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ANIVERSARIO TRASPLANTE RENAL

Belén Botaya, una de las primeras trasplantadas de riñón en Aragón: "Sientes miedo y respeto, no solo a la operación, sino también a lo posterior”

El Miguel Servet celebra el 40 aniversario del programa de trasplante renal, en el que participó esta zaragozana cuando solo tenía 17 años. Recuerda la "esperanza e ilusión" que sintió en 1986 al recibir un nuevo órgano, una sensación que volvió a vivir en 2013

Imagen de archivo de los primeros trasplantes renales en Aragón.

Imagen de archivo de los primeros trasplantes renales en Aragón. / Hospital Miguel Servet

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Zaragoza

Belén Botaya (Zaragoza, 1969) recuerda el antes y el después. No tanto el durante. El 5 de octubre de 1986, cuando tenía 17 años, le hicieron su primer trasplante renal en el hospital Miguel Servet de Zaragoza. Fue la sexta persona en recibir un riñón en Aragón gracias al programa de trasplantes renal que ahora celebra su cuarenta aniversario. "Éramos seis o siete y, como digo yo, nos llevaban en palmicas, estaban todo el rato pendientes de nosotros", recuerda. Está muy agradecida a todo el equipo profesional que la acompañó en la intervención, que según le comentaron familiares podría haber durado en torno a 7 horas, y también después, en la fase de aislamiento. "Han sido médicos al cien por cien, pero han sido también muy humanos, muy cercanos, cada vez que me ha pasado algo los he tenido ahí", destaca.

Cuenta Belén que empezó a tener problemas de salud "muy jovencita" y poco después de que su hermano, que también padecía dificultades renales, falleciera. Ella comenzó entonces con la diálisis, un tratamiento médico que reemplaza la función de los riñones cuando estos fallan eliminando los residuos de la sangre. A los 15 años tuvo que dejar de estudiar en el colegio y, aunque trató de continuar estudiando "de forma privada", le resultó complejo porque esta terapia "te deja casi sin poder hacer nada", asegura. "En ese momento no tenía nada que ver a cómo son ahora. Las medicaciones no eran las mismas y no odias perder ni una gota de sangre", explica.

Belén estaba en plena adolescencia. Tenía 15 años y mucha "esperanza e ilusión" en recibir un trasplante para "empezar una nueva vida". Dos años después fue una de las personas a las que llamaron porque había un riñón que podía ser compatible con ella. "Es una esperanza que no se puede ni imaginar, porque ves el futuro y la luz y dices ¡dios mío, no voy a tener que seguir yendo al hospital ni estar pendiente de una máquina! Pero, a la vez, no quieres hacerte ilusiones porque llaman a tres personas y hay dos riñones", comparte.

Su suerte estuvo en que aquel octubre de 1986, y como también le sucedería en 2013, cuando tuvieron que volverle a trasplantar, ella fue una de las afortunadas. "Lo afrontas con miedo, sobre todo la primera vez porque no sabes lo que te van a hacer ni las horas que estarás, y entonces tampoco teníamos toda la información que se tiene ahora", explica. Belén recuerda que sentía "miedo y también respeto, y no solo a la operación, sino también a lo posterior, porque luego se pasa una temporada con inmunosupresión", que es un tratamiento que combina varios medicamentos para evitar el rechazo al órgano trasplantado.

A ello suma el periodo de aislamiento. "Estás quince días, que para mí fueron veinte porque cogí un catarro, en lo que llamábamos la pecera, una sala específica a la que no puede entrar nadie", expone. Es el periodo de aislamiento, que se hacía hace cuarenta años y también ahora. "La primera vez no podían ni traerme un libro. Cualquier cosa te asusta muchísimo, pero médicos y enfermeras dan mucha tranquilidad", dice.

Además de en el hospital, vivió otro mes de aislamiento en su casa, medidas que todavía ahora se mantienen porque los inmunosupresores que toman los pacientes para evitar el rechazo al nuevo órgano debilitan al máximo sus defensas y los dejan vulnerables, pero pasado ese tiempo, Belén cambió su vida. "Solo pensaba en disfrutar y agradecer lo que había recibido. A mi donante no le podía dar las gracias porque no se sabe quien es, pero tenía que hacerlo de alguna manera, y esa manera fue vivir la vida todo lo que he podido", comparte.

"Solo pensaba en disfrutar y agradecer lo que había recibido"

Belén Botaya

— Una de las primeras trasplantadas de riñón en Aragón

Lo primero que hizo fue continuar con sus estudios. Cursó un grado de Formación Profesional de Administrativo y empezó a trabajar. Estuvo inmersa en el mundo laboral desde 1986 hasta 2011, se casó y tuvo dos hijos, que define como "uno de sus mayores logros". El "nuevo" riñón duró en Belén 25 años. "El trasplante tiene su vida. Yo me echaba las manos a la cabeza porque decía, ya llevo diez años... Cuando llevaba tanto tiempo sabía que ya tarde o temprano…”, cuenta.

Segundo trasplante

Belén indica que "las medicaciones son muy duras, las del trasplante también, y hay que seguirlas a rajatabla, hay que cuidarse y tienes una responsabilidad muy grande porque te han dado un riñón". "Me he cuidado al cien por cien, pero también llegan otras historias a nivel de salud, y eso que yo he tenido mucha suerte al haber topado con profesionales muy buenos que me han ayudado mucho, pero tuve una recaída. Fue una suma de cosas, nunca me han dicho si fue por esto o ya porque se acabó la vida del trasplante, pero que aguantara 25 años es un logro", relata.

El 16 de agosto de 2013 volvieron a trasplantar a Belén. "También fue muy bien. Esta segunda vez lo viví de otra manera. No fue tan duro, pero el aislamiento fue el mismo, también en casa", señala. El periodo de "confinamiento" es para ella una de las cosas más "difíciles y complicadas del proceso". Pero está plenamente agradecida de lo vivido y de haber podido dejar atrás la diálisis, que describe como "muy dura". "Te deja físicamente fatal, y no es solo tener que ir al hospital tres veces a la semana, sino que no te encuentras bien", detalla.

Por eso, incide en que estará agradecida "toda la vida tanto a los donantes como a los médicos, que han sido excepcionales". Belén comparte que ahora tiene una vida "normalizada". "Sin exagerar, porque hay limitaciones y te cansas por el tema inmunológico. No llega a ser normal del todo, pero te adaptas a esas limitaciones y haces lo que puedes hacer", expresa. Y eso que ella puede hacer es vivir "al cien por cien", intentar ser positiva y aceptar la situación. "Ahora me dedico a hacer cosas que me apetecen", comparte 40 años después de su primer trasplante de riñón. Todo ello también forma pare del después.

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