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La historia de Jabón Lagarto, el símbolo de limpieza que baja la persiana en Zaragoza tras 55 años de producción

La planta de Malpica, inaugurada en 1971, simbolizó la expansión industrial de una marca nacida en San Sebastián hace más de un siglo y convertida después en uno de los emblemas de la industria aragonesa

Una pastilla de jabón Lagarto.

Una pastilla de jabón Lagarto. / EL PERIÓDICO

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Zaragoza

Pocas marcas han conseguido instalarse en la memoria colectiva de varias generaciones de españoles como jabón Lagarto. Su característica pastilla verde, el olor reconocible de sus detergentes y una publicidad que apelaba a la economía doméstica y al cuidado de la ropa convirtieron a la enseña en un símbolo cotidiano de los hogares españoles durante décadas. Pero buena parte de esa historia reciente se escribió en Zaragoza.

La decisión de Euroquímica de cerrar la planta del polígono Malpica y trasladar toda la producción a Illescas (Toledo) pone punto final a más de medio siglo de actividad industrial de Lagarto en Aragón. Una trayectoria que comenzó en 1971 y que transformó a Zaragoza en el gran centro productivo de una marca centenaria nacida originalmente en San Sebastián.

Los orígenes de Lagarto se remontan a 1914, cuando las familias vascas Lizariturry y Rezola, dedicadas hasta entonces a la fabricación de velas y bujías, decidieron reinventar su negocio ante la irrupción de la electricidad. Con el apoyo técnico del inventor alemán Peter Krebitz, impulsaron una moderna fábrica de jabón en San Sebastián que acabaría dando origen a una de las marcas más populares del país.

El origen del nombre

La propia compañía recuerda en su página web que el nombre de Lagarto nació casi de forma espontánea entre los operarios de la fábrica, sorprendidos por la sofisticación tecnológica de aquellas instalaciones pioneras para la época. “¡Lagarto, lagarto!”, exclamaban al contemplar unas máquinas que parecían casi imposibles de manejar en la España industrial de principios del siglo XX.

La marca fue creciendo al calor de la expansión del consumo doméstico y de la popularización de la higiene en los hogares españoles. En los años veinte ya era un producto ampliamente reconocido y hasta recibió la visita del entonces príncipe Alfonso de Borbón en la fábrica guipuzcoana, en una muestra del peso que comenzaba a tener la industria jabonera española.

El desembarco en Zaragoza

Pero el gran salto industrial ligado a Zaragoza llegó varias décadas después. La expansión de la lavadora en los hogares y el auge del detergente en polvo llevaron a la empresa a buscar una gran planta moderna que reforzara la capacidad de producción y mejorara la logística. La elegida fue la capital aragonesa.

En 1971 abrió la fábrica de Malpica, equipada con una gran torre de atomización para fabricar detergente en polvo, considerada entonces una tecnología avanzada y de alta calidad para el sector. La ubicación de Zaragoza no era casual: su posición estratégica permitía abastecer con mayor facilidad tanto el norte peninsular como parte de los mercados exteriores.

Aquella planta acabaría convirtiéndose en el corazón industrial de la marca. Desde Zaragoza se elaboraron durante décadas los detergentes y jabones que consolidaron la popularidad de Lagarto en supermercados y tiendas tradicionales de toda España. La fábrica fue además un referente industrial en Malpica y llegó a emplear a decenas de trabajadores durante distintas etapas de su historia.

La relación entre Aragón y Lagarto se intensificó todavía más en los años noventa, cuando Euroquímica adquirió la marca y el centro productivo zaragozano. La compañía castellano-manchega, fundada por Francisco Moreno en 1974 y especializada inicialmente en lejías y productos de limpieza, buscaba ampliar su capacidad industrial y entrar en nuevas categorías de producto. La compra de Lagarto supuso un punto de inflexión para el grupo.

Durante años, la planta aragonesa fue presentada por la empresa como uno de sus activos estratégicos. En 2017, Euroquímica llegó a invertir más de dos millones de euros en la modernización de las instalaciones de Malpica, con mejoras logísticas, nuevos almacenes y procesos más eficientes. Entonces defendía públicamente el “potencial de futuro” de Zaragoza y su importancia para la expansión internacional de la compañía. La fábrica producía más de 11.000 toneladas anuales de detergente y jabón y exportaba parte de sus productos a mercados como Francia, Portugal o Marruecos.

Evolución de la marca

La marca también evolucionó con los tiempos sin perder su identidad popular. Lagarto pasó del jabón tradicional a una gama completa de detergentes, suavizantes, lavavajillas o productos líquidos, manteniendo campañas publicitarias que apelaban al consumidor medio y a la economía familiar. “Usted es más importante que la ropa”, fue uno de sus eslóganes más reconocidos durante los años ochenta.

Sin embargo, la historia reciente de la compañía ha estado marcada por las dificultades económicas. El fallecimiento de Francisco Moreno en 2004, el elevado endeudamiento, la competencia de las multinacionales y el aumento de los costes energéticos terminaron llevando a Euroquímica a un concurso de acreedores del que logró salir en 2023 con el apoyo del fondo luxemburgués Tertius Capital.

Ni siquiera el peso simbólico de la marca ha bastado para mantener abierta la histórica planta aragonesa. La compañía ha optado ahora por concentrar toda la producción en Illescas y cerrar definitivmente la factoría de Zaragoza, donde durante más de cinco décadas se fabricó uno de los jabones más reconocibles de España.

Con ello desaparece también una parte de la memoria industrial de Aragón: la de una fábrica que acompañó la modernización de los hogares españoles y convirtió durante años a Zaragoza en sinónimo del jabón Lagarto.

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