La gigafactoría empieza a tomar forma en Figueruelas y supera ya los 250 trabajadores en las obras
Las primeras estructuras y pilares de hormigón ya emergen junto a la planta de Stellantis mientras avanzan los trabajos de cimentación y se ultima el plan para alojar a los operarios chinos de CATL

RUBÉN RUIZ
La gigantesca explanada situada junto a la fábrica de coches de Stellantis en Figueruelas empieza a transformarse en un paisaje industrial reconocible. Donde hace apenas unos meses solo había tierra removida y maquinaria pesada, hoy emergen ya centenares de pilares prefabricados de hormigón que dibujan el esqueleto inicial de la futura gigafactoría de baterías para vehículos eléctricos que impulsa el grupo automovilístico junto al gigante chino CATL, líder mundial de esta tecnología.
Las obras avanzan «viento en popa», según coinciden distintas fuentes conocedoras del proyecto consultadas por este diario. La fase de cimentación y estructura, iniciada a finales de 2025 tras el simbólico acto de colocación de la primera piedra el 27 de noviembre, ha entrado en plena ebullición y empieza a ofrecer las primeras imágenes de impacto de una inversión industrial llamada a redefinir el futuro económico de Aragón.
Excavadoras, grúas autopropulsadas, camiones y plataformas articuladas se reparten por distintos tajos abiertos de manera simultánea en una parcela que acabará acogiendo uno de los mayores complejos fabriles vinculados al vehículo eléctrico de toda Europa. El proyecto se desarrolla a través de CSE, la sociedad conjunta creada por CATL y Stellantis para impulsar, construir y explotar la futura planta. Ya se levantan las primeras estructuras auxiliares y comienzan a apreciarse las dimensiones colosales de una planta que ocupará cerca de 89 hectáreas entre los términos municipales Figueruelas y Pedrola.
Medio centenar de contratas
La principal contratista de esta fase es la constructora rumana Synergy Construct, firma que ya trabajó previamente con CATL en la planta que el gigante asiático desarrolla en Hungría. La compañía se encarga de la cimentación del edificio principal de producción de celdas y de parte de las grandes naves del complejo, aunque sobre el terreno participan ya decenas de subcontratas.
En estos momentos trabajan en las obras más de 250 operarios y técnicos pertenecientes a alrededor de medio centenar de empresas auxiliares. El ambiente diario recuerda, según varias fuentes, a una auténtica «Torre de Babel». Entre los trabajadores predominan perfiles extranjeros, especialmente procedentes del norte de África –Marruecos o Argelia– y distintos países de Latinoamericano y de Europa del Este. Entre los mandos intermedios y encargados destacan especialmente perfiles turcos, algo ligado a la fuerte implantación corporativa que Synergy Construct mantiene en Turquía.
El alojamiento de los trabajadores chinos
La presencia china, sin embargo, sigue siendo todavía reducida. «Se ven algunos ingenieros y encargados chinos, pero obreros prácticamente ninguno», explican fuentes próximas a las obras. La llegada masiva de trabajadores asiáticos vinculados directamente a CATL continúa pendiente para fases posteriores, especialmente las relacionadas con el montaje de maquinaria y la puesta en marcha de las líneas productivas.
Ese futuro desembarco sigue siendo, precisamente, uno de los grandes interrogantes que rodean al proyecto. La previsión inicial contemplaba la llegada escalonada de hasta 2.000 trabajadores chinos durante las distintas fases de construcción e industrialización, aunque continúa sin concretarse de manera definitiva la solución logística y residencial para alojar a este contingente. La posibilidad que ahora cobra más fuerza es la instalación de alojamientos modulares en el propio perímetro industrial donde se levanta el complejo industrial.
No obstante, la llegada de trabajadores chinos ya se está produciendo, pero de momento son de un perfil distinto al de operarios. Lo hacen en pequeños grupos de ingenieros, técnicos, mandos intermedios o responsables logísticos vinculados a este u otros proyectos del ecosistema industrial que están impulsando empresas proveniente del gigante asiático.
Mientras tanto, la gigafactoria sigue activando contratos y ampliando su impacto sobre el tejido empresarial aragonés. La compañía aragonesa Consolis-Tecnyconta desempeña un papel especialmente relevante en esta fase de las obras. La empresa se encarga de fabricar y montar gran parte de los prefabricados de hormigón que ya comienzan a elevarse sobre la parcela, piezas producidas principalmente en su planta de Tauste y que conforman el colosal armazón de la futura planta industrial.
Nuevas adjudicaciones
Paralelamente, también avanzan los trabajos asociados a la remodelación de varias naves ya existentes dentro del complejo automovilístico de Stellantis, que serán adaptadas para funciones logísticas y de ensamblaje de módulos de baterías. En estas instalaciones es donde se prevén poner en marcha las primeras actividades de la gigafactoría a finales de 2026, según el calendario fijado por CSE. Esa primera fase consistirá en el montaje de celdas con tecnología de litio-hierro-fosfato (LFP).
A ello se suma la futura urbanización interior de toda la macropacela industrial, adjudicada a la constructora aragonesa MLN, que deberá desplegar durante los próximos dos años toda la red de servicios, canalizaciones, viales y suministros del complejo. Esta compañía ya fue la encargada de ejecutar, en alianza con Acciona, los movimientos de tierra en la parcela hace un año.
El bautizado como proyecto Toro encara así una nueva fase decisiva. Apenas seis meses después de arrancar los primeras cimentaciones, el hormigón empieza a tomar forma sobre el terreno. De esta manera, se hacen visibles las primeras estructuras del que probablemente sea el mayor salto industrial de Aragón desde la llegada de General Motors (GM) a Figueruelas hace más de cuatro décadas.
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