Óscar Camps, director y fundador de Open Arms: "En los despachos de Bruselas dejan que el mar haga el trabajo sucio"
La oenegé de rescate marítimo cumple una década de actividad en el Mediterráneo al tiempo que ha presentado un libro en Zaragoza, publicado por la editorial Blume, en el que documenta una realidad que persiste en pleno siglo XXI: miles de personas obligadas a arriesgar su vida en el mar ante la falta de vías regulares y seguras

Jaime Galindo

Open Arms comenzó su andadura hace una década. ¿De dónde salió ese impulso?
Nos lanzamos al mar en septiembre del 2015. Todos venimos del salvamiento y del socorrismo, de los primeros auxilios en mar. Muchos con una vocación de más de 35 años. En aquellos años veíamos las imágenes por televisión de los migrantes en embarcaciones precarias en las costas de Grecia, familias enteras, niños pequeños que desembarcaban y algunos que no llegaban y quedaban en medio del mar y desaparecían. Y al final de la temporada de playas de este país, cuando los niños van al colegio, decidimos ir a echar una mano y ahí nos quedamos. Hemos rescatado a 73.000 personas en estos diez años y en la actualidad tenemos dos barcos.
¿Cómo ha cambiado la situación en esta década?
En estos diez años hemos conseguido poner luz en el Mediterráneo, pero el mar ya llevaba otros diez años atravesado por esa ruta migratoria tan peligrosa. Se calcula que en esta década más de 35.000 personas han perdido la vida según la Organización Mundial de Migraciones. Pero no hay listas de pasaje, no se sabe. Cuando una embarcación desaparece y no hay testigos ni supervivientes, no cuenta.
¿Es necesario que sea la sociedad civil la que se implique directamente?
Bueno, nosotros somos socorristas y nuestro trabajo es la protección de la vida en el mar o en aguas interiores. En cualquier lugar donde haya posibilidades de morir de ahogado, ¿no? Entonces, viendo todas esas imágenes en televisión, nos dimos cuenta de que aquí nadie estaba haciendo nada y decidimos ir a echar una mano. Aquí nos dedicamos a visitar a los turistas, a buscar niños perdidos y a vendar picadas de medusa, pero la realidad es que un poquito más allá se estaban muriendo.
¿Qué descubrieron en aquellas primeras expediciones?
No nos esperábamos encontrar un éxodo masivo tan grande. Casi un millón de personas cruzaron de Turquía a Lesbos para llegar a Europa, escapando de la guerra en Siria. Y cuando ves tantas situaciones difíciles y tantos rescates ya no te puedes ir. Entonces decidimos organizarnos un poco más, traer a más voluntarios y crear una oenegé para tener garantías legales si nos pasaba algo.
¿Cómo han lidiado con las fuertes críticas desde un sector de la población española?
Fue algo que llegó a partir de 2018 con la llegada de los primeros cargos de ultraderecha a los gobiernos europeos. Se instauró un discurso que criminalizaba a las personas vulnerables, a los migrantes y a cualquiera que tuviera que ver con ellos. Entonces, colateralmente, nos empezaron a criminalizar a nosotros también. Además en las redes sociales se han vertido muchos bulos sobre nuestra actividad.
El discurso de ultraderecha se mantiene plenamente vigente en la España de hoy...
Así es, pero nadie parece darse cuenta de que nosotros no desembarcamos a nadie en España. Open Arms no trabaja en las aguas españolas, trabaja en Mediterráneo central, en el sur de Italia. Nosotros no desembarcamos a nadie aquí. Se nos acusa de muchas cosas, de un supuesto efecto llamada o de querer llenar España de racializados y musulmanes. Pero nosotros, a pesar de que somos una organización española, no estamos trabajando aquí. De las tareas de protección en las costas se encarga Salvamento Marítimo.
¿En otros países también han recibido críticas similares?
En todos los sitios, como en Italia, tienes grupos que te adoran y grupos que te criminalizan. Nosotros, como onegé, vamos allí donde otras administraciones, otros países y otros gobierno,s no están cumpliendo con sus responsabilidades. Nos atenemos a los convenios internacionales a los que están suscritos o al propio derecho marítimo. Y eso es lo que ocurre en Italia y en Malta. Por eso estamos allí.
Su origen está en la protección de las rutas migratorias, pero ahora se trabaja en un Mediterráneo que está en guerra. Por ejemplo, en este momento están ayudando a la Flotilla de la Libertad frente a las costas de Gaza.
En Gaza ya estuvimos en el 2024 cuando desembarcamos con el Open Arms en dos ocasiones llevando más de 200 toneladas de comida. Rompimos un bloqueo por mar de más de dos décadas. Además tuvimos la desgracia de que bombardearan el equipo de tierra y que mataran a siete de nuestros compañeros de World Central Kitchen que era la otra organización, la del chef José Andrés, con la que colaborábamos juntos. Ahora hemos decidido darle cobertura a la flotilla. Darle una cobertura técnica, una cobertura logística, una cobertura sanitaria. Porque son muchos los barcos que se desplazan por el Mediterráneo y podrían tener problemas.
Por lo que hemos conocido han vivido momentos muy duros.
Cuando iniciamos el viaje no pensábamos es que también deberíamos hacer una operación de salvamento. La razón es que fueron atacados por la Armada israelí en zona de responsabilidad europea a 750 millas de las aguas territoriales de Israel. Eso ha sido un acto de piratería de Estado. Vulneraron absolutamente todos los convenios internacionales del derecho marítimo con la pasividad de Europa, pues el Frontex vio como se atacaba una flota civil en zona de responsabilidad europea y no hizo nada. Ante estas vulneraciones tan graves estamos obligados a estar presentes, sobre todo para poder documentarlo como hacemos con el libro de los diez años.
En lo personal, ¿qué ha sido lo más duro que han afrontado en este tiempo?
Lo peor es la decepción que te puede reportar el ver en primera línea cómo no se da ningún valor a las vidas de las personas que quedan a la deriva en el mar, sobre todo teniendo en cuenta que es el mar más militarizado del planeta donde toda su superficie está escaneada por radares, drones y satélites. Saben absolutamente todo lo que ocurre y no se hacen operaciones de rescate. Lo peor es la decepción de ver que desde un despacho en Bruselas se apuesta por una inacción deliberada, por no hacer nada, por dejar que el mar haga el trabajo sucio. Esto es lo más triste y lo más decepcionante. Y luego ver cómo estas personas se acaparan titulares con grandes discursos con palabras como libertad, como humanidad, como empatía o como solidaridad.
¿Cuál es su relación actual con las autoridades europeas?
Conocemos bien la realidad europea, pero no compartimos su estrategia militar. La mayoría de derecha y extrema derecha que controla el Parlamento bloquea cualquier iniciativa diferente a la suya. Aun así, aquí seguimos, resistiendo y dando la cara ante las dificultades.
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