las icnitas que había selladas en algunas losas de la plaza de Bailo, que cuenta que fueron vistas por primera vez por el guardia forestal del pueblo.

El joven explica que su trabajo, que duró cerca de un curso completo, se desarrolló por dos caminos diferentes, uno con cada profesor de TFG, pero complementarios. Por un lado, con su tutor, que según indica es un «experto en huellas de mamíferos del Eoceno Superior», estudió qué animales podían haber dejado esas huellas. Aunque estas se descubrieron en las losas de la plaza de Bailo, habían sido extraídas de una cantera de Arrés, otro pueblo de la zona. Por otro lado, con su tutora, que se dedica a estudiar el «paleoambiente, es decir, el medioambiente en el que vivían», se centró en analizar «qué había sido eso antes: si una playa, un río…».

«Se complementan. Una cosa ayuda a explicar la otra. Que haya determinados animales informa de que era un tipo de ambiente y que fuera un tipo de ambiente explica por qué se han conservado las huellas», dice.

Además de la investigación y el análisis, el TFG de Javier tuvo mucho trabajo de campo. «Fuimos muchas veces a Bailo. Allí hablábamos con un concejal que es geólogo», dice. También visitaron con frecuencia Arrés. «De ahí se sacaron las losas con icnitas que había en el suelo de Bailo, por lo que había que analizar la cantera de la que se habían extraído y sus alrededores», aclara.

Tras hablar con personas del pueblo e investigar sobre las rocas, las huellas y el terreno, concluyeron que el lugar era un delta. «Era la desembocadura de un río en un mar, con una zona de barro donde los animales se acercaban a beber y dejaban las huellas. Como el río tiene periodos de crecida en los que descarga mucha agua, eso tapó las huellas e hizo que se conservaran mejor», explica.

También realizaron «dos grandes descubrimientos» en relación a los animales que habían dejado esas huellas, en parte gracias a que les dejaron extraer de la plaza de Bailo las losas con icnitas para su posterior estudio en la Universidad de Zaragoza. «Dedujimos que los animales que fueron los autores de estas, que fueron más de uno, estaban presentes en rocas de edades bastantes más antiguas de los últimos registros que se tenían. Es decir, que existían antes de lo que estaba registrado», revela.

Javier cuenta que encontraron huellas de dos dedos que eran «como de cabras o corzo» y otras de tres dedos que pertenecían a un antecesor de los caballos. Y aquí el otro gran hallazgo: «Descubrimos que la huella de la pata de adelante y la de atrás de estos animales eran diferentes pero eran del mismo individuo. Asociamos ambas icnitas a ese animal», desgrana. «Había también de lo que se llama un carnivoramorfo, cuya huella se parece como a la de un gato pequeño», dice.

Javier recuerda el TFG como un proceso «interesante». «Me gustó la forma de trabajar de mis profesores. Me pareció emocionante. Fueron datos pequeños, pero extrajimos conclusiones que se dieron a conocer por primera vez en la historia… También es arriesgado, da un poco de miedo», comparte.

Pero el esfuerzo mereció la pena y Javier ha sido galardonado con el premio José Ramírez del Pozo, que consiste en ser miembro de la SGE gratis durante un año, recibir material profesional y la invitación a participar en unos congresos de la sociedad.

Ahora Javier hace las prácticas del máster del Profesorado que comenzó a estudiar en septiembre y, aunque tiene claro que su destino está en las aulas, apuesta por un cambio de modelo. «No se puede dar Geología dentro de una clase. Hay que salir», defiende.

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