El "héroe olvidado" que fue guardia civil y militante de la CNT: La Generalitat de Cataluña 'anula' el consejo de guerra contra un calandino fusilado en la guerra civil
La trayectoria del agente Juan Méndez Sancho, leal a la legalidad republicana durante la guerra civil, ha sido reconocida por la Generalitat de Cataluña con la emisión de un certificado de reparación jurídica para rehabilitar su figura

Portada del consejo de guerra con insignia de la Guardia Republicana. / El Periódico de Aragón

Un vecino de Calanda que entró en la Guardia Civil en el año 1917 ha recibido esta semana el reconocimiento oficial de la Generalitat de Cataluña como víctima de la guerra civil española tras la anulación simbólica de su consejo de guerra. Un movimiento simbólico que sirve para reconocer la trayectoria de una persona que según define el periodista, gestor cultural y escritor, Joaquín D. Gasca, gran indagador en su figura, fue «un héroe olvidado».
El calandino fue «un hombre comprometido con los valores del instituto armado que descansa en silencio en el Fossar de la Pedrera, en el cementerio de Montjuic, acompañado de decenas de compañeros de la benemérita», explica. En su opinión, debería tener un reconocimiento mayor como representante del sector oficial leal a la legalidad.
La historia de Juan Méndez Sancho está marcada por alguno de los hechos más relevantes del siglo XX. Nacido en Calanda el 23 de noviembre de 1896, acabado el servicio militar ingresó en la Guardia Civil como guardia de segunda, siendo destinado a la Comandancia de Huesca. Al final de sus días, «por su compromiso con la ley y la democracia» fue condenado en Consejo de Guerra que tuvo lugar en Barcelona y fusilado el 7 de noviembre de 1939.
Méndez Sancho, que por su trayectoria había conocido la miseria del campo aragonés, también fue militante de la CNT y estaba considerado como un «demócrata», realizando importantes servicios humanitarios en todos sus destinos, según publicaron periódicos de la época.
Consejo de Ministros
La guerra civil fue la gran tragedia a la que se enfrentó el calandino, de ahí el reconocimiento de las autoridades catalanas. «Realmente es algo testimonial, lo realmente importante sería un acuerdo del Consejo de Ministros que pudiera revocar el consejo de guerra, pero como gesto simbólico es importante», asegura Joaquín D. Gasca.
El 18 de julio de 1936 sorprendió a Méndez Sancho destinado en la localidad catalana de Arenys de Mar. La benemérita se mantuvo leal al poder republicano y los agentes fueron concentrados en Mataró, donde todavía había episodios y combates de algunos grupos que todavía apoyaban a los golpistas.
«Méndez Sancho estuvo prestando servicios de seguridad en la Consejería de Gobernación, más tarde fue trasladado al cuartel de Travesera de Gràcia de Barcelona, donde por sus compañeros fue elegido delegado en el comité de Cuerpos Armados de la Guardia Civil, más tarde fue designado para servir en el comité de abastos de la Guardia Civil en el cuartel de Consejo de Ciento» , detalla Gasca.
Durante julio y agosto de 1936 se desplaza regularmente a Arenys de Mar, donde seguramente vivía su esposa, aunque los investigadores sobre su figura no disponen de datos fiables, tampoco de que tuviera hijos. «Méndez Sancho se ocupó en esos momentos de la seguridad de varias personas ocultas, como el farmacéutico local o el secretario del ayuntamiento para evitar que tuvieran represalias de los grupos incontrolados o de las milicias de control.
El investigador señala que dentro de su actividad durante el conflicto también se ocupó de la seguridad de paisanos y de miembros de la Guardia Civil, independientemente de su bando. «Gracias a su prestigio logró sacar del barco en el que estaban detenidos a varios agentes implicados en el golpe de Estado», narra.
Intento de escapada
El calandino vivió meses complicados en el final del conflicto. Inició su huida hacia Francia a principios de 1939 con otros miembros de su compañía debido a su significación política. Los documentos encontrados por Gasca indican que el 23 de marzo de 1939 se presentó para volver a España, siendo identificado por la Policía Militar y detenido en el campo de concentración de Puigcerdá. Después, ingresó en la cárcel Modelo de Barcelona, donde permaneció hasta la celebración del Consejo de Guerra que lo condenó a la pena máxima, explica Gasca.
Las balas truncaron una carrera de especial relevancia, según se detecta en las publicaciones de la época, pues fue comentado su valor mientras estuvo destinado en Albelda, cuando salvó a un niño de un ahogamiento. «Despojándose del armamento, arrojóse al agua», escribieron con elogios «a su noble acción».
A falta de más reconocimiento popular y de la anulación del consejo de guerra, Gasca celebra que en este momento la figura de Méndez Sancho es conocida en su pueblo, pues ha tenido gran difusión en redes sociales, sobre todos tras la publicación de los primeros datos familiares de Juan Méndez Sancho por parte del Presidente del grupo de Estudios Calandinos, José Manuel Royo.
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