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El hijo de Manuel Giménez Abad, 25 años después del asesinato de su padre a manos de ETA: "No ilegalizaría Bildu, pero para mí no es un interlocutor válido"

Hace hoy 25 años, ETA asesinó al presidente del PP Aragón con tres tiros por la espalda. Le acompañaba ese 6 de mayo su hijo, Borja Giménez Larraz, que hoy guarda su legado, es eurodiputado del PP y aboga por una política que regrese a "latitudes más templadas"

VÍDEO | Entrevista con Borja Giménez Larraz, hijo de Manuel Giménez Abad

Miguel Ángel Gracia

Laura Carnicero

Laura Carnicero

Zaragoza

Se cumplen 25 años del asesinato de su padre, Manuel Giménez Abad, a manos de ETA. ¿Qué siente en estos días?

Hay un cúmulo de sentimientos: por una parte, sentimientos duros, porque te devuelve a esos días de horror, eso es una realidad incontestable. Pero al mismo tiempo, orgullo y un enorme agradecimiento. Orgullo por que la figura de mi padre siga estando presente 25 años después y agradecimiento a la sociedad aragonesa por el esfuerzo que ha hecho para mantener viva su memoria. Es algo digno de tener en cuenta y que dice mucho de la sociedad aragonesa en su conjunto. También de los medios de comunicación. Que 25 años después hayamos entendido todos que el asesinato de una persona por su ideología haya sido un hecho que forme parte de la memoria democrática de nuestra comunidad.

¿Qué recuerda de aquel momento? Tenía solo 17 años… No sé si la memoria se va perdiendo o hay cosas que es imposible olvidar.

Hay cosas que recuerdo. Recuerdo el día de antes, estuve celebrando que había aprobado los exámenes de COU con mis amigos. Al día siguiente, fuimos a comer fuera. Cuando volví, mi padre estaba en casa, se echó la siesta y cuando él se despertó tenía cierta reticencia a ir al partido y la verdad es que le animé bastante. Era un partido importante del Zaragoza y es algo que no lo olvidas. No se va de tu memoria. Cuando salimos hacia el estadio de la Romareda, y cuando llevábamos cinco minutos andando, a pocos metros de aquí, le descerrajaron tres tiros a mi padre. Dos en la espalda y uno en la cabeza. Y es verdad que esto, contarlo siempre es duro, aunque lo he contado muchas veces. Y va a seguir siendo duro. Pero me gusta hacerlo de una forma transparente porque creo que puede llegar con mayor impacto a esas nuevas generaciones y quien no ha conocido la realidad de lo que ocurrió durante esos años. Un señor que se iba al fútbol con su hijo y que, por ser político en ese momento, porque mi padre era letrado, era un funcionario público, por representar a todos los aragoneses y por representar algo que no les gustaba a estos fanáticos, decidieron acabar con su vida de esa forma tan vil y asquerosa.

Borja Giménez Larraz, a las puertas de EL PERIÓDICO, ayer en la entrevista.

Borja Giménez Larraz, a las puertas de EL PERIÓDICO, ayer en la entrevista. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Pasaron muchos años esperando una sentencia, que llegó en 2023. Una condena de 30 años de cárcel a Mikel Carrera, por el asesinato de su padre. Usted vio quién era el autor, su testimonio fue clave en ese juicio. ¿Fue un pequeño punto de inflexión en ayudar a llevar el duelo?

No va a ayudar a curar la herida que se abrió aquel 6 de mayo, pero sí que ayuda a cicatrizar algo y a limar la herida que se abrió aquel día. Era algo que nosotros deseábamos, que se hiciese justicia y finalmente se condenó al autor material. Hicieron falta muchos años pero hoy existe una condena y sí que tenemos una cierta satisfacción y un cierto alivio. Nosotros somos unos afortunados: hay más de 300 asesinatos sin resolver. Otra de las partes implicadas en el asesinato no pudo ser condenada porque no había pruebas suficientes, pero bueno, hoy está en la cárcel.

En esos 20 años esperando a la Justicia, su familia siempre ha defendido la importancia de creer en el Estado de Derecho, en las investigaciones policiales… Y también de encontrar apoyo en otras víctimas.

Nosotros siempre hemos tenido un respeto absoluto al Estado de derecho. A mi padre lo asesinaron por representar precisamente eso y por eso somos escrupulosos con ello. Lo que hemos exigido siempre es que, a unas víctimas que han sido asesinadas por representar al Estado de derecho, el Estado de Derecho trabaje hasta el final, que persista, hasta arrojar luz y dictar justicia sobre los asesinatos que quedan por resolver. A lo largo de estos 25 años sí que me he podido encontrar con muchas víctimas, escucharles, saber lo que les ha ocurrido. Algunas de ellas han avivado mis sentimientos, me han hecho romper a llorar, y sí, hay algunas historias dramáticas. Al tiempo que apuntaba el enorme apoyo y respaldo que hemos encontrado por parte del conjunto de la sociedad aragonesa, que ha sido absoluto desde todos los puntos de vista, hay otras víctimas que no han tenido la misma situación. Víctimas del País Vasco y Navarra han tenido que dejar sus pueblos o ciudades, su vida, porque después de que asesinasen a su familiar, seguían siendo hostigadas.

Giménez Larraz, a las puertas de EL PERIÓDICO, con motivo de la entrevista por el 25 aniversario del asesinato de su padre.

Giménez Larraz, a las puertas de EL PERIÓDICO, con motivo de la entrevista por el 25 aniversario del asesinato de su padre. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Han pasado casi 20 años del último asesinato de ETA. El asesinato de Giménez Abad fue el último de la banda terrorista en Aragón. Hay generaciones que han crecido sin ETA. ¿Cree que falta pedagogía entre los más jóvenes sobre lo que supuso la banda terrorista?

Sí, creo que es fundamental. Entrevistas de este tipo y el documental que se ha estrenado creo que van a contribuir en esa dirección, a tratar de plasmar y diseñar un relato justo que explique qué fue lo que ocurrió. Que hubo unas víctimas y unos verdugos, que mi padre fue asesinado por representar unos principios y unas libertades, las de todos los ciudadanos. Y eso es lo exigible. La situación actual a mí me alarma: que la gran mayoría de los jóvenes vascos no sabían siquiera ni quién era Miguel Ángel Blanco. No me parece muy razonable que un hecho tan trágico, con tantas connotaciones en el País Vasco no sea conocido por los jóvenes de esa comunidad y más cuando ves que la segunda fuerza política es Bildu. Que Bildu obtuvo un 33% de votos en las elecciones autonómicas, y que muchos jóvenes votan a un partido político que no ha condenado el terrorismo. Defiende un discurso ultranacionalista, identitario, excluyente de una parte de la sociedad… Un discurso que, desde mi punto de vista, es poco edificante desde el punto de vista democrático.

Hay voces de su partido y en Vox que piden la ilegalización de Bildu. ¿Usted sería partidario?

No, llegados a este punto, no es un tema ni siquiera que esté en mi mente el plantear una ilegalización. El hecho de que sea un partido legal, que cumpla con la legalidad no significa que desde mi perspectiva no cumpla los más mínimos atributos para ser un interlocutor válido en una relación parlamentaria o política. Esa es la realidad. No te engaño: a mí me apena ver al Gobierno de España, al PSOE, que haya normalizado esa relación. Eso contribuye a ese proceso de blanqueamiento de Bildu. Y es un blanqueamiento que es el lugar en el que ellos quieren estar.

Es una ideología que tiene seguidores. Cuando ETA asesinaba, hubo una respuesta unánime del resto de partidos que le exigían a ETA que utilizara las herramientas democráticas, que renunciara a la violencia. ¿Qué pasos cree que se tienen que dar por parte de Bildu para que sea un interlocutor válido, también desde su perspectiva?

Hay un elemento que es clave, y es que esta gente condene el asesinato de mi padre. Para empezar. Es que hoy no lo condenan. Estamos en un escenario en que difícilmente puedo catalogarles como interlocutor válido cuando no son capaces de condenar un asesinato. Y no lo han hecho. No quieren condenar su pasado. Esa es una realidad. Para mí ese sería el elemento diferencial. Pueden plantear esos perdones en ocasiones extraños, medidos, calculados hasta la última letra, pero lo que tendrían que hacer sería renegar de ese pasado de sangre, decir que se equivocaron y que condenan lo que hicieron. Que eso fue un desastre, pero ellos no quieren. Frente a eso lo que nos encontramos es que sigue habiendo homenajes a terroristas en el País Vasco y Navarra, sigue habiendo actos de enaltecimiento, carteles… Un ambiente que desde mi punto de vista no es el más saludable para poder reconstruir esa confianza entre todos los vascos. Y eso es algo que en Aragón no lo vivimos, aquí la perspectiva de la política es distinta. Esta es una tierra abierta a pactos y lo llevamos en nuestro ADN. Habla mucho de esta comunidad que la figura de mi padre, que está vinculada a un partido político, se haya convertido en una figura y un patrimonio de todos los aragoneses, no de los de una ideología concreta.

Siempre se habló de su padre como un hombre amante de la palabra, dialogante… ¿Echa en falta esos perfiles en la política actual?

Bueno, sí, parece indudable que la política hoy está muy crispada y polarizada. Sería pertinente reconducirla a latitudes más templadas, donde abundan los grises, el debate de ideas y hoy por hoy parece complicado.

¿Cómo ve el futuro? ¿Qué le gustaría que pasara en la política aragonesa y española, ya que pese al coste que tuvo para su familia entrar en política, usted ha seguido los pasos de su padre?

Por lo que respecta al tema del terrorismo, la parte fundamental es que se fije un relato claro, que los jóvenes sean conocedores de la historia de nuestro país. Que las víctimas del terrorismo contribuyan y sean un pilar fundamental de esa memoria democrática de España desde un punto de vista general. Desde mi posición como político, creo que urge que haya una alternativa, un cambio de Gobierno en España y que la política baje ciertos decibelios, que ese nivel de crispación disminuya y pueda haber pactos para las grandes cuestiones del país y eso es lo que me gustaría ver.

¿Se ve volviendo de Bruselas?

No, no. Estoy feliz. La política europea me encanta y está siendo una oportunidad, un privilegio, y voy a seguir intentando hacer las cosas lo mejor posible y representar a los aragoneses lo mejor posible.

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