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Jaime Domínguez Abascal: “España necesitará 200.000 ingenieros más si quiere alcanzar el desarrollo industrial que persigue Europa”

El presidente de la Real Academia de Ingeniería reivindica en Zaragoza el valor social de esta profesión, alerta de la falta de vocaciones técnicas y defiende una formación capaz de combinar fundamentos clásicos, nuevas tecnologías e inteligencia artificial

Jaime Domínguez Abascal, presidente de la Real Academia de Ingeniería (RAI), en una reciente visita a Zaragoza.

Jaime Domínguez Abascal, presidente de la Real Academia de Ingeniería (RAI), en una reciente visita a Zaragoza. / Rubén Ruiz

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Zaragoza

Zaragoza se convirtió durante dos días en escenario de reflexión sobre el papel histórico y futuro de la ingeniería a iniciativa de la Real Academia de Ingeniería (RAI), cuyo presidente, Jaime Domínguez Abascal, visitó la capital aragonesa. La institución impulsó a principios de este mes varios actos en homenaje a Ramón Pignatelli y al Canal Imperial de Aragón, entre ellos la sesión académica El Canal Imperial: su legado en el Aragón del siglo XXI, celebrada en la Fundación Ibercaja Patio de la Infanta, además de una visita al Molino de la Casa Blanca, la firma de un convenio con el ayuntamiento y la plantación simbólica de olmos resistentes a la grafiosis.

Ingeniero industrial y catedrático, Domínguez Abascal preside desde 2022 la RAI tras una extensa trayectoria vinculada al ámbito universitario y tecnológico. Durante esta entrevista reivindica la dimensión humanista de la ingeniería, subraya el potencial de Aragón en la nueva revolución industrial vinculada a la logística, la energía o los centros de datos y advierte del grave déficit de ingenieros que afronta España en los próximos años, en plena irrupción de la inteligencia artificial.

El Canal Imperial de Aragón fue una de las grandes obras de ingeniería ilustrada en España. ¿Qué lecciones cree que sigue ofreciendo hoy, en pleno siglo XXI?

Una gran lección que podemos extraer es que la técnica, el conocimiento, la gestión y la determinación son elementos fundamentales para el desarrollo de cualquier gran obra de ingeniería. No basta únicamente con el saber: es imprescindible contar también con el impulso y la convicción necesarios para llevar a cabo el proyecto. Asimismo, esta gran obra pone de manifiesto cómo la ingeniería y la tecnología constituyen herramientas esenciales para transformar la naturaleza al servicio de la sociedad. En definitiva, la Ingeniería puede entenderse como las actividades de transformación de la naturaleza para mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Ramón Pignatelli entendió la ingeniería como una herramienta para transformar el territorio y mejorar la vida de las personas. ¿Se ha perdido en ocasiones esa visión humanista de la ingeniería frente a una percepción más técnica o industrial?

Durante la segunda mitad del siglo XX se produjo un notable auge de la ciencia aplicada a la ingeniería, lo que permitió afrontar problemas y proyectos de mayor complejidad. Sin embargo, en cierta medida, este desarrollo contribuyó a desplazar la atención de la dimensión más humanista de la ingeniería. En la actualidad, dado que los retos a los que se enfrenta son cada vez más interdisciplinares, resulta aún más necesario abordarlos desde una perspectiva global que recupere precisamente esa visión humanista. Cualquier proyecto contemporáneo exige considerar aspectos relacionados con la energía, el medio ambiente, la ética o la sostenibilidad, además de integrar diversas ramas de la ingeniería. Todo ello hace imprescindible contar con una visión de conjunto que permita abordar de forma coherente todos los factores implicados.

Aragón vive un momento de fuerte expansión tecnológica e industrial, con proyectos vinculados a la logística, los centros de datos o las energías renovables. ¿Qué papel cree que puede desempeñar la ingeniería aragonesa en esta nueva transformación?

La ingeniería aragonesa está llamada a desempeñar un papel clave en esta nueva etapa de transformación. Resulta indispensable para impulsar los proyectos innovadores que se plantearán en un futuro próximo. No obstante, su desarrollo solo será posible si se cuenta con ingenieros sólidamente formados en las nuevas tecnologías, sin perder de vista, en ningún momento, la importancia de una base sólida en los fundamentos de la ingeniería. Esta combinación será la que les permita adaptarse con éxito a los rápidos cambios que se prevén en el futuro.

La Escuela de Ingeniería de Zaragoza está considerada entre las más prestigiosas de España. ¿Qué fortalezas observa en su formación?

La Escuela cuenta con un excelente equipo docente, plenamente actualizado en los avances más recientes de la ciencia y la tecnología, y con una gran capacidad de investigación y adaptación para formar a ingenieros con los conocimientos y competencias que exige el siglo XXI.

Muchas empresas alertan ya de una escasez creciente de ingenieros y perfiles técnicos. ¿Estamos ante uno de los grandes cuellos de botella de la economía española de la próxima década?

Según el Observatorio de la Ingeniería, si se desea alcanzar el desarrollo industrial que Europa se propone, en los próximos años serán necesarios en España en torno a 200.000 ingenieros adicionales. Sin embargo, atendiendo a las cifras actuales de estudiantes de ingeniería en las distintas universidades españolas, y si se mantiene el ritmo de formación vigente, no se logrará cubrir más de la mitad de esa demanda en un horizonte de entre cinco y diez años. Por ello, resulta imprescindible impulsar acciones que fomenten nuevas vocaciones entre los jóvenes, especialmente entre las mujeres, donde el déficit es aún más acusado.

En ese contexto, ¿qué estrategias deberían impulsarse desde las administraciones, las universidades y las empresas para despertar más vocaciones STEM entre niños y niñas desde edades tempranas?

Es fundamental que los niños cuenten con referentes en el ámbito de la ingeniería y comprendan desde edades tempranas que se trata de una profesión orientada a la resolución de problemas de la sociedad. Mientras que profesiones como la medicina, la farmacia o la docencia son fácilmente reconocibles para ellos, no ocurre lo mismo con la ingeniería, cuya labor suele resultar más difusa. Por ello, es importante acercarla a los más jóvenes y mostrarla como una actividad atractiva, directamente vinculada a la mejora de la calidad de vida de la sociedad. En este sentido, resulta especialmente valioso que ingenieros jóvenes visiten los centros educativos y expliquen de forma cercana en qué consiste su trabajo. Asimismo, es necesario evitar que los niños perciban las Ciencias y, en particular, las Matemáticas, como disciplinas especialmente difíciles. Para ello, conviene abordarlas con metodologías diferentes a las tradicionales, que las presenten como algo accesible y comprensible. Esto requiere, a su vez, que los propios docentes de educación primaria se sientan cómodos con estas materias y capaces de transmitirlas con claridad. Sin embargo, diversos estudios indican que aproximadamente tres cuartas partes del profesorado de primaria en España proceden del bachillerato de humanidades, lo que puede dificultar la enseñanza de las Matemáticas en comparación con otras áreas. En esta línea, la Real Academia de Ingeniería ha impulsado un máster orientado a reforzar la formación en Ciencias y Tecnología del profesorado de primaria.

Las carreras tecnológicas siguen teniendo una presencia femenina inferior a la deseable. ¿Qué cree que aún falla?

No es sencillo establecer un diagnóstico completo, pero sí pueden identificarse diversos factores que influyen en esta situación. Por un lado, persiste la escasez de referentes femeninos en el ámbito de la ingeniería. Por otro, la percepción de dificultad asociada a las carreras STEM también desempeña un papel relevante. En muchos casos, las niñas y las jóvenes tienden a mostrarse menos seguras que sus compañeros y, ante las primeras dificultades en estas materias, llegan a considerar que no serán capaces de superarlas, lo que les lleva a descartar este tipo de estudios como opción profesional. A ello se suma que, en general, las mujeres se orientan en mayor medida hacia profesiones vinculadas directamente al cuidado y atención a las personas, como las del ámbito sanitario. En este contexto, todavía no hemos sido plenamente capaces de transmitir a la sociedad que la ingeniería tiene precisamente como objetivo dar respuesta a las necesidades colectivas y contribuir de manera decisiva a la mejora de la calidad de vida.

La inteligencia artificial está irrumpiendo con enorme fuerza en todos los ámbitos. Desde la perspectiva de la Real Academia de Ingeniería, ¿la IA debe verse más como una amenaza para determinados empleos o como una gran oportunidad?

La inteligencia artificial puede suponer una amenaza para determinados empleos muy concretos, que con el tiempo podrían resultar menos necesarios. Sin embargo, en términos generales, representa una gran oportunidad para la sociedad, debido al notable incremento de eficiencia que puede aportar a numerosas tareas, tanto simples como complejas. No obstante, es fundamental tener en cuenta los aspectos éticos asociados a su uso y asegurar una formación básica de toda la sociedad en este ámbito. Es imprescindible que las personas sepan utilizar estas herramientas, comprendan sus limitaciones y riesgos, y desarrollen la capacidad de analizar sus resultados con un espíritu crítico.

¿Cómo cree que cambiará el trabajo de los ingenieros en los próximos diez o quince años con la incorporación masiva de inteligencia artificial?

El trabajo requerirá cada vez menos habilidades de cálculo, ya que gran parte de esta tarea será asumida por la inteligencia artificial; sin embargo, seguirá siendo imprescindible un sólido dominio de los fundamentos. Los ingenieros harán un uso intensivo de la IA y orientarán su labor, en mayor medida, hacia el planteamiento de problemas complejos, la gestión de equipos, la innovación en la búsqueda de soluciones y el desarrollo de un espíritu crítico que les permita identificar las limitaciones del uso de estas herramientas en cada contexto. Todo ello exige una transformación profunda de los métodos de enseñanza y evaluación, asumiendo que los alumnos utilizarán la inteligencia artificial y deben aprender a hacerlo adecuadamente, al tiempo que se aprovechan las oportunidades que ofrece también para la mejora de la docencia.

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