Del email de los “3.000 chinos” al WeChat: así gestiona una inmobiliaria de Pedrola la llegada de trabajadores asiáticos de la gigafactoría de Zaragoza
Patricia Arregui, asesora de la agencia inmobiliaria Garlan en el municipio, se ha convertido en un enlace improvisado entre empresas vinculadas a la gigafactoría que buscan alojamiento para técnicos y trabajadores asiáticos

Patricia Arregui, asesora inmobiliaria de la firma Garlan en su oficina ubicada en Pedrola. / RUBÉN RUIZ
Todo empezó con un correo electrónico. Uno de esos mensajes que parecen imposibles hasta que el tiempo empieza a darles forma. “Necesitamos alojamiento para 3.000 chinos”. Aquella petición, enviada hace más de un año a la central de Garlan Inmobiliaria en Zaragoza por una entidad vinculada al ecosistema empresarial chino que rodea la futura gigafactoría de baterías de CATL y Stellantis, cayó primero como una bomba y después como una especie de leyenda urbana en la Ribera Alta del Ebro.
“Mi directora decía: ¿300?. Y le respondieron: No, 3.000”, recuerda entre risas Patricia Arregui, responsable de la oficina de Garlan en Pedrola. La noticia se propagó rápidamente por la comarca. Comenzaron las llamadas de propietarios queriendo vender o alquilar viviendas. “Había mucha ansiedad y mucha expectativa. Todo el mundo pensaba que aquello iba a ser inmediato”, explica.
El tiempo rebajó el ruido mediático, pero no la actividad. Mientras las obras de la gigafactoría empiezan a levantar sus primeras estructuras junto a la planta automovilística de Figueruelas, Arregui se ha convertido, casi sin buscarlo, en una pieza más del complejo engranaje logístico que acompaña al proyecto industrial más ambicioso de Aragón en décadas.

RUBÉN RUIZ
Su móvil no deja de sonar. O, mejor dicho, su WeChat. La aplicación china equivalente a WhatsApp se ha convertido en su principal herramienta de trabajo. “Estoy metida en varios grupos y todos son jefes o responsables de empresas chinas que están viniendo a Aragón”, explica. A través de esos chats recibe peticiones constantes de alojamiento. “Necesito vivienda para junio”, “buscamos pisos para tres meses” o “cuántas personas caben en la casa”, son algunos de los mensajes que le llegan, uno de ellos, en plena entrevista con este diario.
Arregui actúa así como intermediaria entre esas compañías y propietarios del entorno de Pedrola, Alagón o Luceni. Busca viviendas, adapta pisos y orienta a los dueños sobre cómo preparar alojamientos temporales para trabajadores desplazados. “Les pregunto si les importa que compartan habitación dos personas. Y normalmente dicen que no”, comenta.
La alimentación
Por ahora, el flujo de llegadas sigue siendo reducido y vinculado principalmente a perfiles técnicos o intermedios. Patricia ya ha intermediado en varios contratos de alquiler relacionados con trabajadores chinos vinculados de una u otra forma a la futura planta de baterías. Algunos de ellos ya viven en Pedrola y municipios cercanos. Otros encargos los ha derivado a la oficinas de Garlan en Zaragoza. Ella misma ha tomado la iniciativa y está reformando un edificio para acoger a 30 compatriotas chinos que está previsto que lleguen el próximo mes.
Entre los primeros trabajadores asiáticos que han aterrizado destaca un gremio especialmente llamativo. Son los cocineros chinos encargados de preparar la futura logística alimentaria de los trabajadores desplazados. “Ellos quieren traer su propia comida, sus hábitos y hasta sus propios cocineros”, explica. Algunos de estos profesionales, según relata, ya residen en el entorno mientras esperan la llegada de más empleados y el avance definitivo de los permisos y visados.

Primeras estructuras de la gigafactoría de Figueruelas. / RUBÉN RUIZ
El gran desembarco, sin embargo, todavía no se ha producido. Las previsiones iniciales de miles de trabajadores asiáticos se han ido modulando con el paso de los meses. Ahora se habla de llegadas escalonadas, en grupos de cientos de personas y muy ligadas a las distintas fases de construcción y montaje industrial de la planta.
Transformación de la comarca
Mientras tanto, la pujanza industrial de la comarca ya está transformando su mercado inmobiliario. La demanda se ha disparado y apenas queda vivienda disponible. “Se vende todo”, resume. Desde pequeños pisos hasta edificios completos destinados a alojar trabajadores vinculados a la actividad logística e industrial del eje de Figueruelas.
Sin embargo, Patricia intenta contener la escalada de precios. “No puede ser que un piso que hace cuatro años se alquilaba por 350 euros ahora quieran ponerlo a 850”, advierte. Cree que el mercado vive un momento excepcional, pero insiste en que la situación debe mantenerse dentro de unos márgenes razonables para evitar burbujas y rotaciones constantes de inquilinos.
Su propia historia resume también el cambio acelerado que vive la comarca. Tras dejar Zaragoza y mudarse a Pedrola poco antes de la pandemia, rehabilitó un edificio para alojar trabajadores de una empresa de transporte. Después llegó la apertura de la inmobiliaria. Y finalmente, el efecto multiplicador de la gigafactoría. “No sabía que este trabajo me iba a gustar tanto”, reconoce. Ahora, entre mensajes en WeChat, llamadas de constructoras y peticiones de alojamiento urgente, Arregui se mueve en una especie de frontera invisible entre Aragón y China.
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