El Colegio de Ingenieros Agrónomos premia la excelencia del campo en San Isidro
Jesús Ángel Betrán alerta de la falta de visibilidad de la ingeniería agronómica y señala como retos la digitalización, la IA, la protección ambiental y la producción de alimentos

Los colegiados y colegiadas homenajeados y los premiados fueron los protagonistas de la celebración de San Isidro del COIAANPV. / Pablo Ibáñez
Un año más, el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco ha vuelto a premiar la labor de los profesionales del campo con la entrega de sus premios anuales, coincidiendo con el patrón de la profesión, San Isidro.
Profesionales de distintas ramas dentro del sector, desde los más experimentados hasta jóvenes estudiantes con ganas de seguir creciendo, se dieron cita ayer en el restaurante Aura de Zaragoza, en una jornada en la que también estuvo presente Arancha Simón, nueva consejera de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón. Un evento marcado en el calendario que reconoce la excelencia profesional, el compromiso con el medio rural y la aportación de la ingeniería agronómica a la sociedad.
Una gala para dar visibilidad a quienes sostienen el sector primario desde la técnica, la innovación y el territorio y para rendir también homenaje a los colegiados que cumplen 65, 50 y 25 años como miembros de la institución.

Jesús Ángel Betrán, decano del COIAANPV. / Pablo Ibáñez
Jesús Ángel Betrán, decano del colegio: “Hay poco conocimiento y divulgación sobre la ingeniería agronómica”
Estos premios son una forma de dar voz a los ingenieros agrónomos y de reivindicar su importancia para la sociedad en un mundo en plena transformación dónde el sector primario sigue siendo uno de los pilares fundamentales del tejido económico de nuestra comunidad.
Jesús Ángel Betrán, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco, es la cara visible de la reivindicación y defensa del sector. “La ingeniería agronómica es la profesión más bonita que hay para alguien a quien le interesa la biología o el contacto con la naturaleza. Es una tarea esencial para toda la sociedad pero a veces no se le da toda la visibilidad que se debería, o no todo el mundo es consciente del trabajo que se hace”, señala.
Además, como profesor asociado de la Universidad de Zaragoza, Betrán percibe que es necesaria una mayor difusión para conseguir llegar a las nuevas generaciones. “Hay vocación e interés, pero también hay poco conocimiento y divulgación, se sabe poco. En general, la sociedad está desconectada del sector primario, que es el que produce todo lo que se come en realidad”.
Por ello, desde el colegio buscan llegar a los más jóvenes y darse a conocer a través de diferentes campañas. “Hacemos actividades de divulgación en la medida que podemos, en prensa o en ferias y llegando a todos los lugares donde pensamos que debemos tener una visibilidad, por ejemplo a los institutos o colegios”, indica el decano.
En cuanto al futuro de la profesión, Betrán destaca varios retos a afrontar por los profesionales. Algunos de estos están relacionados con las nuevas tecnologías y la capacidad de adecuar las prácticas a la aplicación de la Inteligencia Artificial, el mantenimiento de la vida rural y la protección del medio ambiente, el reconocimiento de la profesión y de su papel, el relevo generacional y conseguir alimentos suficientes para una población cada vez mayor.

Jose Ramón López ha recibido el galardón Antonio Esteban 2026 de manos del decano, Jesús Ángel Betrán, y la consejera de Agricultura, Arancha Simón. / Pablo Ibáñez
José Ramón López Pardo, galardón Antonio Esteban a toda una trayectoria
El galardón Antonio Esteban 2026, que reconoce la trayectoria de los profesionales del sector, ha recaído en José Ramón López Pardo, Ingeniero Agrónomo con una larga carrera en la que ha formado parte de consultorías y empresas del sector privado y de distintas instituciones públicas provinciales como la Diputación de Huesca; autonómicas como el Gobierno de Aragón; nacionales como el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el Ministerio de Medio Ambiente; o internacionales como la OCDE y CHIEAM. “Realmente la principal diferencia entre los dos sectores es que, en el privado la economía empresarial realmente es necesaria, porque sin ella es imposible llevar adelante el desarrollo de la empresa, y esto difiere en cuanto al trabajo en las administraciones públicas, que están mucho más orientadas al cumplimiento de los requerimientos de la política general, de cada programa político, de cada gobierno. Esto te ofrece menos libertad que la empresa privada, pero a la vez grandes oportunidades”, señala López Pardo.
Uno de los grandes hitos de su carrera fue su participación en el Plan Nacional de Regadíos, que nació como respuesta a la sequía que sufrió el país a principios de la década de los 90. El objetivo era calcular la demanda efectiva de regadíos, y lo hicieron de manera acelerada en unos diecisiete o dieciocho meses.
Por otro lado, José Ramón López Pardo estuvo muy vinculado al desarrollo de la formación de nuevos ingenieros agrónomos, ya que fue uno de los impulsores de la Escuela de Ingeniería Técnica de Huesca, , que hoy proporciona los estudios de grado y de master para alcanzar la titulación de ingeniero agrónomo y es la única escuela de Aragón dónde se pueden cursar esos estudios. “En la provincia de Huesca están todos los regadíos del Canal de Aragón y Cataluña y de Riegos del Alto Aragón, que realmente representan la mancha de regadíos más importante de Europa. Por eso, entendíamos que, aparte de regar los campos, era preciso regar las mentes, porque sin una formación era imposible llevar a cabo una gestión del agua”.
Para López Pardo este premio es todo un reconocimiento a sus años de esfuerzo por dignificar la profesión. “Siempre he tenido mucho interés ciudadano por la cuestión pública, y siempre he creído que realmente el ejercicio de la profesión debería estar dedicado al desarrollo socioeconómico de la sociedad y del territorio, porque como aragonés siempre he creído que teníamos un desequilibrio territorial importante y que el desarrollo rural era un aspecto relevante para construir Aragón, y esto ha sido mi tarea desde siempre”, subraya.

El decano, Jesús Ángel Betrán, y la consejera de Agricultura, Arancha Simón, han entregado el galardón de Colegiado de Honor 2026 a Neiker, que ha recogido su directora gerente Olatz Unamunzaga. / Pablo Ibáñez
Neiker, el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario, “Colegiado de Honor 2026”
Por otro lado, el galardón “Colegiado de Honor” ha recaído este año en Neiker, el Instituto Vasco de Investigación y desarrollo agrario. Con 175 años de historia, este centro tecnológico se ha especializado en crear soluciones innovadoras para los sectores agroganadero y forestal. “Nuestra historia se remonta a la creación de la Granja Modelo en 1851, y este premio valida nuestra capacidad para adaptarnos, década tras década, a las necesidades cambiantes del campo. Es, en definitiva, un reconocimiento a la ciencia aplicada que busca asegurar el futuro del sector”, explica la directora general, Olatz Unamunzaga.
En cuanto a su función, Neiker trata de buscar la mayor competitividad y sostenibilidad del sector mediante la investigación y la ciencia aplicada. Para ello, trabajan en distintos ámbitos de forma integrada. En el área de sanidad animal, sanidad vegetal y salud pública, abordanla prevención de enfermedades y la reducción del uso de fitosanitarios y antibióticos; en el ámbito de los suelos, investigan su salud y calidad para mejorar la productividad y biodiversidad; impulsan la mejora genética para obtener variedades vegetales y animales más resistentes y productivas; e incorporan soluciones de alta tecnología que transforman el sector hacia sistemas que facilitan el relevo generacional.
“En definitiva, promovemos procesos productivos innovadores y respetuosos con el medio ambiente que aseguren la producción de alimentos de alta calidad y la conservación del paisaje, sin olvidar nunca la rentabilidad y competitividad de las explotaciones”, destaca Unamunzaga.
Por último, en cuanto al futuro del sector, desde Neiker consideran que la prioridad es hacer frente a retos como el cambio climático, el relevo generacional y la necesidad constante de ser competitivo y sostenible. “Consideramos fundamental seguir impulsando la tecnificación del sector. Para lograrlo, apostamos por potenciar la transferencia de conocimiento mediante el uso de parcelas demostrativas, 'living labs' y convocatorias abiertas para recoger ideas innovadoras, prácticas que permiten que nuestro trabajo incorpore siempre la visión directa del sector”, señala la directora general.
Y añade que el objetivo de Neiker es “ir siempre un paso por delante: detectar hoy los problemas que el sector tendrá mañana para tener la solución lista antes de que sea demasiado tarde”.

Ana Satrústegui Ollaquindia recibió el Premio Tomás Rubio de Villanueva al Mejor Expediente Académico de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y Biociencias de Navarra de manos del delegado del COIAANPV en Navarra, José Miguel Aldaz Goñi. / Pablo Ibáñez
Ana Satrústegui, ganadora por partida doble
Otra de las protagonistas de la jornada fue Ana Satrústegui Ollaquindia, ganadora del premio Francisco de los Ríos, al mejor proyecto fin de máster en la modalidad de Proyecto en Ejecución y también del premio Tomás Rubio de Villanueva, por ser el mejor expediente académico de la titulación de ingeniero agrónomo en la Universidad de Navarra.
Esta ingeniera agrónoma navarra ha recibido el primero de estos reconocimientos por su proyecto de centro ecuestre en Arruazu (Navarra). “Me ha hecho mucha ilusión recibir este premio, soy una apasionada de los caballos y de la equitación, por lo que quise que quedara reflejado en mi Trabajo Final de Máster”, señala Satrústegui.
El proyecto consiste en el diseño de un centro para el alojamiento y entrenamiento de caballos de competición, ubicado en el pueblo de la familia de su padre, Arruazu, que lo hace doblemente especial, no solo por su vinculación personal con el deporte sino también con el territorio.

Ana Satrústegui Ollaquindia también recibió el Premio Francisco de los Ríos al Mejor Trabajo Fin de Máster Proyecto de Ejecución que le hizo entrega Joseba Llona, delegado en Bizkaia. / Pablo Ibáñez
Para Ana Satrústegui, la ingeniería agronómica es una profesión muy importante y decidió dedicarse a ella por el interés que para ella tiene el desarrollo del medio rural. “Tenemos la suerte de trabajar en un sector clave para la sociedad, que no solo produce alimentos de calidad sino que impulsa el trabajo y el desarrollo de profesionales que permiten crear un sistema más sostenible y eficiente. Actualmente trabajo en el departamento de proyectos de la empresa Etxe Holz, y sin duda lo más satisfactorio de mi trabajo es poder llevar a cabo las ilusiones de ganaderos, tanto jóvenes como mayores, que quieren dedicar su vida a la ganadería”.
De cara al futuro de la profesión, Satrústegui señala que está lleno de oportunidades y que el papel del ingeniero agrónomo va a ser muy importante para facilitar el trabajo de agricultores y ganaderos que cada vez van a enfrentarse a mayores retos por los cambios constantes del sector y por la aplicación de nueva normativa, a la que hay que adaptarse continuamente. Me gustaría pensar que es un futuro lleno de personas que disfrutan de lo que hacen porque eso hace que las cosas funcionen mucho mejor”.

Diego Escuer Otal, ganador del Premio Manuel Álvarez Peña al Mejor Expediente Académico de la EPS de Huesca, recibió el galardón de manos del delegado en Huesca Ramiro Sarvisé y el director de la EPS de Huesca Hugo Malón. / Pablo Ibáñez
Diego Escuer, mejor expediente de la Escuela Politécnica Superior de Huesca
En cuanto al premio Manuel Álvarez Peña al mejor expediente de la Escuela Politécnica Superior de Huesca, este año ha sido para Diego Escuer Otal. Este estudiante de ingeniería agronómica recibió el galardón con gran entusiasmo ya que no solo es un reconocimiento al esfuerzo y trabajo, sino que también es “un impulso para seguir contribuyendo a la profesión con ilusión y compromiso”.
Su interés por la profesión viene de hace ya años debido a su vínculo familiar con la agricultura y el medio rural. “Desde pequeño, he vivido de cerca este sector, lo que despertó en mí el interés por esta profesión”, señala Escuer.
Una profesión muy importante para él y en la que considera que puede aportar su granito de arena para mejorar la producción agrícola y la calidad de vida en el medio rural, contribuyendo al desarrollo una agricultura más eficiente y respetuosa con el medio ambiente.
Como estudiante y con toda una carrera profesional por delante, Escuer destaca los grandes retos a los que se enfrenta el sector de cara al futuro, especialmente las dificultades que atraviesa. “La innovación, la sostenibilidad y la incorporación de nuevas tecnologías serán claves para ayudar al sector a adaptarse a los constantes cambios”, concluye.

Nerea Montalbán Saiz ha sido la garladonada con el Premio Francisco de los Ríos al Mejor Trabajo Fin de Máster categoría Resto de proyectos que ha recibido de manos de Ramón Iglesias, miembro de la junta de gobierno. / Pablo Ibáñez
Nerea Montalbán, premio Francisco de los Ríos al mejor Trabajo Final de Máster en la categoría Resto de trabajos
Por último, Nerea Montalbán Saiz fue la ganadora del Francisco de los Ríos al mejor Trabajo Final de Máster en la categoría Resto de trabajos. Un premio que recibió con “muchísima gratitud e ilusión ya que representa el esfuerzo, la dedicación y la constancia de estos años de trabajo. Terminar la etapa en la Escuela Politécnica Superior de Huesca de esta manera es algo muy especial para mí y una motivación para afrontar con ilusión los próximos retos profesionales y personales”, señala.
Tras finalizar el grado con especialidad en Industrias Alimentarias y trabajar como técnica en una bodega, se dio cuenta de que las explotaciones agrícolas era lo que realmente le apasionaba de la profesión. Fue en ese momento en el que decidió seguir formándose en ingeniería agronómica y ampliar sus conocimientos.
El trabajo por el que ha sido premiada ha consistido en el análisis de los datos diarios tomados en un viñedo ecológico en Galicia durante 36 meses consecutivos, con el fin de cuantificar la pérdida neta total de suelo que se produce a causa de erosión hídrica en diferentes condiciones y evaluar la efectividad y rentabilidad de los diferentes tipos de cubiertas vivas e inertes que se usaron. “El trabajo busca ayudar a las explotaciones agrarias a identificar las zonas donde el suelo presenta un mayor riesgo de erosión debido a la intensidad de las precipitaciones, con el fin de implementar una cubierta que sea eficiente, sostenible y rentable”, añade Montalbán.
En cuanto a la profesión, Nerea cree que la ingeniería agronómica aporta a la sociedad soluciones para garantizar la sostenibilidad y el desarrollo del medio rural, y ve mucho futuro en el sector. "El rápido avance de la tecnología va a hacer que la ingeniería agronómica tenga un papel cada vez más importante, ayudando a las explotaciones a ser más eficientes, sostenibles y rentables”.
En definitiva, el Colegio Oficial de Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco ha vuelto a dar voz a la experiencia y a la savia nueva para mirar al futuro de una profesión con una larga historia pero que sigue siendo un pilar fundamental tanto económica como socialmente.

Los colegiados que cumplen 65 años de colegiación han recibido una insignia con el escudo del colegio y un diploma. / Pablo Ibáñez

A los colegiados que cumplen 50 años de colegiación se les entrega de una insignia con el escudo de los Ingenieros Agrónomos y diploma conmemorativo. / Pablo Ibáñez

También los colegiados que cumplen 25 años de colegiación han recibido un detalle de cristal con el escudo del colegio y su nombre grabado y diploma. / Pablo Ibáñez
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