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De Lagarto a Cacaolat, Schindler o Tata Hispano: cierres, traslados y despidos que han diezmado la industria aragonesa

El cierre de la histórica planta de jabón Lagarto en Zaragoza reabre el recuerdo de una larga lista de industrias que marcaron empleo, identidad y vida cotidiana en la comunidad, En muchos casos, las marcas sobrevivieron; lo que desapareció fue la fábrica aragonesa.

Cierres, traslados y fábricas reconvertidas en memoria industrial de Aragón

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Zaragoza

La pastilla de jabón Lagarto seguirá existiendo, pero dejará de fabricarse en Zaragoza. Euroquímica, propietaria de la marca, ha decidido cerrar la planta del polígono Malpica y concentrar toda su producción en Illescas (Toledo), una medida que afecta a algo más de 30 trabajadores y que pone fin a 55 años de actividad en la capital aragonesa. La fábrica abrió en 1971 y durante décadas fue uno de esos nombres que conectaba la industria aragonesa con la economía cotidiana, un producto presente en las casas, los comercios y la memoria de varias generaciones.

El anuncio de cierre de este icono de la limpieza del hogar invita recordar otros episodios similares. ¿Cuántas fábricas emblemáticas ha perdido Aragón en las últimas dos décadas? La respuesta dibuja un mapa de naves cerradas, marcas trasladadas, despidos colectivos, concursos de acreedores y comarcas golpeadas por decisiones tomadas muchas veces lejos del territorio. Algunas industrias cayeron por falta de pedidos; otras por la dependencia de un gran cliente. También las hay que cesaron su actividad por polémicos proceso de deslocalización a países de menor coste. Hilo común de todas estas desinversiones es que Aragón dejó de fabricar productos que durante años habían llevado incorporada una parte de su identidad industrial.

El amargo cierre de Mildred en Huesca

Uno de los precedentes más recordados es el de Mildred, en Huesca. La fábrica de bollería industrial cerró definitivamente en marzo de 2007, con casi 400 trabajadores afectados, y sus naves han vuelto a la actualidad casi veinte años después al salir a la venta. Era una de las grandes referencias fabriles de la capital altoaragonesa y su cierre se vivió como un mazazo económico y emocional.

La herida industrial oscense se agrandó poco después con Luna Equipos Industriales. En 2010, la empresa anunció el cierre definitivo de sus dos factorías, en Huesca y Almudévar, dejando en la calle a unos 200 trabajadores. La firma, dedicada a maquinaria de elevación, era considerada la principal industria metalúrgica de la ciudad y una de las más importantes de su sector en la provincia.

Aquel mismo periodo dejó otros cierres que supusieron un duro golpe para el tejido industrial. Pipelife Hispania, fabricante de tuberías plásticas, comunicó en 2010 el cese de su actividad industrial y comercial en la planta del polígono Malpica de Zaragoza, con 104 despidos, alegando inviabilidad económica por la caída del mercado y las pérdidas acumuladas. También Serviplem-Baryval, fabricante de hormigoneras y cisternas sobre camión, cesó su actividad en 2016 tras casi medio siglo de trayectoria, con 46 trabajadores afectados, después de años de dificultades y reestructuraciones.

Adíosí alos caramelos Solano en Tarazona

El cierre de Wrigley en Tarazona, en 2009, tuvo una carga simbólica especial porque afectaba a productos muy reconocibles para el gran público. Allí se fabricaban caramelos Solano y chicles Boomer y Hubba Bubba. La compañía anunció un ERE para 160 trabajadores y precisó que las marcas seguirían comercializándose en España, aunque la producción pasaría a otros centros del grupo. Es uno de los ejemplos más claros de una pauta repetida: la marca continúa, pero la fábrica aragonesa desaparece.

En el sector de la alimentación y las bebidas, otro nombre de gran tirón fue Cacaolat. En Utebo, el cierre de la antigua fábrica de leche Sali puso fin a más de 60 años de historia industrial. El grupo Cacaolat comunicó en 2013 al comité de empresa el cierre de la planta, en la que trabajaban 47 personas, y lo justificó por la necesidad de reducir costes y adaptar la producción a la demanda del mercado. La noticia cayó como un jarro de agua fría en una plantilla que llevaba más de dos años instalada en la incertidumbre. 

La marca de batidos había entrado en concurso de acreedores en 2011 y fue adquirida un año después por la alianza formada por Damm, Cobega y Victory Turnaround, que se comprometió a acometer inversiones en Utebo que finalmente no llegaron. La nueva propiedad decidió concentró la producción de Cacaolat en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) y baja la persiana de la fábrica aragonesa.

El fin de pañales Huggies en Calatayud

Ese mismo año, Kimberly-Clark cerró su planta de Calatayud, dedicada a la fabricación de pañales Huggies. La multinacional no encontró comprador para la factoría bilbilitana, que tenía 208 trabajadores en plantilla, y la producción se detuvo en torno a mediados de mayo de 2013. Para Calatayud fue un golpe severo: una marca internacional, un producto de consumo masivo y una fábrica que sostenía empleo industrial en una ciudad media.

También en 2013 se confirmó uno de los grandes golpes industriales de Zaragoza en la pasada década. La antigua Hispano Carrocera, dedicada a la fabricación de carrocerías de autobuses y autocares, había quedado bajo control de la multinacional india Tata Motors, que en 2009 se hizo con el 100% de la compañía. Cuatro años después, la dirección comunicó el cierre de la planta zaragozana, con casi 300 trabajadores afectados. La decisión desató una fuerte polémica laboral y política. El comité acusó a la multinacional de haber dejado morir la fábrica “por inanición” y de no haber dado a la planta el impulso necesario para hacerla viable. Aragón perdió una empresa histórica del sector carrocero y casi 300 empleos industriales en una factoría que durante décadas había formado parte del paisaje productivo de la ciudad.

Las auxiliares del automóvil han protagonizado otros importantes y sonados cierres, en ocasiones fruto de la deslocalización de la producción a países con mano de obra más barata. Ese fue el caso de Fujikura Automotive, antigua ACE, que anunció en 2016 la eliminación de más de 50 puestos de trabajo en Zaragoza con el cierre del almacén y la mayoría de departamentos de la planta. La desinverión del grupo japonés se sumó a los cierres de las fábricas de Alcañiz (2007), Zaragoza (2008) y Ejea de los Caballeros (2009), que dejaron en la calle a varios cientos de trabajadores.

El polémico cese de Schindler en Zaragoza

En 2020, el golpe llegó con un gigante mundial de la industria de los ascensores: Schindler. El grupo anunció un despido colectivo que afectaba a 119 empleados de Schindler Drive Systems, la unidad de producción de componentes para ascensores situada en el polígono Empresarium de Zaragoza. La empresa lo justificó por razones productivas, tecnológicas y organizativas, mientras el acuerdo posterior incluyó recolocaciones en Zaragoza, en otros centros de España y en Eslovaquia.

Huesca sufrió de nuevo en 2021 con Eurosca, firma especializada en ingeniería, fabricación e instalación de fachadas ligeras. La empresa presentó concurso de acreedores y echó el cierre, con unos 70 trabajadores afectados.

En el ámbito agroalimentario, Zufrisa, en Calatorao, representa otro tipo de pérdida, la de una industria vinculada al campo y a la transformación de fruta. La empresa, dedicada a zumos, cremogenados y concentrados, detuvo la fabricación en 2020 y trabajadores y agricultores se movilizaron contra el cese de actividad en la planta. 

La deslocalización de Airtex

La lista reciente ha vuelto a crecer con nombres ligados a la automoción. Airtex, fabricante de bombas de agua para automoción, pactó en 2023 un ERE de 91 despidos por el traslado de la producción a Rumanía. La fábrica zaragozana debía cerrar en 2024, pero el epílogo fue aún más amargo en 2025, cuando se comunicó un nuevo ERE para los últimos 11 trabajadores y el cierre definitivo de la planta.

En Pedrola, Bosal anunció en 2024 un ERE para la totalidad de su plantilla, 135 trabajadores, tras perder el contrato de Volkswagen, que suponía el 80% de su carga de trabajo. El caso resume otra vulnerabilidad frecuente en la industria auxiliar: la dependencia de un único cliente o de una carga de trabajo muy concentrada, capaz de decidir el futuro de una fábrica entera.

Y en 2025 llegó el anuncio de Keter Ibérica, antigua Rodex, una fábrica especialmente cargada de memoria industrial. La planta zaragozana, vinculada históricamente a Manufacturas Rodex y al legado de Manuel Jalón, inventor de la fregona moderna, comunicó su intención de dejar de fabricar y mantener las instalaciones como almacén logístico. El plan inicial afectaba a alrededor de un centenar de trabajadores. De nuevo, una nave deja de ser productiva y queda reducida a función logística.

No todos los cierres han tenido cientos de empleos, pero algunos poseen una fuerte carga territorial. En Jaraba, Fontecabras cerró en 2026 su planta de embotellado de agua después de que el ERTE derivado de los daños de la DANA de 2024 se convirtiera en definitivo. Una veintena de trabajadores fueron despedidos y la localidad perdió una embotelladora histórica, en un municipio cuya identidad económica y turística está ligada al agua. El precedente de Fontjaraba, ya en concurso y liquidación años atrás, ayuda a entender la pérdida de peso de un pequeño polo aragonés del agua mineral.

El textil también ha dejado nombres propios. Confecciones Teruel, vinculada a Induyco y El Corte Inglés, cerró su actividad productiva en 2016, después de haber llegado a emplear a cientos de personas desde su instalación en 1975. En 2024 bajó la persiana también el outlet que quedaba como último vestigio de aquella presencia industrial, lo que cerró medio siglo de historia laboral y comercial en la capital turolense. En Zaragoza, Cardenal Internacional/Cardinter reclamaba en 2014 un “cierre digno” en plena crisis concursal, mientras sus trabajadores protestaban por impagos de nóminas.

La cronología no es homogénea. Algunos cierres son deslocalizaciones puras; otros responden a quiebras empresariales, caídas de mercado, falta de pedidos, daños materiales o decisiones estratégicas de grandes grupos. Tampoco todos tienen la misma dimensión, pero juntos forman una secuencia que ha dejado tras de sí movilizaciones despidos y secuelas. Primero llega el anuncio, después la negociación del ERE, luego el silencio de las máquinas y, al final, la nave vacía o reconvertida.

Lagarto no es, por tanto, un caso aislado. Es el último nombre de una lista que mezcla productos y fábricas de sector muy dispares. Algunas marcas y empresa continúan en el mercado. Otras sobrevivieron en manos de nuevos propietarios, pero Aragón ha dejado de ser su lugar de fabricación y forman buena parte de la memoria industrial perdida.

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