De Irlanda y Alemania a Aragón: dos historias del talento español que vuelve con los centros de datos de Amazon
Daniel Figueras y Andrea Folgueral representan una nueva generación de profesionales que desarrollaron su carrera en el extranjero y han encontrado en el despliegue de AWS en la comunidad una oportunidad para volver a casa

Jaime Galindo
La decisión no fue sencilla. A sus 26 años, Daniel Figueras tenía un empleo estable en Dublín, trabajaba en una de las mayores compañías tecnológicas del mundo, hablaba inglés a diario y disfrutaba de una trayectoria profesional ascendente. Sin embargo, después de cuatro años en Irlanda, empezó a hacerse una pregunta cada vez más frecuente: “¿Quiero quedarme aquí para siempre o quiero volver?”
La respuesta acabó llevándole a Aragón. Hoy dirige un equipo de instalación de servidores en uno de los centros de datos que Amazon Web Services (AWS) opera en El Burgo de Ebro. Su historia, como la de Andrea Folgueral, una enfermera de Ponferrada (León) reconvertida en especialista de operaciones de centros de datos, ilustra una de las consecuencias menos visibles del desembarco de las grandes infraestructuras tecnológicas en Aragón como es la capacidad de atraer y recuperar talento español que había desarrollado su carrera en otros países europeos.
Entre Tarragona y Castellote
Nacido en Barcelona y criado en Cunit (Tarragona), Figueras creció entre la costa catalana y Castellote, el pueblo turolense de su padre, donde pasaba veranos y fiestas junto a familiares y amigos.
Tras completar sus estudios de informática, primero un grado medio y después un grado superior, comprobó que las oportunidades laborales que encontraba en su entorno tenían un techo muy marcado para quien no dominaba el inglés. Con apenas 21 años tomó una decisión habitual en toda una generación de jóvenes españoles: hacer las maletas. Su destino fue Cork, en el sur de Irlanda.
Lo que inicialmente iba a ser una estancia para mejorar el idioma acabó convirtiéndose en un proyecto de vida. Trabajó en hostelería, atravesó los meses de incertidumbre de la pandemia y posteriormente se trasladó a Dublín, donde logró incorporarse a Amazon Web Services. Fue allí donde descubrió el mundo de los centros de datos.
“Cuando estudias informática nadie te explica que puedes acabar trabajando en un centro de datos. Era un sector mucho menos conocido que ahora”, recuerda. Durante dos años participó en la instalación y configuración de servidores dentro de uno de los mayores clústeres tecnológicos de Europa. Una experiencia que le permitió comprender la dimensión de unas infraestructuras que sustentan buena parte de los servicios digitales que utilizan millones de personas cada día.
"Cuando estudias informática nadie te explica que puedes acabar trabajando en un centro de datos"
Pero mientras crecía profesionalmente, la distancia empezaba a pesar. La familia seguía en España. Sus amigos comenzaban a formar sus propias familias. Y, además, en Irlanda había conocido a una zaragozana que terminaría convirtiéndose en su pareja. Cuando AWS comenzó a desplegar sus centros de datos en Aragón, Figueras vio aparecer una oportunidad inesperada.
“Era una decisión complicada porque allí tenía un buen sueldo, experiencia internacional y proyección profesional. Pero también valoré la cercanía con la familia y una estabilidad personal diferente”, explica. En mayo de 2024 regresó definitivamente.
De enfermera a especialista tecnológica
La historia de Andrea Folgueral es distinta, aunque comparte algunos puntos de encuentro. Natural de Ponferrada, estudió Enfermería en el campus berciano de la Universidad de León. Desde que era estudiante tenía claro que quería vivir una experiencia internacional y perfeccionar el inglés antes de iniciar plenamente su carrera sanitaria.
Se marchó a Dublín como au pair. El plan era quedarse un año. Acabó viviendo casi cuatro. Después trabajó como enfermera en Irlanda y más tarde se trasladó a Alemania junto a su pareja, un ingeniero serbio. Allí aspiraba a continuar su carrera sanitaria, pero la homologación profesional exigía un nivel de alemán que todavía no había alcanzado.
Mientras estudiaba el idioma y trabajaba como auxiliar de enfermería, recibió un mensaje inesperado a través de LinkedIn. Amazon Web Services buscaba candidatos para un programa de formación dirigido precisamente a personas sin experiencia previa en tecnología.
“Yo no sabía prácticamente nada de centros de datos. Ni siquiera era un sector que me llamara especialmente la atención”, admite. Aceptó el reto. Entró en un centro de datos de Fráncfort en 2022 y comenzó un proceso de formación acelerada mientras trabajaba. Aprendió a operar servidores, sustituir componentes electrónicos, resolver incidencias de hardware y mantener infraestructuras críticas en funcionamiento permanente. Tres meses después obtuvo un contrato indefinido. Lo que empezó como una oportunidad temporal acabó transformándose en una nueva carrera profesional.
Una puerta para volver
Dos años más tarde volvió a producirse un giro inesperado. AWS necesitaba profesionales para reforzar el crecimiento de sus instalaciones en Aragón y una responsable de la compañía le planteó la posibilidad de trasladarse a España. La propuesta llegó en el momento adecuado. Después de años viendo a su familia apenas una vez al año y con el deseo compartido de regresar algún día, Folgueral apenas tardó unos días en decidirse. En mayo de 2024 se instaló en Huesca.
"Lo que buscan muchas veces son personas con capacidad de aprender"
“Lo que más valoro es la tranquilidad”, afirma. Desde allí trabaja en el centro de datos de Walqa, donde actualmente lidera un equipo y se prepara para asumir responsabilidades de gestión.
Un sector nuevo que empieza a crear perfiles propios
Las trayectorias de Figueras y Folgueral reflejan también la evolución de una actividad prácticamente desconocida para la mayoría de los jóvenes españoles hace apenas una década. Mientras que los grandes centros europeos de Dublín o Fráncfort acumulan más de veinte años de experiencia, los complejos aragoneses todavía se encuentran en una fase de expansión acelerada. Ese crecimiento está creando una demanda de perfiles que hace pocos años apenas existían en España como técnicos de operaciones, especialistas en infraestructura digital, responsables de despliegue de servidores o gestores de equipos vinculados al funcionamiento de los centros de datos. En el caso de Andrea, incluso ha permitido la incorporación de profesionales procedentes de sectores completamente ajenos a la tecnología. “Lo que buscan muchas veces son personas con capacidad de aprender”, explica.
Para ambos, la principal diferencia entre los gigantescos centros europeos y los complejos aragoneses no es tecnológica, sino humana. Cuando Figueras llegó desde Dublín le sorprendió encontrar un entorno donde prácticamente todos se conocían “Era mucho más parecido a una familia”, recuerda.
Volver a casa
Aunque uno procede de Tarragona y el otro del Bierzo, ambos coinciden en la sensación de haber recuperado una forma de vida que echaban de menos. Los vermús de los domingos, los almuerzos con amigos, las escapadas al Pirineo, la cercanía de la familia o simplemente la posibilidad de hablar diariamente en su idioma forman parte de una normalidad que durante años quedó suspendida por la distancia. También han descubierto un Aragón que apenas conocían y donde dicen vivir a gusto.
Figueras vive en el Actur y mantiene el vínculo con Castellote, el pueblo turolense de sus raíces familiares. Folgueral ha encontrado en Huesca una ciudad tranquila y una puerta de entrada a la montaña que tanto le gusta. Sus historias ilustran una de las consecuencias menos visibles de la transformación tecnológica que vive Aragón, el regreso de profesionales que años atrás tuvieron que marcharse al extranjero para desarrollar sus carreras y que ahora encuentran motivo para regresar.
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