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La IA entra en la preparación de la PAU en Aragón: gana peso en Bachillerato, pero los alumnos siguen "confiando" en el material de clase

Los profesores constatan el uso de nuevas herramientas digitales durante el curso de preparación de la prueba de acceso a la universidad, a la que se enfrentan esta semana más de 7.000 estudiantes de Aragón

Imagen de archivo de alumnos estudiando en la biblioteca Aragón, en Zaragoza.

Imagen de archivo de alumnos estudiando en la biblioteca Aragón, en Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

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Zaragoza

La preparación empieza en septiembre. Incluso el curso anterior, dicen algunos docentes. Más de 7.000 alumnos de Aragón se enfrentan esta semana a la Prueba de Acceso a la Universidad, antes Selectividad, tras meses de estudio. «Aunque la teoría dice que 2º de Bachillerato es independiente a la PAU, en la práctica todos los profesores tenemos muy claro desde que comienza el curso cómo va a ser el modelo y los preparamos para ese examen. Usamos los mismos formatos, pedimos el mismo desarrollo...», afirma Tono, que lleva 35 años dando clase en este curso, ahora en el IES Virgen del Pilar de Zaragoza. El método es similar al de sus comienzos, con la diferencia de que ahora, con la generación Z, entran en juego nuevas herramientas digitales.

Tono, que también lleva 35 años ejerciendo como vocal de centro en la PAU (responsable de su instituto de acompañar a los alumnos a la prueba), explica que la mayor parte de los alumnos de 2º de Bachillerato se preparan con el material que los profesores les entregan en clase, que desde hace ya varios cursos es mayoritariamente digital. «Luego es cierto que, durante el curso, para contestar a las prácticas o hacer trabajos usan ChatGPT, que es una fuente de información como cualquier otra, como lo era en su momento una enciclopedia», defiende.

El profesor del Virgen del Pilar defiende el buen uso de la Inteligencia Artificial (IA) porque considera que «buscar información en ChatGPT es necesario porque es una nueva fuente». El foco lo pone en cómo se emplee. «Lo que no es de recibo es que simplemente se copie y pegue. Hay que contrastar con lo que se ha visto en clase, ajustar a lo que se te va a pedir...», señala.

Reconoce que durante el curso hay alumnos que recurren al «copia y pega por comodidad o agobio», pero recuerda que luego deben defender sus trabajos de forma oral y a través de exámenes. «Fusilamientos de información ha habido siempre», recuerda.

Por eso, Tono considera que el uso de la IA durante el curso no va a «afectar» a los alumnos en la PAU. «Durante todo el curso han visto el modelo, y se han tenido que ir enfrentando a exámenes que son cero distintos a lo que van a tener que hacer la próxima semana», señala.

Su visión dista de la de María, otra docente de 2º de Bachillerato de Zaragoza que no tiene tan claro que el mal uso de la IA no se vaya a ver reflejado en la PAU. Sobre todo en la redacción. «Van a tener que estar concentrados mucho tiempo», expone.

María cuenta que su alumnado recurre a la IA para «no para buscar información, sino cuando están apurados para entregar un trabajo». «En realidad piden la realización de tareas», explica. Ahora bien, para los apuntes y preparación de la PAU «siguen confiando en lo que se da en clase», dice.

Tanto Tono como María han informado a los alumnos de 2º de Bachillerato de que la Universidad de Zaragoza instalará detectores de frecuencia para identificar usos de la IA en la PAU para posibles plagios o fraudes. Entre sus alumnos no han notado nervios ni tensión, más bien alivio de saber que la prueba se desarrollará de forma justa. «La mayoría de alumnos no copian durante el curso», asegura la profesora de Lengua Castellana y Literatura.

Asignaturas específicas

Además de la aparición de nuevas herramientas digitales, Tono percibe otro cambio entre los alumnos que ahora se presentan a la PAU y los que lo hicieron hace una década: que ahora preparan con más énfasis la fase general (obligatoria), que cuenta con cuatro asignaturas, que la específica.

«Se nota que a la específica van mucho menos preparados porque desde hace muchos años hay más asignaturas de general que luego les ponderan para la específica», explica. Es decir, que cada vez hay más grados en los que las materias que no son obligatorias cuentan para ambas fases, por lo que no siempre necesitan presentarse a las específicas.

Tono lo aclara: «Por ejemplo, Filosofía, que es de la general, pondera también en la específica para carreras como Derecho». Ello hace que los alumnos pongan el foco en las cuatro materias de la obligatoria para examinarse de menos asignaturas y hacerlo mejor. El poder hacerlo o no depende del grado.

Otra de las diferencias es que la PAU a la que se enfrentan las generaciones de ahora es más competencial y menos teórica que la de hace años, lo que María considera «perfecto». «La memoria se necesita, y tienen que estudiar, pero estudiar por estudiar... Lo que tienen que hacer es memorizar para luego poder relacionar con un texto, saber entender», defiende. La profesora cuenta que cada vez más se evalúa que «sepan aplicar la teoría y no soltarla como loritos».

A pesar de esta novedad, ambos docentes consideran que no hay grandes diferencias entre el alumnado de 2º de Bachillerato de ahora y el de hace una década. «Lo que van cambiando son las circunstancias», apunta Tono.

«Todos sabemos que, si el alumno ha superado el curso, aprueba la PAU porque los contenidos son los mismos. Lo que sí que cambia es el nivel de exigencia para entrar en los grados. Ahí es donde más se ha notado la diferencia, en esa presión», indica el profesor. Tono cuenta que ahora hay alumnos que «no pueden fallar prácticamente nada, tienen que tener un Bachillerato perfecto y una PAU perfecta para entrar en según qué grados», algo que antes no eran tan común. «Es donde más se ha notado esa diferencia, en esa presión que puede haber para determinadas carreras. Hace 15 años no hacía falta tener un 13 para entrar en Medicina, y hace muchos años uno pasaba la Selectividad y ya está», expone.

El docente recuerda que «tener que rozar la perfección es complicado y es una presión para los alumnos, para las familias y para los profesores». De ahí que la preparación empiece en septiembre e incluso en 1º de Bachillerato.

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