Alberto Gago, el aragonés que está al frente de la Agencia Española de Supervisión de IA: "El bulo de que Europa solo regula es falso"
El organismo, perteneciente al Ministerio de Transformación Digital y con sede en A Coruña, busca anticiparse al reglamento europeo y preparar a la sociedad y empresas para la convivencia con la inteligencia artificial

Alberto Gago, director general de la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial (AESIA). / Jaime Galindo. / EPA
El zaragozano Alberto Gago dirige uno de los organismos más novedosos y estratégicos creados por el Gobierno central en plena revolución tecnológica. Se trata de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA).
Criado entre el barrio de Las Delicias y el colegio del Salvador (Jesuitas), estudió en Traducción e Interpretación en Barcelona y con una larga trayectoria en la Comisión Europea y en el Ministerio de Transformación Digital, vive actualmente en La Coruña, ciudad elegida como sede de la agencia. Gago participó recientemente en las V Jornadas Aragonesas de Protección de Datos, organizadas por la Asociación Aragón Privacidad, donde defendió el modelo europeo de inteligencia artificial basado en la innovación “con garantías” y reivindicó el papel emergente de Aragón como polo tecnológico.
¿Está preparada la sociedad española para convivir con la inteligencia artificial?
Está demostrado que sí. España es el séptimo país del mundo en efervescencia de inteligencia artificial según el AI Index de Stanford y el sexto en uso de IA generativa según Microsoft. Además, estamos por encima de la media europea en integración de IA en empresas. También vemos cómo los ciudadanos utilizan cada vez más servicios públicos digitales. Todo esto demuestra que la sociedad está adaptándose muy rápido a esta tecnología.
Pero también existe preocupación por los riesgos.
Claro que existen riesgos, pero la cuestión no es centrarse solo en ellos, sino en cómo mitigarlos y aprovechar los beneficios de esta tecnología. Ahí entra el reglamento europeo de inteligencia artificial, que prohíbe usos que puedan afectar a la seguridad, la salud o los derechos fundamentales.
¿Qué tipo de usos?
Por ejemplo, el social scoring que existe en China, donde se puntúa a los ciudadanos según su comportamiento, está prohibido en Europa. También se regulan sistemas de alto riesgo, como los que pueden influir en la concesión de hipotecas, procesos de selección laboral o acceso a servicios esenciales, para evitar discriminaciones o sesgos.
¿Por qué se creó la AESIA?
España se anticipó incluso al reglamento europeo. Cuando vimos todo lo que venía pensamos que hacía falta un organismo específico que no solo supervisara la aplicación de la norma, sino que ayudara a preparar a la sociedad y a las empresas para convivir con esta tecnología.
¿Cuáles son los principales proyectos de la agencia?
Uno de los más importantes es el sandbox regulatorio, que ayuda a las empresas a traducir el reglamento a cuestiones prácticas: cómo evitar sesgos, cómo garantizar la ciberseguridad o cómo gobernar correctamente los datos. También hemos creado un laboratorio de inteligencia artificial para analizar grandes retos sociales como la desinformación, la brecha de género, el impacto laboral o la protección de menores.
¿Europa va por detrás de Estados Unidos y China en inteligencia artificial?
Hay un bulo muy extendido que dice que Europa regula, Estados Unidos innova y China copia, y eso es falso. China regula incluso más estrictamente en algunos aspectos y produce más patentes de IA que Estados Unidos. Y Europa también innova. Tenemos empresas punteras y además hemos decidido anticiparnos con una regulación común para 500 millones de personas.
Pero las plataformas más populares están en manos estadounidenses o chinas.
Sí, aunque también hay empresas europeas muy relevantes como Mistral o Aleph Alpha. Y además Europa está invirtiendo muchísimo en infraestructura digital y supercomputación para facilitar que empresas y pymes puedan competir en esta carrera tecnológica.
¿La IA destruirá empleo?
Creo que lo que va a hacer es redefinir muchos trabajos. Vamos a pasar de tareas repetitivas a tareas más creativas y estratégicas. Y, sobre todo, siempre tiene que existir supervisión humana cuando las decisiones afecten a derechos fundamentales o a la vida de las personas.
Aragón está viviendo una ola de inversiones tecnológicas y de centros de datos. ¿Qué oportunidad representa eso?
Es una oportunidad increíble. Aragón ha sabido reinventarse y posicionarse como uno de los polos tecnológicos de España. Los centros de datos, las inversiones industriales o proyectos como Diamond Foundry pueden atraer talento y permitir que muchos jóvenes aragoneses desarrollen aquí carreras tecnológicas de primer nivel sin tener que marcharse fuera.
Como zaragozano, ¿cómo vive esa transformación?
Con mucho orgullo. Aragón siempre había sido una tierra muy vinculada a la logística, la automoción o la agricultura, pero ahora está demostrando que también puede liderar la transformación digital y tecnológica. Y además lo está haciendo atrayendo inversiones estratégicas y generando empleo de alto valor añadido. A mí me gusta ver que amigos de toda la vida pueden encontrar aquí oportunidades profesionales de primer nivel sin tener que irse fuera. Creo que Aragón está sabiendo aprovechar muy bien este momento y posicionarse como un territorio competitivo en tecnología e innovación.
¿Le preocupa que la inteligencia artificial genere más desigualdad entre territorios?
No necesariamente. Bien utilizada, la IA puede ser una gran herramienta de cohesión territorial y social. Hemos visto proyectos muy interesantes impulsados desde distintas comunidades autónomas y programas que ayudan a pequeñas empresas a incorporar tecnología.
¿Qué le diría a quienes ven la inteligencia artificial más como una amenaza que como una oportunidad?
Que hay que verla con ilusión. La IA puede ayudarnos a diagnosticar enfermedades, a ser más sostenibles o a generar empleos de más calidad. Tenemos que aprovechar sus beneficios sin perder de vista los riesgos.
Algunos expertos alertan de que grandes tecnológicas pueden estar priorizando la rentabilidad frente a la ética.
Eso es una evidencia y precisamente por eso Europa ha decidido poner los derechos por delante del beneficio económico. No queremos un salvaje oeste tecnológico. Queremos innovación, pero con garantías y con protección para los ciudadanos.
¿Y usted utiliza la inteligencia artificial en su día a día?
Claro que la utilizo, pero siempre como una herramienta de apoyo. Verifico la información, contrasto fuentes y mantengo el pensamiento crítico. La IA puede ayudarte muchísimo, pero las decisiones finales tienen que seguir siendo humanas.
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